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La Cooperativa de “Paquito”
Organización y control, claves para la
rentabilidad
La diversificación de la producción ha
consolidado su tradicional eficiencia
Eduardo Palomares
Calderón
A falta de buenas tierras, de llanos para trazar siquiera un
campo de pelota, y castigada severamente por la sequía, la
Cooperativa de Producción Agropecuaria Abel Santamaría, de Santiago
de Cuba, ha encontrado en la consagración al trabajo, la fórmula
para mantenerse rentable durante sus 30 años de fundada.
Para
Paquito ha sido una satisfacción el desarrollo mostrado por las 25
mil posturas de morera.
"Aquí jamás esperamos milagros de la naturaleza —señala el
presidente fundacional Juan Francisco Pérez López—, nuestros suelos
montañosos se localizan en una zona desértica entre la Cordillera de
la Gran Piedra y Baconao, donde todo se ha logrado con abnegación,
organización y control".
Basados en esa divisa, de las primeras hectáreas con 13 socios
crecieron hasta poco más de 15 mil atendidas actualmente por 57
cooperativistas, quienes sin dejar de priorizar la actividad
pecuaria, emprendieron la diversificación de la producción y cuantos
programas puedan beneficiar al país.
La
minindustria ha posibilitado el procesamiento de toneladas de frutas
que antes se perdían en los montes.
"En esta zona siempre existió ganadería —refiere Paquito, como
todos identifican al presidente y a la propia cooperativa—, nunca
fueron animales de pura raza, sino muy resistentes a las
características del lugar, y hemos querido preservar esa tradición
de nuestros padres y abuelos.
"Por eso —agrega—, mantenemos un rebaño superior a las 1 200
cabezas, incluyendo cien vacas en un proyecto de inseminación
destinado a mejorar genéticamente los animales, que nos asegura
vacas que en un ordeño pueden dar cuatro litros de leche, y toros
que alcanzan 450 kilogramos en poco más de veinticuatro meses".
Aunque nada despreciables resultan los 160 mil litros entregados
anualmente a la industria, la cooperativa sobresale en la ceba de
toros con 12,6 toneladas de carne, tarea en que por indicaciones del
General de Ejército Raúl Castro, fueron los primeros en desarrollar
en la provincia.
Para ello crearon dos cebaderos que en conjunto mantienen 70
animales, cuya alimentación a base de king grass, pasto estrella,
yerba de guinea, caña y otras variedades procesadas en un molino,
serán enriquecidas con la próxima introducción de la morera.
En ese sentido, se alistan las tierras para plantar bajo riego
las primeras 25 mil posturas de morera, obtenidas con semillas
importadas en una de las tres casas del programa de cultivos
tapados.
Conjuntamente, también se garantizan ocho toneladas de carne
ovino-caprino y 8 000 litros de leche de cabra para hospitales
materno-infantiles, cien convenios de reproductoras porcinas, 22
mulos, un patio de reproducción mular con 12 yeguas y tres burros, y
la crianza de conejos, así como aves de corral.
Para propiciar esas y demás labores, el abasto de agua constituyó
un reto solucionado a través de la creación de una micropresa en un
río que nace en la Gran Piedra, y la posterior colocación de una
tubería de cinco kilómetros de largo, con tubos de cuatro pulgadas
de diámetro, que llevan el agua por gravedad a todas las áreas.
COMPROMETIDOS CON EL PUEBLO
Una revolución en la estrategia productiva de la cooperativa,
provocó la instalación en 1998 de la primera minindustria en este
lomerío, donde se perdían toneladas de mango, guayaba, anón,
tamarindo, níspero, guanábana y otras frutas, que hoy se transforman
en materia prima para la elaboración de helados.
Desde el lomerío, Jorge Morales y demás compañeros de la brigada
agrícola bajan a lomo de mulo las frutas, que en los puntos de
acopio serán recogidas en carretas de bueyes para el traslado a la
pequeña fábrica, donde para abaratar los costos, la caldera
encendida por la cooperativista Elina Vázquez se alimenta con leña
seca del monte.
"Mientras Vladimir Pérez recibe las frutas —comenta Elina—, voy
prendiendo la caldera, para que vaya levantando presión, pues
hacemos de todo, ya sea pelar o seleccionar frutas, extraer la pulpa
o alimentar los tachos para la mermelada, su envase y conservación".
Con esa pasión, en lo que va de año se han procesado cerca de 200
toneladas de mango y otras frutas, 35 toneladas de pasta de cebolla,
23 de puré de tomate y 98 mil litros de vinagre, a la vez que
preparan condiciones para elaborar diariamente mil barras de
conserva de guayaba.
"Nuestra fuerza, que incluye 12 mujeres —asegura Yamilé Ochoa,
quien atiende personal, ventas y cualquier actividad en el campo—,
ha demostrado que no hay tarea imposible, pues a lo señalado pueden
añadirse el centro multiplicador de cabras, la siembra de una
hectárea de moringa, la construcción de viviendas y el apoyo
alimentario a un hogar materno".
Especialmente, debe significarse la creación en el popular
Mercado Agropecuario de Ferreiro, de un confortable punto que con el
nombre de Don Paco, oferta a la población a precio módico, productos
como la mermelada de mango con queso blanco elaborados con una alta
calidad, durante todo el año.
Vital ha sido en todas las casos la exigencia por mantener el
costo de producción por debajo de 50 centavos, garantizar que los
cooperativistas puedan devengar mil o más pesos en el mes, y la
posibilidad de repartirse a finales de año utilidades superiores al
medio millón de pesos.
"Ahora lo esencial es mantener estos resultados, ser capaces de
enfrentar cualquier tipo de delito y de asumir nuevas tareas
—enfatiza Paquito—, que el hombre se sienta atendido, reconocido y
comprometido con el pueblo, en la tarea que se le ha asignado".
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