En su carta de despedida al compañero Fidel Castro, el Comandante
Ernesto Che Guevara afirma:
"... Sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en
los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces
brilló más alto un estadista que en esos días. Me enorgullezco
también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu
manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios".
Los peligros y los principios continúan siendo, a la distancia de
casi tres decenios y serán siempre, palabras clave en una síntesis
exacta de aquella prueba.
Más de la mitad de la población cubana no estaba nacida en los
días cruciales comprendidos en la semana del 22 al 28 de octubre de
1962. En el testimonio de sus predecesores, en las aulas, los textos
de historia y en algunas obras artísticas, los jóvenes de hoy han
conocido las circunstancias y el desenlace de la crisis que colocó a
la humanidad, como nunca antes ni después hasta nuestros días, más
allá del umbral de una conflagración nuclear.
Pero incluso para la mayoría de los que vivieron los
acontecimientos, en la Unión Soviética, en los Estados Unidos y en
Cuba también constituyen revelaciones los mensajes que entre el 26 y
el 31 de octubre de 1962, intercambiaron el entonces Primer Ministro
de la URSS Nikita S. Jruschov y el líder de la Revolución Cubana,
nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, textos hasta ahora
inéditos.
¿Por qué publicarlos precisamente ahora?
En manos del Gobierno de Cuba obran numerosos documentos, pruebas
materiales y testimonios que pueden arrojar luz definitiva sobre el
origen, desarrollo y desenlace de la crisis. Además, aún viven los
principales dirigentes políticos y militares que condujeron los
destinos de nuestro pueblo en aquel periodo crucial.
Durante los veintiocho años transcurridos en diversas ocasiones
se ha intentado por parte de periodistas, estudiosos e incluso
dirigentes políticos vinculados a los hechos teorizar sobre las
experiencias de la crisis, desentrañar las facetas más
controvertidas y los procesos que condujeron a las decisiones
fundamentales sin consultar siquiera la opinión de Cuba.
La actitud del Gobierno de Cuba ha sido paciente y cautelosa; en
ningún momento nos hemos apresurado a rebatir ni aun las
especulaciones que se han formulado en torno a la posición cubana en
aquellos acontecimientos.
Entre los documentos en nuestro poder que, lógicamente, también
se conservan en los archivos de la URSS, se encuentran estas cinco
misivas que ahora se publican. Realmente no se correspondía con
nuestras intenciones divulgarlas en este momento de manera que no se
nos atribuyera el ánimo de forzar un debate y pensábamos que
podíamos aguardar por un consenso de las tres partes concernidas que
abrieran sus respectivos archivos secretos para revelar al mundo
todo lo relativo a la crisis. Desde luego, siempre reservándonos el
derecho a cualquier iniciativa en este sentido.
En lo que a Cuba respecta, no tenemos nada que ocultar y no
tememos a que resplandezca la verdad histórica.
La intención de dar a la publicidad estos cinco mensajes
íntegramente fue anticipada en el discurso pronunciado por el
compañero Fidel Castro en el acto central por el XXX Aniversario de
los Comités de Defensa de la Revolución el pasado 28 de septiembre.
En ese discurso el compañero Fidel alude a unas notas
autobiográficas de Jruschov cuya transcripción forma parte o aparece
en la tercera parte de sus memorias y en las cuales este afirma que
el compañero Fidel le aconsejó en el momento más crítico que la URSS
lanzara un ataque coheteril nuclear de carácter preventivo contra
Estados Unidos. Esta versión fue difundida a finales de septiembre
pasado por la revista norteamericana Time que publicó como
primicias fragmentos de las citadas memorias.
Es en estas circunstancias que se toma la decisión, a la que se
refiere el compañero Fidel en su discurso de publicar estos
documentos y se dieron los pasos para hacerlo coincidir con la
aparición en Estados Unidos y en Europa de una edición de las
memorias tituladas "Jruschov recuerda: las cintas de la Glasnost".
Es así, que en el día de hoy las cinco cartas han sido publicadas
también en Europa. Esta decisión se hacía ineludible porque al
resumir el contenido de las cintas magnetofónicas la mencionada
revista señaló que entre otras cuestiones el autor se refiere a "la
temeridad apocalíptica de Fidel Castro durante la crisis cubana de
los misiles de 1962".
