Por eso, no solo han comenzado con suficiente tiempo este año las
reparaciones, sino que además lo están haciendo ceñidos a un
criterio más preciso de la planificación, mayor control de los
recursos que llegan y exigencia a favor de un mejor uso de ellos.
Según explica Ilán Delgado, jefe de producción allí, a diferencia
de otras etapas y tomando en cuenta las lecciones de experiencias
anteriores, ahora se acometen solo las inversiones necesarias, de
manera que los mayores esfuerzos se concentren en reparar y alistar
lo verdaderamente indispensable para asegurar una buena arrancada y
el funcionamiento estable de la industria.
Con esa óptica, 194 trabajadores renunciaron a sus vacaciones
para incorporarse en agosto a las faenas, conscientes de que, si no
se actúa oportunamente sobre la ruta crítica de la pasada contienda
(áreas de basculadores y molinos), el central puede caer en el mismo
bache que condujo a aquella pérdida de tiempo "irreparable".
"Por eso —añade Ilán—, tenemos en cada lugar la cantidad de
hombres que hacen falta, durante el tiempo necesario, según la
envergadura de los trabajos y la existencia de los recursos, para
avanzar todo cuanto sea posible y poder comprobar a tiempo la
capacidad real de nuestro central para moler bien, generar vapor y
sincronizar adecuadamente los turbogeneradores. La decisión, por
tanto, es arrancar cuando de verdad el ingenio esté listo".
Últimos en terminar la pasada zafra y entre los primeros que
deben iniciar esta, quienes ponen a moler al coloso no tienen otra
alternativa que defender con calidad hasta el último centavo de los
cinco millones de pesos que en monto redondo precisa la reparación,
sin incluir inversiones como las que avanzan con paso favorable hoy
en la casa de bagazo (al 74% ya) o la tubería de vapor directo para
mejorar la base energética y reducir pérdidas.
Que los mayores problemas de la última contienda se hayan
localizado en basculadores y molinos, sobre todo en los conductores
de arrastre, no significa subestimar otras áreas que también deciden
para que la industria funcione con arreglo a las 9 200 toneladas de
caña que registra su norma potencial.
El país seguirá necesitando todo el azúcar que sus ingenios sean
capaces de obtener sobre la base del más óptimo aprovechamiento de
la caña que tributen las plantaciones. Diciembre, al parecer "lejos
aún", aunque en verdad "ahí: a las puertas", ofrecerá la posibilidad
de afincar los pies y superar con resultados el sabor no
precisamente dulce que dejaron unas 5 500 toneladas por debajo del
plan anterior, en un central con centenaria experiencia y
potencialidades para entregar mucho más.