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Estación Experimental del Tabaco
Calidad con aroma a ciencia
Vincular efectivamente la labor de
investigación a las producciones, una de las premisas de los
Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido, es desde
hace tiempo una realidad en esta institución pinareña
RONALD SUÁREZ RIVAS
Tan destacada como su labor investigativa, ha sido su capacidad
para llevar al surco los resultados del trabajo científico.
En
la estación pinareña se han obtenido más de diez variedades
resistentes a plagas y enfermedades.
Por ello, la Estación Experimental del Tabaco, de San Juan y
Martínez, en Pinar del Río, junto a la creación de más de una decena
de variedades y el establecimiento de normas técnicas para un
cultivo que durante siglos se fomentó de manera empírica, posee el
mérito de haber ayudado decisivamente a que una de las producciones
más emblemáticas de Cuba haya podido subsistir.
Así ha sido desde su surgimiento, hace 75 años, cuando una
epidemia en la zona central del país, originada por la gran
heterogeneidad de semillas que se estaban usando —obtenidas por los
propios campesinos sin ningún criterio técnico— amenazaba con
arruinar las vegas tabacaleras.
La creación de la estación permitiría, entonces, rescatar la
variedad que había hecho famoso al tabaco cubano y que desde acá se
asumiera la propagación de semillas de alta pureza genética.
Unido a ello, daría inicio al estudio sobre el manejo del
cultivo, a fin de unificar los criterios sobre cuestiones clave
como: el riego, la fertilización, la recolección, el secado y la
fermentación de las hojas.
INVESTIGACIONES AL SURCO
Aún así, el Doctor en Ciencias Nelson Rodríguez López, director
del centro, reconoce que hasta la década del noventa, hubo cierto
distanciamiento entre las instituciones relacionadas con la
actividad tabacalera.
La
variedad Corojo 2006, luego de cuatro años de prueba, abarcará en la
próxima cosecha más de 13 mil hectáreas.
"La parte administrativa marchaba por un lado y los científicos
por otra. A veces se realizaban investigaciones que no estaban
enfocadas a resolver los principales problemas del sector y también
había resultados engavetados".
Sin embargo, para ese momento, el moho azul —que desde la campaña
de 1979-1980 había empezado a causar grandes estragos—, se había
hecho resistente a los productos químicos.
De modo que fue preciso crear y propagar nuevas variedades.
"Ello llevó, además, a identificar a un grupo de productores
líderes, o sea, de campesinos que tradicionalmente se hubieran
destacado y que estuvieran dispuestos a introducir los resultados
científicos", recuerda Nelson.
"El éxito fue incuestionable y, a partir de ahí, se rompió la
inercia con las investigaciones engavetadas".
De esa manera, se allanaría el camino para la introducción de
otros aportes realizados por la estación como: la cura controlada,
el establecimiento de normas técnicas a partir de los estudios
realizados sobre riego, el diagnóstico nutricional y de cosecha, la
rotación de cultivos en suelos tabacaleros, la siembra en doble
hilera, y el fomento de más de diez nuevas variedades obtenidas
aquí, tanto de tabaco negro (para el torcido), como de burley y
virginia (para la cigarrería).
Entre ellas el Criollo 98 y el Corojo 99, dos de las más
extendidas en Vueltabajo, resistentes al moho azul, y el Corojo
2006, con un mayor nivel de resistencia que sus predecesoras a la
pata prieta, que luego de cuatro años de pruebas, abarcará en la
próxima cosecha más de 13 mil hectáreas.
EL QUE PERSEVERA...
"Esto no significa que implementar los resultados de las
investigaciones siempre resulte sencillo", advierte el máster en
Ciencias Vivaldo García Morejón.
"Obtener una variedad nueva (Vivaldo es autor de seis), mediante
cruzamientos, demora alrededor de diez años, y después hay que
probarla en el campo para comprobar sus bondades, porque no es lo
mismo cultivar 3 000 plantas en la estación, en condiciones ideales,
que 100 mil, en una vega.
"Luego de la cosecha hay que verificar que el aroma y el sabor
son idénticos al que tradicionalmente ha tenido el tabaco cubano. De
lo contrario, por muy buenos que sean el comportamiento agrícola y
la resistencia a las plagas, hay que descartarlas.
"Más de una vez ha sucedido con variedades lindísimas que después
no han pasado estas pruebas", explica Vivaldo.
Por tanto, para extender un resultado, el especialista considera
que es imprescindible la perseverancia de los investigadores.
"Uno tiene que demostrar en la práctica lo que ha hecho. Hay
investigadores que no quieren salir de las oficinas y en ellas es
imposible convencer a alguien de la importancia de su trabajo. Ese
distanciamiento hace que en ocasiones los estudios no estén
enfocados a resolver las necesidades de la producción.
"Teniendo esto en cuenta, nuestra estación siempre ha estado
estrechamente vinculada a los campesinos. Sabemos qué necesitan y de
ese banco de demandas tecnológicas salen nuestras líneas de
investigación", comenta el director del centro.
En la actualidad son 20 los proyectos destinados, entre otras
cuestiones, al mejoramiento genético, el empleo de microrganismos
bioestimulantes, la reducción de la dependencia de los agroquímicos,
y la obtención de capa al sol, algo que evitaría la necesidad de
usar tela para tapar las plantaciones y, por consiguiente,
abarataría los costos.
En todos los casos, más de 30 productores líderes, seleccionados
en las mejores cooperativas de la provincia, han aceptado extender
en sus plantaciones los resultados de las distintas investigaciones
y, a partir de ellos, generalizarlos al resto de los tabacaleros¼
Según el director de la institución, se trata de un trabajo
ordenado, regulado mediante un contrato en el que se tiene en cuenta
la producción obtenida en los últimos años en las áreas sometidas a
los experimentos, a fin de poder indemnizar a los campesinos en caso
de que alguna de las pruebas no salga bien.
Gracias a este esfuerzo conjunto, a pesar de las enfermedades que
obligaron desde hace tiempo a reemplazar las variedades
tradicionales, y a buscar constantemente el desarrollo de plantas
más resistentes, el tabaco cubano ha podido conservar su textura y
un aroma inconfundible que durante siglos le ha valido para ser
considerado como el mejor del mundo. |