El
primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se robó el show
cuando le tocó hablar ante la reciente Asamblea General de las
Naciones Unidas. Tras 25 minutos de discurso, desembolsó un cartón
con un diseño: "Esto es una bomba", dijo señalando un círculo negro,
"esto es un fusible", agregó señalando un fusible en su extremo
superior y pasó a explicar. La figura simulaba una bomba nuclear
iraní, una línea negra horizontal marcaba un 70 % de la primera
etapa de su construcción que, según el premier, Irán ya habría
completado. A continuación, Netanyahu marcó otra línea roja que
indicaba el 90 % de la segunda y el 10 % restante, su culminación.
Había que actuar contra Teherán antes de que llegara a la segunda
etapa.
El gesto centró la atención de la Asamblea, aunque no escasearon
las risas y las pullas. Tampoco la confusión: el centrista periódico
israelí Yediot Aharonot publicó el viernes 28 una
interpretación absolutamente distinta. "Asumió erróneamente que
Netanyahu no se refería al proceso de avance iraní, sino al
porcentaje de enriquecimiento de uranio logrado por Irán según la
denominada ‘bomba de Bibi’, apodo del premier".
Nahum Barnea, columnista de dicho diario, señaló en primera
plana: "Suponiendo que estamos hablando de porcentajes de
enriquecimiento (de uranio), los iraníes han alcanzado hasta ahora
niveles que oscilan entre el 3,5 % y el 20 % . Netanyahu dijo que
habían llegado al 70 %, una diferencia considerable..., volvió a lo
básico, a las historietas de su niñez" . Que esta consideración sea
equivocada no quita que Netanyahu tenga apuro en bombardear Irán ni
que su análisis choque con las evaluaciones de la inteligencia
estadounidense y aun las del propio Mossad: el programa nuclear
iraní no está a punto de fabricar una bomba nuclear.
Cabe recordar un espectáculo similar que la Casa Blanca, ya
empeñada en invadir Iraq, presentó ante la Asamblea General de las
Naciones Unidas en febrero del 2003: el general Colin Powell,
entonces secretario de Estado de W. Bush, afirmó que el régimen
iraquí poseía un arsenal de armas de destrucción masiva y mostró
fotos tomadas por satélite que indicarían la presencia de tanques de
almacenamiento de armas biológicas y la ubicación de la planta que
las produciría.
El propio Bush afirmó que Saddam Hussein había iniciado un
proyecto de obtención de bombas atómicas. EE.UU. invadió Iraq,
consiguió decenas de miles de civiles iraquíes muertos y más de
cuatro millones de refugiados, pero esas armas nunca aparecieron.
Colin Powell reconoció en el 2007 que se había equivocado y les echó
la culpa a los servicios de espionaje de su país. Aunque débil, un
pretexto no deja de serlo.
Netanyahu proclama por todos los medios que Irán tendrá su bomba
a mediados del año que viene y que, en consecuencia, hay que
intervenir ya. Como bien señala Robert Fisk, el notorio corresponsal
de guerra especializado en Oriente Medio, el premier israelí olvida
otras profecías de dirigentes israelíes, incluso una de él mismo.
El premier israelí dijo en 1996 que Irán tenía la bomba. El
actual presidente, Shimon Peres, predijo en 1992 que Teherán la
obtendría en 1995. Ehud Barak, quien dirigió la Operación Plomo
Fundido que segó la vida de miles de civiles palestinos, hoy
ministro de Defensa, afirmó en 1996 que Irán sería potencia nuclear
en el 2004. Como supo decir la escritora gala Elsa Triolet, para ser
profeta basta con ser pesimista, pero estos no se acuerdan bien del
futuro.
En tanto, según fuentes de inteligencia estadounidenses, Israel
entrena, arma y financia a terroristas iraníes para asesinar a
científicos nucleares de Irán y llevar a cabo otros atentados.
Pertenecen a la organización Mujaidines del Pueblo de Irán o MEK,
que figuraba hasta el primer semestre de este año en la lista de
entidades terroristas de EE.UU. y de la OTAN, hasta que aceptaron
desempeñar ese papel. Se ve que hay terroristas buenos.
Los operativos del MEK se atribuyen a la oposición, pero los
coordina el Mossad israelí. Se trata de las llamadas "operaciones
con bandera falsa", que permiten culpar a otros por las actividades
terroristas que un país promueve y organiza. Israel las practica
hace mucho y hoy admite —un ejemplo— que una célula terrorista
israelí que operaba en Egipto fue la que hizo estallar varias bombas
en lugares frecuentados por turistas de El Cairo y Alejandría en
1954, dejando en cada lugar "evidencias" de que los árabes las
habían plantado. La finalidad israelí era obstaculizar el
acercamiento EE.UU./Egipto, pero un artefacto estalló antes de lo
debido y permitió a la policía egipcia detener a los autores.
Algunos confesaron.
Poco costaría organizar una acción de esa naturaleza a fin de
apaciguar el apuro de Netanyahu. Robert David Steele, exagente de la
CIA y miembro de los servicios de inteligencia de la Marina, señaló
que algunos funcionarios del gobierno, empeñados en que la Casa
Blanca apoye una guerra contra Irán, podrían organizar con ese fin
una operación de bandera falsa. Total, qué les cuesta, sus
escritorios son muy cómodos.