La
justicia española emitió hoy órdenes de detención internacional
contra siete exjefes de la extinta Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA) chilena, por su presunta participación en el
secuestro y asesinato de un diplomático de este país en 1976.
El juez de la Audiencia Nacional (AN) de España Pablo Ruz dispuso
este martes la búsqueda, detención e ingreso en prisión de esos
represores de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990),
implicados en la muerte del diplomático español Carmelo Soria.
En su auto, el magistrado acusa de genocidio, entre otros cargos,
al exdirector delegado de la DINA, Juan Guillermo Manuel Contreras
Sepúlveda, y al entonces jefe de la brigada Mulchen, el capitán
Guillermo Humberto Salinas Torres.
Además, Ruz procesó a Jaime Lepe Orellana, Pablo Belmar Labbe,
Patricio Quilhot Palma, José Remigio Ríos Sanmartín y Michael Vernon
Townley, librándose las oportunas órdenes internacionales de
detención para su ulterior extradición a España.
Townley, estadounidense vinculado también con la temida policía
secreta del régimen militar de Pinochet, pasó cinco años en prisión
por su complicidad en el crimen del exembajador chileno Orlando
Letelier y su asistente, perpetrado en Washington en 1976.
A los siete procesados se les imputan los delitos de genocidio,
asesinato y detención ilegal, de acuerdo con el sumario del juez de
la AN, difundido por diversos medios periodísticos nacionales.
El magistrado entiende que puede existir un delito de genocidio,
porque el asesinato de Soria fue perpetrado dentro del proceso de
represión sistemática y eliminación de opositores al régimen militar
emprendido por Pinochet.
De esta forma atendió al pedido realizado en mayo último por el
fiscal de la Audiencia Nacional Carlos Bautista, quien estimó que la
jurisdicción española es la competente para investigar estas
violaciones porque su persecución en Chile no ha sido efectiva.
Ruz coincide en subrayar que no ha existido una investigación y
persecución realmente efectiva de los hechos, y explica que el
proceso fue cerrado en aquel país por una amnistía que no respondía
al consenso total de las fuerzas políticas en un período
constituyente.
Una amnistía que, remarca, supone un obstáculo que hace imposible
la persecución eficaz del delito en el lugar de los hechos.
Según el juez, Contreras Sepúlveda, como jefe de la DINA, entidad
que sólo obedecía y respondía ante la Junta Militar de Gobierno y,
más tarde, exclusivamente ante el fallecido Pinochet, fue quien
ordenó a Salinas Torres el secuestro y asesinato de Soria.
El diplomático, que trabajaba para Naciones Unidas en la Comisión
Económica para América Latina, fue raptado el 14 de julio de 1976,
cuando se dirigía a su residencia en Santiago de Chile.
Datos transmitidos por la fiscalía y recogidos por Ruz sostienen
que fue torturado (maniatado y con la cara vendada) durante varias
horas por los agentes de la DINA que después acabaron con su vida
(...) mediante estrangulamiento.