Se atribuye a Jruschov haber dicho lo siguiente:
"Entonces recibimos un telegrama de nuestra embajada en Cuba.
Decía que Castro aseguraba tener información fidedigna de que los
norteamericanos se estaban preparando para atacar a Cuba dentro de
unas pocas horas. Nuestros propios órganos de inteligencia nos
informaron que probablemente la invasión fuera inevitable, a no ser
que llegáramos a un rápido acuerdo con el Presidente".
Después agrega:
"Castro sugirió que, con el fin de evitar que nuestros misiles
nucleares fueran destruidos, debíamos lanzar un golpe preventivo
contra Estados Unidos. Mis camaradas dirigentes y yo nos dimos
cuenta de que nuestro amigo Fidel no había entendido nuestro
propósito. Habíamos instalado los misiles, no con el propósito de
atacar a los Estados Unidos, sino para evitar que Estados Unidos
atacara a Cuba".
A nadie puede escapársele que la divulgación de la afirmación que
se atribuye a Jruschov sirve al avieso propósito de atizar la
histeria anticubana ante la opinión pública norteamericana y
mundial.
Ello tiene lugar en momentos de embriaguez triunfalista de la
Administración Bush a consecuencia de los cambios que se han
producido en los países de Europa del Este y la compleja situación
interna de la URSS. Se recrudecen las medidas del bloqueo económico
a Cuba; las campañas de calumnias y todo tipo de presiones con que
pretenden aislarnos del resto del mundo; la agresión radial y
televisiva en un fracasado intento de confundir a nuestro pueblo y
debilitarnos internamente. Todo esto no tiene otro fin que el de
destruir nuestra Revolución Socialista, para lo cual no se excluye
una eventual agresión militar.
Una lectura objetiva y serena de las cartas a Jruschov redactadas
por el compañero Fidel el 26, el 28 y el 31 de octubre de 1962
establece con precisión la letra y el contexto verdaderos en que fue
evocada la eventualidad de un golpe nuclear contra Estados Unidos.
No hay margen a equívoco en lo planteado pero tampoco puede
intentarse un esclarecimiento de las causas que hayan inducido a
Jruschov a la interpretación que sostiene, no ya en sus memorias
sino en la carta que dirige al compañero Fidel el 30 de octubre, si
el análisis se realiza fuera de las circunstancias reales en que se
produjeron aquellos intercambios.
Aunque de la simple lectura de estos documentos se puede inferir
el dramatismo del momento que se vivió, se hace necesaria una breve
recapitulación para aproximarse al panorama que existía cuando el
compañero Fidel redactó su primer mensaje.
Necesario es tener en cuenta que a principios de la década del
sesenta todavía la URSS distaba mucho de alcanzar la paridad nuclear
con los Estados Unidos. Basta decir que según se conoce hoy por los
datos que han sido revelados, mientras los Estados Unidos poseían
unas 5 mil ojivas nucleares y cerca de 500 portadores
intercontinentales, la URSS solo disponía de alrededor de 300 ojivas
nucleares y algunas decenas de portadores de este mismo tipo.
Al propio tiempo, hay que ponderar que mientras en Moscú primaba
una concepción defensiva, Washington se basaba en una doctrina
militar ofensiva.
Luego de fracasar la invasión mercenaria de Playa Girón, Cuba y
la URSS coincidían en la convicción, avalada por diversos hechos e
informaciones de inteligencia, de que Estados Unidos se preparaba
para una agresión militar directa contra Cuba. En esas
circunstancias, las partes soviética y cubana suscribieron un
acuerdo militar que fortalecía la defensa tanto de la URSS como de
Cuba.
El acuerdo militar incluyó la instalación en territorio cubano de
cohetes de alcance medio e intermedio dotados de ojivas nucleares y
la presencia de más de 40 mil soldados soviéticos en nuestro
territorio.
