En las manos de los venezolanos está su destino: continuar el
proceso revolucionario, o entregar el país a la oligarquía y a las
transnacionales. En la ecuación de poderes, un triunfo de la derecha
no solo significaría un retroceso de todo cuanto se ha alcanzado en
14 años de Revolución Bolivariana, sino también la posibilidad del
retorno de una gran ola contrarrevolucionaria para el continente.
En el plano externo, el proceso electoral en el país sudamericano
presenta otra decisión medular: si continúa la política de
integración, sobre la base de la colaboración entre los pueblos, de
la cual ha sido vanguardia el Gobierno bolivariano; o se quiebra esa
línea en Nuestra América.
En las urnas se enfrentarán el Gran Polo Patriótico (GPP),
conglomerado de partidos y organizaciones que apoyan la candidatura
del actual presidente, Hugo Chávez Frías; y desde la oposición, la
derechista Mesa de la Unidad Democrática (MUD), cuyo candidato,
Henrique Capriles Radonski, es respaldado por los grandes grupos
económicos de la burguesía, estrechamente ligada a Estados Unidos.
El resto de los candidatos son: María Bolívar, Partido Democrático
Unido por la Paz y la Libertad; Orlando Chirino, Partido Socialismo
y Libertad (PSL); Rafael Uzcátegui, Patria Para Todos (PPT); Yoel
Acosta Chirinos, Movimiento Vanguardia Bicentenaria Republicana (VBR);
Luis Reyes, Organización Renovadora Auténtica (ORA); y Reina Sequera,
Poder Laboral (PL).
La propuesta del candidato de la Patria, Comandante Hugo Chávez,
para la gestión Bolivariana Socialista 2013-2019, fue presentada por
el propio mandatario cuando se registró como aspirante a la
reelección en junio pasado. El programa contiene cinco grandes
objetivos estratégicos, que se convertirán en el II Plan Socialista
de la Nación "Simón Bolívar". Entre las ideas contenidas en la
propuesta —sometida a escrutinio público— se encuentran consolidar
la independencia nacional, continuar la construcción del Socialismo
Bolivariano, convertir a Venezuela en una potencia no solo
económica, sino también social y política; contribuir al desarrollo
de una nueva geopolítica internacional que defienda la visión de un
mundo pluripolar, así como la preservación de la vida en el planeta
y la salvación de la especie humana.
Esta es, a grandes rasgos, la propuesta de gestión del Gobierno
para los próximos seis años, formulada en pos de la continuidad del
proceso revolucionario, el mismo que ha impulsado grandes proyectos
sociales y se ha proyectado hacia una mayor expansión en
inversiones, programas de salud, educación, viviendas, servicios
públicos, incremento de pensiones y desarrollo de misiones, entre
otros.
La "contrapartida" de la oposición pretende aplicar un paquetazo
neoliberal que echaría por tierra los esfuerzos en pos del
desarrollo equitativo de la sociedad venezolana. El programa
económico presentado por Capriles, denominado Lineamientos del
Programa de Gobierno de la Unidad Nacional, "pretende reeditar las
fórmulas neoliberales en contravía al bienestar de la población",
según señaló el director del Grupo de Investigación Social Siglo XXI
(GIS XXI), Jesse Chacón.
La fórmula derechista es la misma que fuera instalada en
Venezuela años atrás. Bajo el cartelito de "progresista" diseña
medidas orientadas, por ejemplo, a la privatización de los activos
públicos en beneficio del capital privado, y en ese intento, plantea
redirigir las prioridades del Estado.
Es un proyecto que propone abiertamente desmantelar el poder
económico estatal, y, por si fuera poco, la eliminación gradual de
los programas sociales con el pretexto de que son un gran costo para
el Estado.
En este sentido, Chacón advierte que "como clásica receta
económica neoliberal, el programa busca crear las condiciones para
desmontar gradualmente los derechos sociales por la vía de la
austeridad financiera y el recorte del gasto". Es por ello que
muchos analistas políticos califican a Capriles como el "Rajoy
caribeño", en relación con los recortes implementados por el
mandatario español.
En el plano político de la Venezuela de hoy están planteada la
ecuación: dos modelos de desarrollo, uno basado en la participación
popular, y otro conformado por políticos vinculados al viejo
ejercicio del poder de la burguesía. Son los ciudadanos quienes
decidirán cuál rumbo tomar.