Cincuentenarios azucareros

La vida en un grano de azúcar

Sheyla Delgado Guerra

Con la colocación de una ofrenda floral al General de las Cañas Jesús Menéndez Larrondo, donde reposan sus restos en el capitalino cementerio de Colón, y la visita a varios lugares de interés histórico, cincuentenarios azucareros de todo el país convirtieron ayer a La Habana en centro de la jornada de celebraciones que realizan los trabajadores del sector, desde el 10 de octubre y hasta el 10 de noviembre próximo.

La agenda de hoy enfoca su mirilla —de acuerdo con Juan Ignacio Quintana Loaces, miembro del secretariado de dicho Sindicato— en la convocatoria a la Primera Conferencia del Sindicato Nacional de los Trabajadores Azucareros, a efectuarse en julio del calendario venidero, y que tendrá entre sus propósitos fundamentales evaluar y aprobar las directrices de trabajo para la siguiente etapa.

La convocatoria precederá la conmemoración —mañana 13 de octubre— del aniversario 52 de la nacionalización de 105 centrales azucareros y el Día del Trabajador Azucarero, fecha en la que también el Sindicato Nacional que afilia a estos hombres y mujeres y el Grupo Azucarero, como cada octubre, reconocerán en la Plaza de la Revolución con la Orden Nacional por 50 años en la Industria Azucarera a 23 obreros que han echado canas y arrugas entre cañas e ingenios, acompañados de trece Héroes del Trabajo en el sector. Una vida de entrega y sentido de pertenencia, de sacrificio y compromiso.

Aprobada el 20 de julio de 1965 —año en que se condecoraron 855 cincuentenarios—, la Orden en cuestión se confiere a quienes hayan laborado en esta agroindustria por el mencionado espacio de tiempo y se en

cuentren aún activos. Desde ese calendario hasta ahora, más de 13 mil 200 hombres y mujeres han sido acreedores de tan especial reconocimiento, dijo a Granma Liobel Pérez Hernández, director de Comunicación del Grupo Azucarero.

Un homenaje, en medio de un proceso de redimensionamiento y actualización para la industria a tono con los Lineamientos, a los héroes "anónimos" del día a día, que —a fuerza de virtud y constancia— guardan historias de azúcar.

 

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