Los soviéticos, al sugerir el emplazamiento de tales armas,
manifestaron que perseguían el propósito de aumentar la capacidad
disuasiva de la Revolución Cubana frente a las reales amenazas de
agresión de los Estados Unidos.
No era menos cierto que con el despliegue en Cuba de los
proyectiles, la capacidad de respuesta de la URSS a un ataque
nuclear de Estados Unidos se multiplicaba tanto en rapidez como en
efectividad y según los propios norteamericanos tornaba vulnerable
al 85 % de las instalaciones coheteriles nucleares en territorio
estadounidense.
El compañero Fidel y la Dirección cubana comprendieron desde el
primer momento que la presencia de los cohetes soviéticos en nuestro
territorio podía afectar la imagen de nuestra Revolución en el
terreno político e incrementar los peligros de un enfrentamiento de
otro carácter con Estados Unidos.
No se les escapó tampoco el verdadero sentido de la propuesta de
Jruschov, que era mejorar la correlación de fuerzas de la URSS y la
comunidad socialista frente al imperialismo. Pero habría sido una
cobardía y un acto de egoísmo nacional rechazarla. Como ha expresado
muchas veces el compañero Fidel en conversaciones íntimas, él razonó
que si esperábamos en aquel entonces que la URSS luchara para
defender a Cuba en caso de agresión a nuestro país por parte de
Estados Unidos, como había proclamado públicamente el propio Nikita
Jruschov, nosotros estábamos en el deber ineludible de arriesgarnos
también por la URSS.
En adición a esto, Cuba adquiría una protección estratégica
frente al riesgo que ha estado siempre presente de una guerra
convencional de Estados Unidos contra nuestra patria, y, por otro
lado, si estallaba una guerra mundial por cualquier causa, de todas
formas nos veríamos afectados.
De esa manera, a suelo cubano arribaron un total de 42 cohetes
nucleares de alcance medio y un contingente de 43 mil soldados
soviéticos, mientras que Cuba, al estallar la crisis, puso sobre las
armas un total de unos 270 mil combatientes encuadrados en unidades
regulares y cerca de 150 mil en la defensa popular, es decir, más de
400 mil hombres y mujeres combatientes.
En el acuerdo soviético-cubano se estableció el criterio de que
una vez que estuvieran en Cuba las armas atómicas se hiciera público
el acuerdo militar cubano-soviético y la existencia de tales armas,
al amparo del derecho inalienable que asistía al Estado cubano de
poseer los medios disuasivos que se estimaran necesarios para
garantizar su seguridad nacional sin conceder ningún tipo de
prerrogativas al imperialismo para decidir qué tipo de armamento
debíamos poseer o no. Ambos países habíamos actuado dentro de los
más estrictos principios del derecho internacional.
Como Cuba a medida que transcurría el proceso observó la
gestación de la crisis, por la forma en que el imperialismo enfocaba
la cuestión a medida que se hacía evidente el fortalecimiento
militar de nuestro país y circulaban los más diversos y confusos
rumores en la esfera internacional, propuso que se publicara el
acuerdo militar entre Cuba y la URSS. Pero Jruschov persistió en la
idea de que la instalación debería mantenerse encubierta hasta la
publicación del acuerdo militar que se realizaría en ocasión de su
visita a Cuba, proyectada para finales de ese año. Como únicamente
Jruschov podía conocer bien la exacta correlación de fuerzas entre
la URSS y Estados Unidos, Cuba no tuvo otra alternativa que aceptar
ese punto de vista.
El Premier soviético enfatizó además que la URSS estaba dispuesta
a llegar hasta las últimas consecuencias, aunque el plan de
reforzamiento militar de la Isla fuera descubierto por el enemigo
antes de que Cuba y la URSS lo hicieran público.
Al recordar el colosal poderío militar que Washington desplegó a
partir del 22 de octubre alrededor y en las proximidades de Cuba, se
comprueba que su llamada "cuarentena" era el preludio de un ataque
aéreo contra las instalaciones coheteriles y otros puntos
estratégicos de Cuba o de una invasión directa en gran escala.
