Agricultura suburbana

Arma ¿secreta? contra el marabú

Ortelio González Martínez

Ni la experiencia de los dos buldózeres a campo traviesa con la cadena amarrada por los extremos, ni la chapeadora ideada en una Cooperativa de Producción Agropecuaria; ni siquiera la voluntad, han podido eliminar el marabú.

Foto: Nohema Díaz MuñozAriel González y su propio reto: “En áreas liberadas de marabú quiero lograr más de 103 toneladas de frutabomba por hectárea”.

En los últimos tiempos ha surgido una receta efectiva para acabar con la especie invasora: la agricultura suburbana, modalidad que cobra auge y parece ser el antídoto capaz de evitar el asedio de la planta.

Adolfo Rodríguez Nodals, jefe del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana y Suburbana (GNAUS), en el más reciente recorrido elogió el trabajo que en tal sentido realiza Ciego de Ávila, y el rigor con que enfrentan la infestación de ese árbol.

Aunque los trabajos abarcan toda la provincia, son más intensos en los municipios de Morón y Ciego de Ávila, este último, entre los diez mejores de los 168 del país al término del pasado recorrido del GNAUS.

"El desafío requiere de un enfrentamiento perenne y eso sucede en el municipio cabecera, que no se ha dejado ‘acorralar’ por el marabú. Más de 300 hectáreas con distintos niveles de infestación hoy producen en el sur de la ciudad", destacó el también director del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (INIFAT).

El movimiento de la agricultura suburbana, según la denominación de varios usufructuarios, se ha convertido en el "arma secreta, que estaba a la vista de todos y no nos dábamos cuenta", en la lucha contra el marabú.

Tal definición la acuña Próspero Díaz Portela, quien mediante el Decreto-Ley 259 tomó un terreno infestado de la espinosa especie y a fuerza de mucho hacer convirtió su finca El Rosario en un "polígono" diversificado: en tres hectáreas cultiva tomate, boniato, habichuela, plátano, pepino, lechuga, acelga, rábano y calabaza.

"La agricultura suburbana ha sido la fórmula para transformar estos terrenos y para llevarle la comida al pueblo, con un mínimo de gasto de combustible en la transportación", afirma José de la Cruz Matos, usufructuario de la finca Mariana Grajales, de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Raúl Martínez.

El esfuerzo trasciende el sur de la ciudad y unos pocos kilómetros al norte de la capital provincial, en la finca La Provechosa, Ariel González Moleiro liberó del arbusto unas cuatro hectáreas y ahora anuncia el proyecto más difícil y ambicioso de cuantos ha acometido: "Quiero prepararme para superar mi propio récord de rendimiento de la variedad de frutabomba maradol roja, que es de 203 toneladas por hectárea. Lo logré en estas tierras rojas y ahora pienso mejorarlo en un área liberada de marabú", afirmó.

Con la laboriosidad característica de quienes tienen apellidos que pueden ser pronunciados en dos sílabas, Luis Chang Wu, al frente de la finca Amistad Cuba-China, asegura que en su condominio la leguminosa encuentra poco espacio para la subsistencia: "En los inicios nos vimos obligados a emplear motosierras, hachas, machetes... , al final la hicimos leña", sentencia.

Hoy los denominados catres de secado donde se deposita la materia prima para la posterior elaboración de condimentos frescos y otras producciones son confeccionados con postes de marabú, "al alcance de la mano, porque uno los encuentra en cualquier lugar", comenta Nelson Cervantes Álvarez, quien es uno de esos administradores que no se cansan de buscar alternativas, y desde hace unos cuantos meses, junto a sus trabajadores, elaboró el bijol de cúrcuma, de gran demanda entre la población avileña, donde se pone a prueba para la posterior generalización en el país.

Las transformaciones en el escenario productivo de la provincia van de la mano de una serie de esfuerzos encaminados a desarrollar una agricultura cada vez más sostenible y eficiente. Y en ese empeño, no queda atrás la lucha contra el marabú y, aunque quedan todavía muchos troncos por talar, en las áreas agrícolas los hombres del sector han liberado más de 3 800 hectáreas, muestra de que el "arma secreta" está al alcance de quienes quieran hacer producir la tierra.

 

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