Festival Nacional de Teatro

Camagüey, el epílogo

TONI PIÑERA

CAMAGÜEY.— Cuando ya la 14ta. edición del Festival Nacional de Teatro de esta ciudad se acerca al aplauso de despedida hoy sábado, se siguen respirando intensas jornadas de funciones repletas.

Foto: Yuri NóridoOsvaldo Doimeadiós en Un jesuita de la literatura.

Haciendo honor a la defensa que hace del protagonismo del actor en el hecho teatral —sin desdorar los aportes de otras experiencias—, el encuentro reunió varias puestas que subrayan la significación del actor, en su solitario pero expansivo combate en escena.

Entre los unipersonales ya vistos vale destacar Un jesuita de la literatura, por el grupo Teatro El Público. El monólogo surgido a partir de un relato póstumo de Virgilio Piñera, llega en una versión de Norge Espinosa y Osvaldo Doimeadiós (también protagonista) bajo la dirección de Carlos Díaz. Con ese instinto de transformar lo que toca en puro arte sobre las tablas, entrega ahora un trabajo, donde la meticulosa preparación del escenario y la labor actoral ocupan primeros planos enfocando el mundo creativo del artista.

El Trac, interpretado por Alexis Díaz de Villegas, recrea un personaje fogueado por muchos años sobre la escena, que tiene en el bolsillo, y al que saca la máxima expresividad, porque siempre lo ha visto como un reto que sobrepasa sin límites, con talento y profesionalismo, así como La boca, por Teatro El Taller.

Desde Cienfuegos, el grupo Teatro de Títeres Retablos regresó con El ruiseñor, hermosa pieza de Christian Medina, basada en el cuento homónimo de Hans Christian Andersen. En esta versión, con nuevos personajes y otra dinámica visual, hay una extrema gracia, habilidad e inteligencia para combinar los planos, yuxtaponer la animación de los muñecos a la acción en vivo: la nueva sala Virgilio Piñera fue perfecta para lograr la intimidad con él y los títeres de diversas técnicas, que llevan sus huellas de artesano.

El grupo camagüeyano Endedans, dirigido por la creativa coreógrafa Tania Vergara ocupó las tablas del teatro Principal en otra noche alta donde, esta vez la danza fue protagonista. Cuatro piezas bastaron para enseñar su garra creativa, donde el flujo de energías, la búsqueda de códigos variados/orgánicos, máxima teatralidad, y un discurso atractivo desde el movimiento, que junto a la técnica/entrenamiento de los bailarines conforman una de las más interesantes agrupaciones danzarias de Cuba.

Las diversas tablas "prestadas" al Festival daban paso en los últimos momentos a obras como La hora del té, de Freddy Núñez Estenoz, del Teatro del Viento (Camagüey) quien con una manera creativa de hacer, donde se mezcla la animación, la danza, el movimiento, la actuación, y una labor de conjunto, demuestra el buen camino de la agrupación. Dragón de oro, de Teatro de la Luna, Canción para estar contigo, Teatro de las Estaciones, Historias con sombrillas, de Teatro Pálpito, Aire Frío, Argos Teatro, Blancanieves, Los Cuenteros, y algunas otras. Soñábamos con el don de la ubicuidad...

El 14. Festival Nacional de Teatro se despide con un hasta luego, sustentado como una cita auténticamente nacional, que resulta punto de referencia y confrontación imprescindible. Ha sido exitoso desde todos los puntos de vista. Los Encuentros con la crítica, devenidos Trueques entre la escena y la crítica, constituyeron un foro público de intercambio necesario que no cesa de buscar/aspirar la perfección por medio del diálogo. La reflexión acerca de la escena existe en este ámbito y con luces, y dio pruebas en estos días de variedad, amor, sinceridad y mucho conocimiento. Plástica, cine, danza... , todas las artes se reunieron en torno al teatro. No cabe dudas de que no existe mejor lugar que este para seguir entregando a la creación y a ese público que muy ávido, se merece este regalo bienalmente, que llega desde muchos puntos del país.

 

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