Aquel 26 de octubre, cuando el compañero Fidel, después que
nuestro país adoptara y aplicara en sus más mínimos detalles el plan
de defensa que incluía la protección con decenas de baterías
antiaéreas de los cohetes nucleares y los de tierra-aire, redacta el
mensaje que la noche de ese día dictó en la propia sede diplomática
en La Habana al embajador Alexander Alexeiev, ya está tendido el
cerco naval yanki alrededor de la Isla, una fuerza militar conjunta
integrada por 250 mil efectivos de la Infantería de Marina y fuerzas
terrestres; más de mil aviones y unos 250 buques de la Armada
estaban listos para el asalto contra nuestro país, en una u otra de
las variantes que evaluaba el Pentágono. Como ha explicado Fidel, al
preguntarse qué le faltaba ese día fatigoso por hacer, decidió
enviar un mensaje a Jruschov para exhortarlo a que mantuviera una
posición firme y no se cometieran irreparables errores en caso de
que la guerra fatalmente estallara.
Lo que en esencia se le expresó al compañero Jruschov fue que,
según nuestro análisis e informes, la agresión era casi inminente y
que la variante más probable era "el ataque aéreo contra
determinados objetivos con el fin limitado de destruirlos...".
Nuestro Comandante en Jefe aborda con tanta madurez, serenidad y
responsabilidad esta perspectiva, que se abstiene de sugerir, en
caso de que Estados Unidos se limitara a un golpe aéreo masivo, que
hubiera una respuesta militar soviética, a pesar de las tremendas
pérdidas humanas y materiales que tal agresión habría implicado. Por
otra parte, Cuba era totalmente opuesta a que se permitiera el vuelo
rasante de los aviones enemigos, lo cual venía ocurriendo desde el
inicio de la crisis y facilitaba a Estados Unidos la realización del
golpe sorpresivo sobre las bases de cohetes y otros objetivos
militares. Por ello, el mando militar cubano el 27 de octubre dio la
orden a su artillería antiaérea de disparar contra los aviones que
violaran el espacio aéreo, lo cual fue informado al mando militar
soviético.
Para el Jefe de la Revolución Cubana la variante de la invasión
es "menos probable, aunque posible". Y tal invasión a Cuba, en cuyo
territorio se encontraban desplegados 43 mil soldados soviéticos,
todos los cuales estaban expuestos a perecer, habría significado, de
hecho, la guerra contra la Unión Soviética y, por su propia
dinámica, simultáneamente o a continuación sobrevendría el golpe
nuclear contra el territorio de la URSS. Es ese y únicamente ese, el
contexto donde el compañero Fidel concibe como un desarrollo
racional de los acontecimientos que si los Estados Unidos invadían a
Cuba no se detendrían a esperar la reacción soviética y tomarían la
iniciativa de un ataque nuclear.
Es ante tal desarrollo que Fidel alerta a la Unión Soviética,
para que no permita "jamás las circunstancias en las cuales los
imperialistas pudieran descargar sobre ella el primer golpe nuclear"
y eliminar en ese momento y para siempre semejante peligro, en acto
de la más legítima defensa.
Entonces, ¿por qué Jruschov interpretó y más tarde reafirmó en
sus memorias que el compañero Fidel era partidario de un golpe
nuclear preventivo contra Estados Unidos, cuando en realidad esa
idea no fue nunca siquiera sugerida?
Quizás de manera errónea, pero seguramente sincera, lo creyó o lo
entendió realmente aun cuando en los textos de los mensajes no
existía margen para confundirse.
Ninguna persona honrada puede perder de vista, para llegar a
explicarse realmente lo ocurrido, la tensión sin precedentes que en
aquellos días vivió la humanidad, la tremenda responsabilidad que
recaía sobre los dirigentes que manejaron la crisis y el hecho de
que 28 años atrás la infraestructura, los cuadros, el personal
técnico, incluido traductores, se encontraban en un nivel
incipiente, en una coyuntura en la que disponíamos de un reducido
grupo de especialistas. Los medios de comunicación entre la URSS y
Cuba y los sistemas de codificación correspondían al desarrollo
alcanzado por los soviéticos para los inicios de la década del
sesenta y no pueden ni compararse con los actuales.
