Gitanos en Europa

Están, pero no cuentan

ALIANA NIEVES QUESADA

Es habitual escuchar hablar sobre la discriminación que sufren las personas de la etnia gitana en Europa, pero no es frecuente ver a los políticos preocupados por esta cuestión. Es un fenómeno que parece asentado en territorio de nadie, mas la solución no debe ser expulsarlas de sus asentamientos, desproveerlas de toda ayuda y apelar a su supuesta inadaptación social, para marginarlas de todo derecho.

Un largo viaje llevó a los gitanos desde el norte de la India hasta Europa, donde comenzaron a situarse en el siglo XIV. Desde entonces, su historia se ha plagado de pasajes amargos. Durante la II Guerra Mundial, más de medio millón murió víctima del terror nazi. En épocas anteriores también sufrieron la esclavitud, las expulsiones y numerosas matanzas. A pesar de ello, los gitanos o romaníes, como se les denomina en muchos países, han resistido y han logrado mantener su identidad como pueblo, más allá de fronteras nacionales. Quizás por ello siempre han sido mirados con suspicacia, miedo o desprecio.

Actualmente, diversas organizaciones internacionales señalan que los desalojos forzados, así como los obstáculos al acceso a una vivienda adecuada y la segregación en países como Bulgaria, República Checa, Francia, Grecia, Italia, Lituania, Rumania y Eslovaquia, crecen cada vez más, condicionados hoy por la crisis económica que aqueja a Europa.

En Eslovaquia, por ejemplo, los niños y niñas romaníes a menudo no tienen permitido asistir a las mismas escuelas que el resto. En el mejor de los casos, estudian en aulas o edificios independientes y se les mantiene separados de los demás alumnos. Pero comúnmente van a escuelas para menores con discapacidad mental, aunque no lo necesiten. De esta manera, el 85 % de los pequeños que estudian en esos centros especiales son gitanos, a pesar de que su etnia representa menos del 10 % de la población.

No es necesario ser pedagogo para deducir que las escuelas especiales designadas para alumnos con discapacidad mental, transmiten a niños y niñas romaníes una enseñanza inferior a la de las escuelas normales. Expertos eslovacos coinciden en que existe una diferencia de cuatro años entre los estudios que se cursan en las escuelas primarias especiales y los de los centros primarios normales, lo cual significa que los pequeños de diez años que asisten a instituciones especiales terminan con conocimientos de alfabetización básica.

En la vecina República Checa, la situación no es mejor. La juventud gitana aún está muy lejos de lograr incorporarse a la sociedad, y no cabe duda de que las trabas educacionales que también les impone el gobierno cuando aún son niños, marchitan sus posteriores aspiraciones profesionales. Es por ello que muchos se resignan a ser expulsados del país hacia su lugar de origen, a pesar de no haber cometido delito alguno.

Los gitanos constituyen hoy el grupo étnico más numeroso del continente y están presentes en casi todos los países europeos, aunque su mayor población proviene o radica en Rumania. Irónicamente, allí también sufren de exclusión y abusos. Pierden toda esperanza en las autoridades y se ven obligados a volver a buscar un país donde anidar sus sueños.

El problema se convierte, para muchos, en un círculo vicioso: sin trabajo no hay dinero ni medios para subsistir, así es casi imposible hasta existir. Para un gitano, esta condición equivale a pobreza y segregación. En Europa, partidos políticos, no solo de extrema derecha, los han identificado como blanco de sus ataques mediante un lenguaje cada vez más agresivo y peligroso. Este discurso ha intentado convertir al pueblo romaní en chivo expiatorio de la gran gama de problemas sociales del Viejo Continente.

 

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