Entre el optimismo y el escepticismo se debate el columnista
estadounidense David Brooks cuando habla del movimiento Ocupa Wall
Street. Como él, muchos comparten sentimientos encontrados. A un año
del inicio de las protestas, ¿han avanzado en alguna dirección? ¿Qué
es lo que pretenden y cómo piensan lograrlo?
Las manifestaciones nacieron en el distrito financiero de Nueva
York, para clamar contra la crisis económica y los abusos del sector
bancario. Condenan fundamentalmente el poder omnímodo de las
empresas, las evasiones fiscales del 1 % más rico y la desigualdad
social.
Los indignados estadounidenses han recibido el apoyo de
destacados intelectuales, como Noam Chomsky y el cineasta Michael
Moore. Yoko Ono dijo que "si John Lennon siguiera vivo, estaría
liderando la revolución".
Al plantón inicial efectuado en Nueva York se sumaron otras
ciudades, como San Francisco, Los Ángeles, Seattle. Sin embargo,
Michael Moore recuerda que "el objetivo es ocupar Wall Street".
"Los demás Ocupa que surgieron solidariamente por todo el país
atacan los tentáculos y los síntomas de la bestia, pero la cabeza
del monstruo debe ser cortada en su guarida. Esa guarida está en el
bajo Manhattan, el lugar en donde el movimiento nació, y en donde
debe continuar existiendo".
Noam Chomsky ha dicho que nunca había visto nada como Ocupa, ni
en tamaño ni en carácter. Entre los éxitos del movimiento destaca el
cambio dentro del discurso nacional. Ocupa Wall Street cristalizó
preocupaciones y miedos que estuvieron presentes durante largo
tiempo como resultado de los cambios en el sistema socioeconómico.
"El 99 % y el 1 %, la desigualdad, el carácter absurdo de las
elecciones compradas, las trampas corporativas que han provocado la
crisis actual y han estado oprimiendo a la gente por mucho tiempo,
las guerras en otros países y así sucesivamente".
El lingüista norteamericano habla también de un cambio "profundo,
mucho más profundo", que él ve como lo más significativo del
movimiento: el desarrollo de comunidades. Estamos hablando de un
país altamente atomizado, donde las personas se encuentran
básicamente solas. Se puede odiar todo lo que está pasando, pero no
se cree que se pueda hacer nada al respecto. Romper con eso —dice
Chomsky— y construir comunidades de apoyo mutuo en todo el país, es
en sí mismo un avance significativo.
La espontaneidad del movimiento ha sido al mismo tiempo criticada
y alabada. Michael Moore considera un éxito el hecho de que no hayan
creado un orden formal. "Gracias a que no crearon una organización
jerárquica con reglas, cotizaciones, estructuras, y voceros
oficiales esos jóvenes abrieron un espacio dentro del cual la gente
pudo sentirse parte de una rebelión por el simple hecho de
apoyarla".
No obstante, esa falta de organización no ha conducido al
movimiento a conseguir resultados. A fin de cuentas, no se trata de
protestar hasta el infinito sino de lograr algún propósito.
Marcello Musto, politólogo y filósofo italiano, en entrevista con
Punto Final, aseguró que indignarse no es suficiente. "Tengo un gran
respeto por las movilizaciones contra el modelo en distintas partes
del mundo, pero pienso que la lucha de los indignados no tiene un
sentido anticapitalista".
Así, sería oportuno poner sobre el tapete algo que el argentino
Néstor Kohan ha dicho sobre los movimientos sociales, y que es
válido para analizar a Ocupa. Cualquier reclamo de guetto
particular, si no apunta contra el sistema en su conjunto, es no
solo neutralizable, sino "integrable y asimilable en función de la
dominación".
El filósofo marxista observa que si se separa la dominación
patriarcal de la dominación de clase, el racismo del colonialismo,
la destrucción sistemática del medio ambiente de la "racionalidad"
irracional de la acumulación capitalista, los movimientos sociales
corren el riesgo de transformarse en una microsecta.
El mundo enfrenta una crisis estructural del capitalismo que no
tiene solución dentro del sistema. "Para el capital la crisis no es
un problema —insiste Musto—sino una solución, pues permite destruir
las conquistas sociales y profundizar los niveles de explotación. La
necesidad de superar la crisis la tienen los trabajadores".
Si la izquierda se plantea realizar solo transformaciones
superficiales e insiste en defender y administrar los desastres del
capitalismo —añade— significará su autodestrucción y el
fortalecimiento de la extrema derecha, que en la actualidad es muy
fuerte en Europa. Hay que oponerse al capitalismo y plantear una
alternativa.