"Mis muchachos saben que cada minuto es fundamental si de verdad
queremos superar la actuación del pasado año y entregarle a la
afición el espectáculo que espera y merece toda Cuba" —afirma Juan
Miguel Gordo, mientras da ligeros pasos de uno a otro lados (tal y
como suele hacer en cada choque), instando mediante frases cortas y
enfáticas a realizar acciones más dinámicas, entusiastas y
efectivas.
Evidentemente, la concepción del entrenamiento le concede
prominente interés al estilo de juego rápido, soporte en no pocas de
las victorias conseguidas durante la última temporada, "pero también
este es el momento —insiste— de limar insuficiencias como las que
nos afectaron a la hora de elegir los lanzamientos para batear,
tanto en conteo favorable como desfavorable".
Terreno en buen estado y aseguramiento material aceptable, aunque
susceptible de mejorar aún de acuerdo con la intensidad del fogueo,
son también ingredientes con peso específico en la calidad de la
preparación.
Hombres consagrados, como Dánel Castro, Joan Carlos Pedroso y
Yoelkis Cruz devienen fuente de inspiración para los novatos y punto
de obligada referencia conductual para que todos suden la camiseta
ahora, pongan en tensión los músculos, demuestren la capacidad de
escuchar, y hagan bien las cosas.
El equipo necesita actuar así. Las anunciadas ausencias del
serpentinero abridor Dael Mejías, el relevista Rigoberto Cabrera
(ambos por razones de disciplina) y el torpedero Alexander Guerrero
(quien solicitó no jugar este año) obligan a no dilapidar tiempo y
energías que pueden hacer mucha falta después.
Los leñadores siguen armando su juego y "armándose" poco a poco
de lo necesario para "podar" del plano subjetivo estorbos de esa
índole, concentrar la atención en lo principal y replantar el
impetuoso ritmo que un año atrás tornó a este conjunto realmente
peligroso para cualquier rival.