El
turismo, visto como un sector de amplia relevancia en la economía
cubana, con infinitas posibilidades de desarrollo, debería
constituirse en un tema de especial interés público para la nación.
Lo que implicaría verlo más allá de las ofertas y posibilidades de
ocio que pueda ofrecernos como clientes, y valorarlo como una
importante fuente de ingresos. No es casual que el Sexto Congreso
del Partido, al trazar su Política para el Turismo, dejara claro en
el Lineamiento 255 que "el objetivo fundamental de la actividad
turística es la captación directa de divisas, maximizando el ingreso
medio por visitante".
A juzgar por los números más recientes, pareciera que ya se
marcha en esa dirección: según la Oficina Nacional de Estadísticas
(ONE), en el 2011 nos visitaron 2,7 millones de turistas, que
dejaron ingresos por un monto de 2.503,2 millones de dólares (un
12,8 % más que en el 2010). En los primeros ocho meses del año en
curso, se reporta la visita de 2 millones 21 mil 649 turistas, cifra
que indica un crecimiento por encima del 5 % respecto a igual
periodo del 2011. De mantenerse ese ritmo, el Ministerio de Turismo
pudiera terminar el 2012 con una cifra récord de visitantes:
aproximadamente 2,9 millones de turistas.
Sin embargo, al reconocer esos resultados, el pasado 23 de julio
en la Asamblea Nacional del Poder Popular, el compañero Raúl
expresó: "Sin alcanzarse la cifra planificada de ingresos
turísticos, en la primera mitad del año se logra un aumento del 5,8
% de los visitantes extranjeros y una mejora de los indicadores
principales en esta actividad".
Para llegar a esas cifras el camino ha sido largo. El turismo
cubano tuvo su primer auge en los años cincuenta. Entonces se le
asociaba a la presencia de la mafia norteamericana en La Habana,
capital que era vista desde el norte como un gran
hotel-casino-prostíbulo. Triunfó la Revolución y la eliminación del
turismo proveniente de Estados Unidos sucedió a la par del
nacimiento del bloqueo. La economía nacional, asfixiada, puso sus
prioridades en otros programas importantes y el producto turístico
cubano fue perdiendo competitividad internacional.
Si bien en los ochenta comenzó a fomentarse la reapertura del
turismo internacional en la Isla, no fue hasta 1990 en que se
produjo un despegue con un nuevo enfoque de desarrollo para el
sector. En 1996, en medio del periodo especial, se logró por primera
vez sobrepasar el millón de visitantes (objetivo económico que solo
mantienen cinco países del Caribe insular). De ahí al 2012 todos los
indicadores fueron en ascenso. Los atentados terroristas del 11 de
septiembre en Nueva York y Washington provocaron una crisis en el
sector turístico mundial que agudizó la recesión económica y quebró
a no pocas aerolíneas. La "onda expansiva" llegó a nuestras playas.
En la actualidad, la planta hotelera cubana (que en 1990 era de
solo 12 mil 900 habitaciones) crece a un ritmo promedio anual de 5,6
%, permitiendo la existencia actual de 58 mil 438 habitaciones en
335 hoteles. De ellos, el 65 % posee categorías de cua
tro y cinco estrellas. Existen 30 empresas mixtas que operan unas
seis mil de esas habitaciones, mientras el Mintur tiene 62 contratos
de administración firmados con 13 grupos hoteleros extranjeros,
entre ellos Sol Meliá, Barceló, Hoteles C de España y Accor de
Francia.
Para comercializar ese amplio producto turístico, Cuba está
conectada con 82 ciudades del mundo mediante 65 líneas aéreas
regulares y chárter, y cuenta con diez aeropuertos internacionales,
diez marinas y tres terminales de cruceros. Hoy, vienen turistas del
mundo entero a disfrutar de nuestra hospitalidad popular, atractivos
naturales, patrimonio histórico, vida artística y cultural,
estabilidad política y seguridad¼ , pero al cierre del 2011 fueron
Canadá, Reino Unido, Italia y España nuestros principales mercados.
Esta es la síntesis de una saga informativa, para entender el
porqué la dirección del país identifica como una prioridad económica
el desarrollo de nuevas inversiones en el sector turístico, tema que
se abordó en la más reciente reunión ampliada del Consejo de
Ministros. Se trata de seguir la brújula económica de los
Lineamientos: "La actividad turística deberá tener un crecimiento
acelerado que permita dinamizar la economía, sobre la base de un
programa de desarrollo eficiente" (256), e "incrementar la
competitividad de Cuba en los mercados, a partir, principalmente, de
la elevación de la calidad de los servicios y el logro de una
adecuada coherencia en la relación calidad/precio" (257).
Estos temas, los de rentabilidad económica y de calidad en los
servicios deberían convertirse en los más importantes para esa masa
de trabajadores turísticos, y al mismo tiempo se convierten en la
cara, la imagen y el referente sobre quiénes y cómo somos los
cubanos para esos más de dos millones de turistas que nos visitan.
En el mundo actual, signado por el uso de las tecnologías de la
información, el sector turístico mundial está bajo la mirada de
millones de personas. Ahora mismo, un turista llega a Cuba e
inmediatamente cuenta en las redes sociales, a través de Internet,
sus experiencias, y evalúa y juzga la atención recibida. Esa
persona, desde una computadora, puede atraer la atención de otros
turistas o hacer que desistan de viajar a un destino determinado.
Cuba se ha reconocido internacionalmente, cuenta con una alta
calificación de sus empleados en el sector turístico. Pero esos
niveles de instrucción deben transformarse en mejor servicio, en más
sentido de pertenencia, en más especialización y conocimiento de la
actividad. Vende más quien mejor opción, mejor precio y mejor
servicio le ofrezca al visitante. Y si el país ha puesto la mirada
en el crecimiento de capacidades y aspira a recibir tres millones de
turistas o más, entonces debe plantearse no solo unas eficientes
inversiones, sino también el desenvolvimiento de un capital humano
capaz y comprometido con esos objetivos.
Muchos otros temas están asociados al desarrollo de la actividad
turística. Pero mencionemos solo dos de los más importantes:
"Recuperar e incrementar la producción de materiales para la
construcción que aseguren los programas inversionistas priorizados
del país... (Lineamiento 233), y "elevar la participación de
la industria y los servicios del país en los recursos que se
utilizan en la operación e inversión turística, con lo cual se
contribuirá al desarrollo de otras ramas de la economía"
(Lineamiento 266). Es obvio que el turismo, con su pujanza, puede
mover infinidad de actividades, crear nuevos empleos y dinamizar
otros sectores deprimidos de la economía.