La inocencia de los musulmanes es el título del filme
usamericano dirigido por un tal Sam Bacile, que difama al profeta
Mahoma y que ofende a todos aquellos que profesan la fe musulmana.
¿Quién es Sam Bacile? No se sabe. El director del filme, quizás
temiendo represalias, se escondió en el anonimato. Se sospecha que
él y el productor Nakoula Basseley Nakoula, cristiano copto que vive
en California, sean la misma persona.
Las escenas del filme van desde la grosería hasta la pornografía.
En una de las escenas una anciana afirma: "Tengo 120 años. Nunca
conocí a un asesino criminal como Mahoma. Mata hombres, captura
mujeres y niños, roba a las caravanas, y vende a los niños como
esclavos después de haber abusado de ellos".
¿Conoce usted algún cristiano que oiría gustoso algo parecido
respecto a Jesucristo? ¿O a algún judío respecto de Moisés o David?
Apenas dado a conocer el filme por Internet, se produjo una ola
de protestas en los países musulmanes. Y fue asesinado el embajador
de los EE.UU. en Libia. Fueron asaltadas e incendiadas las
legaciones de algunos países occidentales en Egipto, Túnez,
Indonesia, Irán, Yemen y Bangladesh.
El filme de Sam Bacile es, desde luego, una ofensa grave a todos
los que creen en Mahoma como portador de revelaciones divinas.
Hillary Clinton, secretaria de Estado de los EE.UU., calificó el
filme como "repugnante y condenable", pero añadió que EE.UU. debe
respetar la libertad de expresión...
Supongamos que se pasara por Internet un filme mostrando a Mónica
Lewinsky teniendo sexo oral con Bill Clinton. ¿Cómo reaccionaría
Hillary? ¿Libertad de expresión?
¿Por qué la familia real británica no actúa con la misma lógica
de Hillary Clinton y suspende el proceso judicial contra la Closer,
revista francesa que publicó fotos de la princesa Kate Middleton
haciendo topless en una playa privada? ¿No hay que respetar
la libertad de expresión?
Toda libertad tiene límites: el respeto a la dignidad y a los
derechos ajenos. Nadie es libre para patear famas, evadir impuestos,
ofender a la progenitora de alguien, sea quien sea. Ciertas
actitudes negativas podrían ser incluso legales, como producir
filmes pornográficos, pero son indecentes e injustas. ¿Cómo
reaccionarían los cariocas si de repente vieran el Cristo del
Corcovado con el rostro recubierto con una máscara del diablo?
¿Libertad de expresión?
Desde la caída de las torres gemelas, en el 2001, EE.UU. inocula
en su población un profundo prejuicio hacia los musulmanes. Ese
caldo de cultivo favorece el que se hagan producciones
cinematográficas como la de Sam Bacile. En vez de enviar soldados
para resguardar las legaciones diplomáticas estadounidenses en el
exterior, la Casa Blanca debiera pedir solemnemente disculpas a los
musulmanes y retirar dicho filme de la circulación.
La libertad debe ser necesariamente contextualizada. Se puede ir
a la playa en hilo dental o en bermudas. Pero no al trabajo o a la
iglesia. Hoy puedo criticar a los dioses del Olimpo griego y la
promiscuidad sadomasoquista en la que vivían; pero hubiera sido
gravísimo que lo hiciera en Atenas cuatro siglos antes de Cristo.
La Constitución brasileña es primorosa cuando trata de la
libertad de expresión. Reza en su artículo 5° , inciso IV: "Es libre
la manifestación del pensamiento, estando prohibido el anonimato".
¿Por qué se esconde Sam Bacile en el anonimato? Porque sabe que
ha cometido una grave ofensa y no quiere cargar con las
consecuencias. (Fragmentos tomados de Adital)