Guerra y canto

David Brooks

La guerra/ ¿para qué sirve?/ absolutamente para nada (War, de Edwin Starr)

Este 7 de octubre marcó el decimoprimer aniversario de la guerra de Estados Unidos en Afganistán, ahora la conflagración más larga en la historia de Washington. Es un aniversario casi encubierto y nadie en las calles del país se da cuenta, con la excepción notable de las miles de familias que tienen a un soldado allá o que falleció, veteranos que han regresado y los necios activistas que se oponen a las políticas bélicas.

Eso genera una sensación muy extraña de vivir en un país que bombardea, aniquila, destruye y ensangrenta a otro, sin que aquí se sienta nada —no se oyen los gritos de agonía ni el rugir del cañón, ni el llanto inaguantable de miles de madres, tanto allá como aquí mismo, ni las vidas destruidas de los jóvenes allá ni aquí.

No es que no haya agrupaciones por todas partes del país que realizan plantones, marchas, manifestaciones y foros sobre esta y las otras guerras. De hecho, abrumadoras mayorías de la ciudadanía —en algunas encuestas hasta 80 %— no aprueban esta aventura bélica.

Tal vez el trabajo más extraordinario aquí sobre los conflictos es el impulsado por los propios excombatientes, como los Veteranos de Iraq Contra la Guerra, que ahora también incorporan a veteranos de Afganistán y que se están organizando contra las políticas militaristas.

Pero a pesar de las acciones de disidencia y de la opinión pública, no se expresa una ola de oposición masiva ni una amplia conciencia popular sobre esta u otras guerras.

Desde que empezó la guerra, el 7 de octubre del 2001, han muerto poco más de 2 000 soldados estadounidenses. Unos 2 millones 400 mil soldados de ese país han participado en las guerras en Iraq y Afganistán. Los efectos en casa de esas conflagraciones son masivos: cientos de miles de veteranos son tratados por el síndrome de desorden postraumático, el nivel de suicidios impuso récord este año, miles más regresan a un país donde sus familias han perdido sus viviendas y/o no encuentran empleo. Mientras tanto, nadie lleva la cuenta exacta de la destrucción de vidas y pueblos en Afganistán e Iraq.

Guerra, no es más que algo que te parte el alma/ tiene solo un amigo/ es el funerario/ ha destrozado los sueños de muchos jóvenes/ los ha hecho discapacitados, amargados y malos¼ La guerra no puede dar vida, solo la puede quitar. (War)

Esta canción de los años sesenta, junto con tantas más, reaparecen al pensar este aniversario. Bruce Springsteen dedicó su versión de la canción de Starr a los jóvenes en un concierto en 1985, recordándoles que en la década de los sesenta los estadounidenses veían la guerra de Vietnam por televisión todos los días, mientras cenaban, y que a muchos de sus amigos a los 17 o 18 años no les dieron la oportunidad de preguntarse qué pensaban de las cosas. Advierte a los jóvenes que la próxima vez "te van a estar viendo a ti. Y vas a necesitar mucha información para saber qué vas a hacer. Porque en 1985, la fe ciega en tus líderes o en cualquier cosa te matará".

Van reapareciendo muchas canciones más en el archivo de la memoria colectiva. Las clásicas de los años setenta y viejos himnos pacifistas y otras recién hechas, muchas expresadas en baladas y lamentos desde la Guerra Civil a Vietnam, otras dedicadas contra intervenciones y políticas bélicas de este país en los años recientes. Algunas, viejas, hacen eco de las expresiones de protestas contemporáneas, como las de Ocupa Wall Street, vinculando al sector empresarial con las guerras.

"Y uno, dos, tres, ¿para qué estamos luchando?/ no me preguntes, no me importa/ próxima parada, Vietnam/ y cinco, seis, siete/ abre las rejas del cielo/ no hay tiempo de preguntarse por qué/ Whoopee, todos vamos a morir. Apúrate Wall Street, no seas lento/ oye man esta es una guerra a go-go/ mucha lana se puede ganar/ supliendo al ejército con las herramientas del negocio¼ Vengan padres y no duden en enviar a sus hijos antes de que sea demasiado tarde/ así pueden ser los primeros en su cuadra/ a quienes les entreguen a su hijo en una caja... (I feel like i’m fixing to die rag, de Country Joe and the Fish)

Y tal vez la más furiosa y devastadora de todas, Maestros de la guerra, de Bob Dylan: Ustedes que nunca han hecho nada/ más que construir para destruir/ juegan con mi mundo/ como si fuera su juguetito... Ustedes arman todos los gatillos/ para que otros los disparen/ y se hacen para atrás para observar/ cómo el conteo de la muerte sube/ se esconden en sus mansiones/ mientras la sangre de los jóvenes/ fluye de sus cuerpos/ y se entierra en el lodo. Ustedes han aventado el peor miedo/ que se puede arrojar/ temor de traer niños a este mundo/ por amenazar a mi bebé/ aún no nacido ni nombrado/ ustedes no valen la sangre/ que corre en sus venas¼ Aun Jesús jamás/ perdonaría lo que hacen.

Pero mientras uno se va dando cuenta de las canciones que hay de todo tipo —lamentos, blues, himnos, baladas, folk, rock, punk, rap— contra las guerras, eso también empieza a revelar el hecho de que no ha habido una década en casi 150 años de historia estadounidense sin algún conflicto, intervención, operación militar u otra acción bélica. ¿Cuántos aniversarios hay —tienen que ser cientos— para marcar cada acción bélica estadounidense en su breve historia?

Estas canciones son registros de la presencia de la furia y la rebeldía frente a los maestros de guerra, pero también marcan que aún no se logra detenerlos y menos derrotarlos. Como cantó el gran satírico Tom Lehrer con enorme y triste ironía, al comentar sobre la guerra contra el fascismo en España: "Ellos podrán haber ganado todas las batallas, pero nosotros teníamos todas las mejores canciones".

Tal vez no se ha logrado cantar lo suficientemente fuerte como para que nunca más se marquen más aniversarios como el de hoy. (Tomado de La Jornada)

 

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