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Golpe certero al desorden urbanístico
La acción de las autoridades y la participación
ciudadana confluyen en Jimaguayú, Camagüey, para devolverles a sus
comunidades buena parte del esplendor original
Miguel Febles
Hernández
Quien visita por estos días Jimaguayú no puede menos que
asombrarse y reconocer el cambio radical que, para bien, han tenido
sus comunidades, fruto del empeño de las autoridades locales y del
concurso popular, dirigido a restablecer el orden y la legalidad en
materia urbanística y medioambiental.
La
rehabilitación de los edificios y la eliminación de las ilegalidades
transforman poco a poco el ambiente comunitario.
El pequeño municipio camagüeyano, que apenas rebasa los 21 mil
habitantes, es, sin embargo, uno de los mayores productores de leche
de vaca del país, su primer rubro económico y fuente principal de
trabajo de los hombres y las mujeres del territorio, quienes se
enorgullecen de su estirpe ganadera.
Como parte del proyecto de la llamada cuenca lechera, junto a las
más de 300 vaquerías típicas construidas en aquellas legendarias
llanuras se levantaron cuatro comunidades (Jimaguayú, Rescate de
Sanguily, Quan Tree y Nicaragua), entre las cuales poseen un total
de 64 edificios multifamiliares.
En
la Comunidad Jimaguayú se estableció un área con las condiciones
necesarias para el trabajo por cuenta propia.
Al deterioro acumulado tras décadas de uso sin el debido
mantenimiento, se unieron las afectaciones provocadas por los
huracanes del 2008, que dañaron el 67 % del fondo habitacional,
disperso en 48 asentamientos rurales vinculados en su mayoría a
entidades económicas del municipio.
Recuperarse del golpe, restablecer los perjuicios y salir airosos
del percance, constituyó, pues, la primera prioridad para el pueblo
y los líderes locales, prestos a transformar el entorno comunitario
junto con el despertar del potencial productivo de sus cuatro
empresas ganaderas.
CUARTO DE DESAHOGO A LA INTEMPERIE
"En nuestras comunidades se acumularon los mismos problemas que
en otras partes del país sin un enfrentamiento oportuno: dondequiera
que la gente pudo armó un corral, levantó una cerca, sembró un
pedazo de tierra o construyó un local para cualquier propósito
adosado a los edificios".
Marisol Alcántara Estenoz, presidenta hace cinco años de la
Asamblea Municipal del Poder Popular en Jimaguayú y con una larga
trayectoria como delegada de circunscripción, asegura que revertir
tal panorama no resultó fácil, pero se logró a través de la
persuasión y la motivación de los vecinos.
"Lo primero que hicimos, recuerda, fue reunirnos con ellos,
escuchar sus pareceres y demostrarles que, lejos de resolver un
problema alimentario, la parte trasera de los edificios se había
convertido en un vertedero donde se botaba todo lo inservible, es
decir, una especie de cuarto de desahogo a la intemperie".
Así se fue avanzando edificio a edificio, calle a calle, primero
en la Comunidad Jimaguayú, la más complicada en tanto cabecera
municipal, y luego en los otros tres asentamientos principales,
hasta concluir la higienización total del territorio y el
mejoramiento de sus espacios públicos y áreas verdes.
"Siempre hubo quejas o cierto rechazo en algunos, confiesa
Alcántara Estenoz, sobre todo por aquellas personas que habían hecho
construcciones sólidas, pero a la larga comprendieron, no hubo que
multar a nadie, y al final se logró el propósito de devolverle la
vitalidad y belleza a cada lugar".
UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA
El enfrentamiento resuelto a las ilegalidades en Jimaguayú ha
estado acompañado, de manera simultánea, de un serio programa de
rehabilitación integral de los edificios, que incluye, entre otros,
la impermeabilización de los techos, el cambio de la carpintería en
puertas y ventanas, y la pintura de los inmuebles.
Para proceder a los trabajos, se discutió y se exigió la
erradicación de todas las violaciones, explica Míriam Vázquez
Guerra, directora municipal de la Vivienda, quien asegura que fueron
eliminadas 49 construcciones ilegales.
A modo de ejemplo, solo en la Comunidad Jimaguayú se han
rehabilitado doce de sus quince edificios, un cambio significativo
que ha incidido también en otra manera de actuar por parte de los
pobladores, ahora mucho más cuidadosos de las áreas comunes y
respetuosos de las regulaciones urbanísticas.
De ello da fe Magalys Leyva Yero, directora municipal de
Planificación Física, organismo unificador de las voluntades locales
para reducir, hasta eliminar, el inventario inicial de 320
ilegalidades, ahora actualizado y aprobado por el Consejo de la
Administración Municipal como plan integral de enfrentamiento.
"Hoy se respira un ambiente diferente, comenta, pues unido a la
positiva respuesta de la población existe también una mayor
comprensión por parte de los directivos de que son ellos los máximos
responsables de no permitir que en sus entidades se transgreda lo
legislado y se repitan los mismos problemas".
CADA AVE... A SU POLLERO
Refiere Leyva Yero que aparejado a todo el proceso de
erradicación de ilegalidades, se seleccionó un área cercana a cada
comunidad para facilitar que las personas pudieran criar sus
animales en condiciones adecuadas, opción acogida con beneplácito
por la mayoría.
"Considero que esta decisión es muy buena, porque detrás de los
edificios es verdad que había mucho desorden, basura, roedores y
malos olores. Ahora todo se ve más bonito y limpio", dice Rebeca
Riverón Labrada mientras alimenta a sus gallinas a escasos 300
metros del apartamento donde reside.
En el área de cría destinada a la Comunidad Jimaguayú más de 60
vecinos tienen sus parcelas, donde construyeron los polleros, crían
cerdos y carneros, tienen pequeños sembrados, con esfuerzo común
iluminaron la zona, garantizaron el abasto de agua y no se ha
reportado la pérdida de ningún animal.
"El pueblo, opina Pascual Verdecia Pozo, estuvo mayoritariamente
de acuerdo con lo que se ha hecho. El cambio, para bien, ha
beneficiado a todos". |