Nueva capitana, con los mismos retos

ARIEL B. COYA

Es posible que Idalis Ortiz (Artemisa, 1989) siga sin interiorizar la trascendencia del título olímpico que conquistó en Londres, al vencer en un combate electrizante a Wen Tong, la intratable mole china que no conocía la derrota desde el 2007, y superar en la final por hantei (veredicto de los jueces) a una japonesa, la campeona mundial Mika Sugimoto, lo que en el mundo del judo equivale casi, casi, a ganar por ippon.

Foto: Marcelino Vázquez Idalis Ortiz, en la foto combatiendo con la japonesa Mika Sugimoto en Londres, encabeza la escuadra al Mundial.

O tal vez sí la sepa, pero ello no le ha trastocado en nada el carácter. De modo que sigue siendo la misma muchachita afable y sonriente que un día arribó a la selección nacional femenina para suceder sin complejos a dos estelares como Daima Beltrán y Estela Rodríguez.

A Idalis el reto no le vino grande. Le pidieron que nunca se amilane, que dé siempre el máximo, y eso hace, con la particularidad de que rara vez falla. Con solo 18 años, en Beijing 2008, se convirtió en la medallista olímpica más joven de su división (+78 kg), con un bronce, y hoy es junto a Yanet Bermoy (52 kg) uno de los pesos pesados del equipo, con un palmarés envidiable.

No por gusto esa faceta de su personalidad es la que le impide apagar su sed de triunfo y regodearse en la autocomplacencia, por lo que confiesa sentirse responsable de seguir adelante, aunque eso implique incrementar el sacrificio, para ser campeona del mundo, ganar el Grand Slam de París y —cómo no— revalidar su título olímpico en Río de Janeiro dentro de cuatro años.

Tras la salida de Yurisleidis Lupetey (57 kg), no vaciló en asumir la capitanía del equipo, consciente de que ser líder implica predicar con el ejemplo, con la misma naturalidad que admite pensar de vez en cuando en algo que ya nadie pone en duda: que será la Mejor atleta femenina de este año en Cuba, "porque sería un gran honor, después de quedar los dos últimos años entre los diez más destacados". Aunque lo admite sin apartar la gratitud.

Agradecimiento a Daima, que le brindó todo su apoyo durante la competencia, y después lloró y saltó de alegría junto a ella; a Estela, que no estaba allí, pero cuando llegó, la felicitó, la abrazó e incluso se le aguaron los ojos; a su compañera de equipo Heidi Abréu, que la ayuda a prepararse para enfrentar luego a rivales que a menudo la sobrepasan en peso y bagaje competitivo. Agradecimiento a todas ellas y a muchos otros, porque Idalis, simplemente, es así.

UNA PARA TODAS Y TODAS PARA UNA

Que las cosas funcionen así, no obstante, responde a una filosofía, que bien pudiera deslindarse del famoso lema de los tres mosqueteros. En la selección nacional cada quien es cada cual, pero el grupo es, ante todo, lo más importante.

De ahí que no es fortuito entonces que una generación apoye a la otra, que las demás integrantes le den ánimos con todas sus ganas a la que esté compitiendo —aunque alguna pueda estar dolida por haber perdido antes—, o que el judo femenino cubano posea los formidables resultados históricos que exhibe.

Ello explica, sin duda, por qué el año pasado, cuando se fueron por primera vez sin preseas de la competencia individual en un campeonato del orbe, todas se volcaron inmediatamente para alcanzar al menos un bronce en la justa por equipos. Podio en el que intentarán repetir próximamente los días 27 y 28 en la ciudad brasileña de Salvador de Bahía, aunque se trate ahora de un equipo renovado, que aparte de Lupetey, no tendrá tampoco a una subcampeona olímpica como Yalennis Castillo (78 kg) ni a una medallista de bronce mundial como Yaritza Abel (63 kg).

La perspectiva para el ciclo que inicia, afirma el profesor Ronaldo Veitía, es seguir probando jóvenes. Y ahí están Aliuska Ojeda (57 kg, 20 años), Maricet Espinoza (63 kg, 22) y Kaliema Antomachín (78 kg, 24), para que el reto de lograr una actuación cimera no varíe.

Desde 1988 a la fecha, al fin y al cabo, nunca ha faltado una judoca entre los atletas más destacados en Cuba, el equipo femenino es uno de los pocos que puede presumir de haber alcanzado medallas olímpicas y mundiales en todas sus divisiones, con el segundo lugar histórico a continuación de Japón en citas estivales y el segundo puesto en Londres 2012 entre 65 naciones.

Como Veitía asevera: "Presión siempre vamos a tener, porque el compromiso del judo femenino tiene un techo muy alto. Nuestra meta es hacer que el pueblo llore de alegría frente al dolor de no cumplir. Y es por eso que nuestras muchachas siempre serán un contrincante temible".

 

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