La Medicina relacionada con los accidentes cerebrovasculares, que
representan la tercera causa de muerte en nuestro país, desarrolla
cada día nuevas y mejores terapias que evitan no pocas muertes y
severas incapacidades en estos pacientes.
En consonancia con los más recientes avances científicos el
Ministerio de Salud Pública (MINSAP), en las transformaciones
necesarias que viene realizando, ha creado hasta el presente 22
salas de ictus en todas las provincias del país, excepto Artemisa,
Mayabeque y el municipio especial Isla de la Juventud, que permiten
un tratamiento altamente especializado.
Las salas están ubicadas fundamentalmente en los municipios
cabeceras de provincia. En La Habana se sitúan en el Instituto de
Neurología, y los hospitales Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras,
Enrique Cabrera, Miguel Enríquez y Salvador Allende.
El concepto de ictus, o su sinónimo apoplejía, se refiere a
enfermedades que afectan al sistema nervioso de forma súbita y
violenta, pero en la práctica su uso se ha limitado a las
enfermedades cerebrovasculares, tanto en su forma isquémica
(disminución transitoria o permanente del riego sanguíneo) como
hemorrágica.
Resumidamente, el término ictus abarca los procesos agudos,
isquémicos o hemorrágicos, que se originan en el cerebro.
En Cuba se reportan cada año alrededor de 22 mil ictus, como
resultado de los cuales fallecen más de 8 mil 600 personas.
La coordinadora nacional del Programa de Enfermedades
Cerebrovasculares del MINSAP, doctora Esther Pallarols Mariño, puso
de relieve la importancia de que la población conozca las "señales
de alarma" del ictus y pueda solicitar con prontitud la valoración
médica, y también los factores de riesgo que conducen al
desencadenamiento de esta enfermedad.
En cuanto a los síntomas de alarma refirió que "debe pensarse en
un ictus" cuando aparecen de forma súbita alguna de las siguientes
manifestaciones: pérdida de fuerza o entumecimiento de las
extremidades (sobre todo si son las dos del mismo lado); dificultad
para hablar o entender; pérdida de la visión de uno o ambos ojos y
del equilibrio o dificultad para la marcha; y dolor de cabeza no
habitual y de gran intensidad.
Los riesgos de padecer un ictus se relacionan con las personas
mayores de 65 años, colesterol elevado, hipertensión arterial,
diabetes mellitus, arritmias cardíacas, fumadores, personas que
abusan del alcohol o tuvieron un ictus previamente. También son
perjudiciales una dieta con exceso de sal o grasa animal, el estrés
sostenido y la falta de ejercicios físicos.
La doctora Pallarols Mariño indica que prevenir el ictus será
siempre mucho mejor que aplicar terapéuticas cuando la enfermedad se
ha desencadenado. Y existen medidas eficaces de prevención, dice, y
refiere que la modificación de los estilos de vida incluye el
abandono del tabaquismo, la reducción del peso en pacientes con
sobrepeso y obesidad, la moderación del consumo de alcohol, la
actividad física y el incremento de la ingestión de frutas y
vegetales.
Estas simples medidas son útiles también para controlar varios
factores de riesgo de muchas de las enfermedades no trasmisibles,
que son responsables del 70,7 % del total de los fallecidos
anualmente en Cuba.