En tales condiciones y no obstante el extremo celo con que se
trabajaba en el proceso de consultas, nadie podría descartar la
posibilidad de que momentáneamente se deslizara un equívoco. Y en
una cuestión de vida o muerte como la que se dirimía el concepto de
que ante un curso de los acontecimientos precipitados por Estados
Unidos la URSS no se dejara propinar impunemente un primer golpe
nuclear pudo ser asumido por Jruschov como que se sugería a Moscú
dar un golpe preventivo. Tampoco puede excluirse que los
representantes soviéticos en Cuba contribuyeran sin proponérselo a
esa percepción al trasladar la determinación de la dirección y del
pueblo cubanos de no amilanarse frente al riesgo de un ataque en
gran escala e, incluso, de un golpe nuclear.
Las cartas posteriores, como se verá a través de su lectura,
muestran el esfuerzo realizado por el compañero Fidel para despejar
esa errónea interpretación.
También durante muchos años, con fines no menos sinuosos, las
agencias occidentales hicieron circular la versión novelesca de que
el propio Comandante en Jefe había disparado personalmente el cohete
antiaéreo que derribó al avión espía U-2 en la zona de Banes el día
27 de octubre de 1962.
Entonces también, sin que se haya podido establecer con rigor
todavía el origen de semejante confusión, Jruschov atribuyó ese
hecho a una acción de nuestras tropas, dado que el mando de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias, como se expresó, cumpliendo
instrucciones de la Dirección Política y del Comandante en Jefe,
había ordenado abrir fuego contra cualquier avión enemigo que
violara el espacio aéreo nacional. Es decir: no fue una reacción
irreflexiva ni casual, sino un acto consciente y consecuente con la
situación creada.
Sin embargo, como ha sido luego notoriamente conocido, en los
días de la crisis la artillería antiaérea cubana solo poseía
ametralladoras y cañones, mientras que los grupos coheteriles
antiaéreos formaban parte del dispositivo militar soviético enviado
a Cuba, bajo el mando directo del Ministerio de Defensa en la URSS.
Si algo está fuera de cualquier duda es que, de haber dispuesto
del armamento idóneo, Cuba habría abatido sin vacilación los aviones
de exploración enemigos que volaban a gran altura, pero lo cierto es
que esa nave fue derribada por uno de los grupos coheteriles
antiaéreos soviéticos bajo el mando del teniente general G. A.
Voronkov, hoy ya jubilado, a quien más tarde Cuba condecoraría por
esa acción con la Orden Ernesto Che Guevara de Primer Grado.
En el caso del derribo del U-2 Jruschov pudo no conocer estos
detalles y, como se deduce también en sus memorias, probablemente
nunca llegó a saber que la cohetería antiaérea era operada solo por
personal soviético y que el mando de las fuerzas armadas de la URSS
en Cuba acató la orden de disparar contra los aviones que violaran
nuestro espacio aéreo. Respecto a una cuestión tan medular como la
sugerencia de un ataque nuclear preventivo, su conducta inmediata
posterior indica que él, en efecto, hasta el último momento creyó
sinceramente en esa versión. De acuerdo con lo que se refleja en sus
memorias, según la edición norteamericana, cuando el compañero Fidel
visita a la URSS en 1963 y supuestamente se debate este asunto,
estando presente el propio Alexander Alexeiev, a quien el jefe de la
Revolución le dictó el mensaje del 26 de octubre, Jruschov, que no
conocía el español y se atiene al texto ruso, argumenta para
sostener su tesis, que en ese texto aparecen las palabras "guerra" y
"golpe".
La palabra "guerra" no aparece por cierto en el mensaje cubano,
aunque sí la palabra "golpe", pero en un contexto muy claro y
preciso y con una condicionante inequívoca: "Si tiene lugar la
segunda variante y los imperialistas invaden a Cuba con el fin de
ocuparla (...)". ¿Hubo acaso algún error en la traducción del texto
al ruso que realizó la embajada soviética? Todo es posible.
