Miles
de gendarmes y soldados libaneses están encargados de evitar que la
violencia que envuelve al mundo islámico se aproxime al papa
Benedicto XVI, quien hoy comenzó una visita esperada en El Líbano
por generaciones.
El Sumo Pontífice se ha impuesto la misión de reconstruir la
concordia entre los creyentes de las dos religiones monoteístas más
numerosas del planeta: islámicos y cristianos, en un país en el cual
con frecuencia la religión ha sido empleada para justificar los
afanes políticos.
Benedicto XVI fue recibido en el aeropuerto internacional de
Beirut por el presidente libanés, Michel Suleimán, un cristiano
maronita (católicos orientales) él mismo un símbolo de la división
confesional que tan caro ha costado a este pequeño y atormentado
país del Medio Oriente en el cual los musulmanes son la mayoría.
Acorde con estimados, los cristianos libaneses constituyen poco
más del 35 por ciento de la población; el resto son musulmanes de
diversas escuelas de pensamiento: chiíta, sunitas, drusos y alawitas.
En El Líbano los cargos más importantes, presidencia de la
República, jefatura del Ejército y de los servicios de inteligencia,
están reservados a miembros de esa iglesia, al igual que un número
importante de asientos en el Poder Legislativo.
Tal vez por ello se espera que el heredero del trono de Pedro
contribuya a lograr una mayor armonía entre islámicos y católicos,
justo en momentos en que el Medio Oriente y otras zonas del mundo
donde los musulmanes son mayoría arden por la difusión en Estados
Unidos de una película considerada insultante para el profeta
Mahoma.
Ello, sin hacer alusiones políticas que puedan resultar
urticantes para las otras confesiones, lo que explica que las
primeras declaraciones del Papa hayan sido una exhortación a todos
los pueblos del Medio Oriente a que "vivan en paz y hermandad".
El programa papal incluye entrevistas con prelados musulmanes,
además de la firma del acuerdo postsionadal de los obispos católicos
del Medio Oriente, adoptado en 2010, y que recoge el derecho de los
palestinos a un Estado propio.
Vísperas de su viaje a El Líbano, la Organización para la
Liberación de Palestina solicitó a Benedicto XVI que tuviera en
cuenta durante su estancia a los miles de refugiados de ese país que
viven aquí como parias, sujetos a frecuentes ataques del ejército
israelí.
Es improbable que el obispo de Roma pueda satisfacer la petición,
teniendo en cuenta su avanzada edad y los requerimientos de
seguridad que su desplazamiento demandaría.