Los dos se iniciaron en el campo y pista, llevados por una
tradición deportiva familiar. Ortega, a los 12 años en Artemisa,
inclinado por su abuela, la otrora velocista Cristina Echevarría
Echevarría, mientras O’Farrill comenzó a los nueve en Santa Marta,
municipio de Santa Cruz del Sur, Camagüey, movido por su padre,
quien practicó fútbol, además de contar con dos tíos peloteros y
otra especialista de medio fondo en el equipo nacional.
Para ellos este 2012 fue un año crucial en los resultados: Ortega
culminó sexto en la final olímpica de Londres, su primera incursión
en la magna justa del músculo, además de fijar su tope personal en
13.09 segundos; mientras O’Farrill se coronó en el Mundial Juvenil
de Barcelona, con récord de 13.18 para ese tipo de certamen (los
obstáculos tienen una altura de 99 centímetros por 1.0667 metros
para los mayores).
Tras unas merecidas vacaciones han llenado nuevamente el tanque
de combustible, con deseos y aspiraciones para iniciar su
preparación. Sus puntos en común trascienden, incluso, al plano
físico: el artemiseño mide 1.86 metros y pesa 74 kilogramos, en
tanto el camagüeyano tiene una talla de 1.83 y 70 kilogramos de
peso. Ambos necesitan incrementar la masa muscular para ganar en
potencia física, atacan la primera valla con siete pasos y, a pesar
de que en esta temporada mejoraron la arrancada, cuentan con la
segunda mitad de la carrera y el remate como armas fundamentales.
Ubicados en los carriles centrales —propios de los corredores con
mejores registros— y casi como si estuviéramos jugando una
simultánea de ajedrez, aceptaron contestar a Granma algunas
interrogantes sobre su excelente 2012:
¿El éxito cosechado fue reflejo de una buena preparación?
Ortega: "Muy buena, llegué en óptimo estado a la gira, aunque
solo pude competir dos veces en el circuito europeo, producto de una
pequeña ruptura en el bíceps medio derecho, de la cual la
recuperación fue excelente. Mi meta de cara a Londres estaba
trazada: ser finalista y la cumplí. Mucho enfoque y la conducción
acertada de mi entrenador Santiago Antúnez y el colectivo médico
también influyeron".
O’Farrill: "Este año el trabajo fluyó. Desde que comencé
pensaba en el Mundial Juvenil. Varias veces corrí cerca de 13.45
segundos y en el Centroamericano, una semana antes, cronometré
13.27. El entrenar todos bajo el mismo plan y correr acá junto a
Dayron Robles, Ortega y el resto de los preseleccionados fue de
mucha importancia".
A la hora cero...
Ortega: "La verdad, me quedé con las ganas. Fueron tres
pruebas en dos días, semifinal y final con menos de dos horas de
diferencia, mucha tensión e intensidad. En las dos primeras marqué
13.26, pero en la decisiva me faltó potencia al punto de que
técnicamente nunca había chocado con tantas vallas (cinco o seis
según recuerda)".
O’Farrill: "Solo pensé en seguir mi plan al pie de la letra.
En lo personal quería sacarme la espina de los I Juegos Olímpicos de
la Juventud, en Singapur, donde terminé quinto. Así comandé mi
heat con 13.44, luego hice el mejor tiempo de semifinales,13.28,
y cerré con el oro y plusmarca de 13.18".
De cara al futuro.
Ortega: "Continuar mejorando mi reacción, puliendo la
técnica. Mantenerme en la elite y sueño con ser campeón olímpico y
recordista del orbe. Hasta ahora no he hallado imposibles".
O’Farrill: "Primero buscar los tiempos de clasificación para
asistir al Mundial de Moscú el año próximo, o sea, bajar de 13.40.
Mejorar mi técnica en función de alcanzar esa meta. Si clasifico
sería un buen estreno entre los mayores. Trabajar con Antúnez y
atletas de gran nivel siempre me mantiene motivado".
Final de fotofinish para ambos, incluso, parecidos en sus
añoranzas. Confiemos en que poco a poco puedan materializarlas.