Si las memorias no son apócrifas ni han sido en este tema
adulteradas, hay que aceptar la evidencia de que a Jruschov, muchos
años después, cuando dictó sus memorias, nunca se le borró esa idea
y siguió creyendo hasta el final en esta interpretación
completamente errónea.
Sin embargo, la discrepancia fundamental e históricamente
trascendente es la contenida en la carta del 31 de octubre en la
cual el compañero Fidel patentiza la amargura y la tristeza por el
modo en que la URSS y Estados Unidos alcanzaron un entendimiento a
espaldas de Cuba. En esa propia carta la argumentación en torno al
equívoco del golpe preventivo es impecable y constituye un
precedente insoslayable para los dirigentes políticos cubanos del
presente y del porvenir por el modo magistral en que se conjugan
sabiduría, respeto, valentía y lealtad a los principios.
Con esa misma altura debemos abordar el saldo histórico de la
gestión de Nikita S. Jruschov al frente de la URSS en su proyección
hacia el proceso revolucionario cubano. Si algo no podrá asociarse
nunca al nombre de Jruschov es la falta de valentía política. En el
desarrollo de las relaciones entre nuestros partidos y gobiernos en
esa época, que llegaron a ser ejemplares, cuando creímos que el otro
no estaba en lo cierto nos lo comunicamos con absoluta franqueza y
fraternidad.
Jruschov fue el precursor de las relaciones políticas, económicas
y comerciales de la Unión Soviética con la Revolución Cubana. Supo
siempre representar dignamente los intereses del pueblo y del Estado
que encabezaba y al mismo tiempo comportarse como un
internacionalista.
En la eterna gratitud que el pueblo cubano sabrá preservar hacia
los pueblos de la Unión Soviética, Jruschov ocupará siempre un lugar
de honor y de respeto.
Él vivió convencido de que la crisis produjo como aporte positivo
fundamental el compromiso de Estados Unidos de no invadir a Cuba. Al
cabo de veintiocho años puede afirmarse que, salvo una invasión,
Estados Unidos lo ha intentado todo para destruir la Revolución
Cubana y arrasar su ejemplo.
La seguridad y la soberanía de Cuba se han preservado, ante todo,
porque las ocho administraciones norteamericanas que de un modo u
otro han repetido los errores de la precedente, no han podido abrir
una brecha ni han encontrado jamás un flanco vulnerable en la unidad
y en la conciencia del pueblo cubano.
Frente a las amenazas y peligros se ha alzado siempre, como decía
Fidel a Jruschov el 30 de octubre, una sola clase de alarma: la
alarma de combate.
Si un aporte de alcance histórico, no solo para el destino de
Cuba sino para la experiencia de todos los movimientos
revolucionarios del planeta, surge del desenlace de la Crisis del
Caribe que fue en realidad mundial, este se sintetiza y plasma en
las cinco condiciones exigidas por Cuba como una verdadera garantía
frente al imperialismo norteamericano:
1. Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de
presión comercial y económica que ejercen los Estados Unidos en
todas partes del mundo contra Cuba.
2. Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y
desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de
invasiones mercenarias, infiltraciones de espías y saboteadores que
se llevan a cabo desde el territorio de Estados Unidos y algunos
países cómplices.
3. Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde
bases en Estados Unidos y Puerto Rico.
4. Cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y
naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.
5. Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del
territorio cubano ocupado por Estados Unidos.
En aquel orgullo de sentirse cubano que despertaron en el Che los
días luminosos y tristes de octubre de 1962 late la razón histórica
y la moral que acompañaron a Antonio Maceo en Baraguá. El mayor de
los peligros que nuestro pueblo enfrentó en aquella prueba no fue el
del exterminio nuclear, sino el de la claudicación. Esta vez no hubo
Zanjón pero fue necesaria como entonces la intransigencia y el
coraje que hicieron retroceder incluso a los que pretendían
humillarnos imponiéndonos la inspección de nuestro territorio. Aquel
no, junto a los cinco puntos, se convirtieron así en un Baraguá del
siglo XX.
Esta es la enseñanza que nos alienta hoy frente a los nuevos
desafíos y que perdurará en la memoria inmortal de nuestro pueblo.
(Granma publicará las cinco cartas el sábado próximo)