Haciendo honor a la defensa que hace del protagonismo del actor
en el hecho teatral —sin desdorar los aportes de otras
experiencias—, el encuentro reunió varias puestas que subrayan la
significación del actor, en su solitario pero expansivo combate en
escena.
Entre los unipersonales ya vistos vale destacar Un jesuita de
la literatura, por el grupo Teatro El Público. El monólogo
surgido a partir de un relato póstumo de Virgilio Piñera, llega en
una versión de Norge Espinosa y Osvaldo Doimeadiós (también
protagonista) bajo la dirección de Carlos Díaz. Con ese instinto de
transformar lo que toca en puro arte sobre las tablas, entrega ahora
un trabajo, donde la meticulosa preparación del escenario y la labor
actoral ocupan primeros planos enfocando el mundo creativo del
artista.
El Trac, interpretado por Alexis Díaz de Villegas, recrea un
personaje fogueado por muchos años sobre la escena, que tiene en el
bolsillo, y al que saca la máxima expresividad, porque siempre lo ha
visto como un reto que sobrepasa sin límites, con talento y
profesionalismo, así como La boca, por Teatro El Taller.
Desde Cienfuegos, el grupo Teatro de Títeres Retablos regresó con
El ruiseñor, hermosa pieza de Christian Medina, basada en el
cuento homónimo de Hans Christian Andersen. En esta versión, con
nuevos personajes y otra dinámica visual, hay una extrema gracia,
habilidad e inteligencia para combinar los planos, yuxtaponer la
animación de los muñecos a la acción en vivo: la nueva sala Virgilio
Piñera fue perfecta para lograr la intimidad con él y los títeres de
diversas técnicas, que llevan sus huellas de artesano.
El grupo camagüeyano Endedans, dirigido por la creativa
coreógrafa Tania Vergara ocupó las tablas del teatro Principal en
otra noche alta donde, esta vez la danza fue protagonista. Cuatro
piezas bastaron para enseñar su garra creativa, donde el flujo de
energías, la búsqueda de códigos variados/orgánicos, máxima
teatralidad, y un discurso atractivo desde el movimiento, que junto
a la técnica/entrenamiento de los bailarines conforman una de las
más interesantes agrupaciones danzarias de Cuba.
Las diversas tablas "prestadas" al Festival daban paso en los
últimos momentos a obras como La hora del té, de Freddy Núñez
Estenoz, del Teatro del Viento (Camagüey) quien con una manera
creativa de hacer, donde se mezcla la animación, la danza, el
movimiento, la actuación, y una labor de conjunto, demuestra el buen
camino de la agrupación. Dragón de oro, de Teatro de la Luna,
Canción para estar contigo, Teatro de las Estaciones,
Historias con sombrillas, de Teatro Pálpito, Aire Frío,
Argos Teatro, Blancanieves, Los Cuenteros, y algunas
otras. Soñábamos con el don de la ubicuidad...
El 14. Festival Nacional de Teatro se despide con un hasta luego,
sustentado como una cita auténticamente nacional, que resulta punto
de referencia y confrontación imprescindible. Ha sido exitoso desde
todos los puntos de vista. Los Encuentros con la crítica, devenidos
Trueques entre la escena y la crítica, constituyeron un foro público
de intercambio necesario que no cesa de buscar/aspirar la perfección
por medio del diálogo. La reflexión acerca de la escena existe en
este ámbito y con luces, y dio pruebas en estos días de variedad,
amor, sinceridad y mucho conocimiento. Plástica, cine, danza... ,
todas las artes se reunieron en torno al teatro. No cabe dudas de
que no existe mejor lugar que este para seguir entregando a la
creación y a ese público que muy ávido, se merece este regalo
bienalmente, que llega desde muchos puntos del país.