Son
reconocidas mundialmente por su trabajo en defensa del respeto a los
derechos humanos y a la identidad. Su símbolo, un pañuelo blanco en
la cabeza con el nombre de sus familiares desaparecidos. Por 35
años, estas mujeres han enarbolado la lucha para localizar y
restituir a sus legítimas familias a todos los niños arrebatados
vilmente durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983), para
que horrores como esos no se repitan.
"Nacimos convocadas de manera individual por una feroz dictadura
que imprimió el método del secuestro de personas para acallar sus
voces. Y nos arrebató a los hijos y a los hijos de nuestros hijos.
Dos generaciones para la búsqueda llena de miedos, desconocimientos,
soledad. Cada una de nosotras inició su propia senda en el tiempo,
día y hora fijados por los secuestradores. Ya en octubre de 1977, 12
mujeres con esa doble lucha se habían encontrado y unido sus manos
para inventar estrategias y desterrar lo individual". La Asociación
Civil Abuelas de Plaza de Mayo resume así sus orígenes el 22 de
octubre de 1977.
Desde entonces, les han devuelto la identidad a 107 argentinos y
han probado la existencia de un procedimiento coordinado por parte
del aparato represivo para el robo, la retención y el ocultamiento
de los hijos de detenidos-desaparecidos.
Para Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación, "lo que sí
debemos reconocer como un mérito nacido del amor a nuestra prole es
que decenas de los nietos robados recuperaron sus derechos
violentados iniciando el camino de su libertad con su propio nombre,
historia y familia. Verlos crecer, sentirlos cerca, acompañar sus
vidas es el mejor premio para cada Abuela".
A tres décadas de haber emprendido tal camino, las Abuelas de
Plaza de Mayo reivindican que su lucha no acaba, seguirá mientras
quede historia por develar.