Y allí, junto a otros reconocidos educadores, ha descollado en
ese noble propósito el profesor de Biología, Daniel Bulgado
Benavides, cuya inteligencia y sabiduría han sido capaces de pulir a
cientos de estudiantes privilegiados con ser sus alumnos, o de
pertenecer a uno de los muchos proyectos de la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
que él asesora.
Bulgado, como todos lo llaman, es un educador entero. Instruye y
educa con el don de la palabra, sus enseñanzas y su ejemplo
personal. Los discípulos lo respetan, ante todo por los vastos
conocimientos que posee de la Biología, a los cuales acompaña con
una honda pasión por el magisterio.
En 1981 llegó a la Vocacional de Santa Clara. Entonces era un
jovenzuelo acabado de salir de las filas del Destacamento Pedagógico
Manuel Ascunce Domenech. Traía en su mochila muchísimos sueños, que
los alumnos del centro contribuyeron a coronar con su interés por el
estudio.
De niño me encantaba la medicina, la locución o la Psicología,
aunque la idea de ser maestro no me desagradaba, asegura el
pedagogo, quien no se arrepiente de haber optado por una profesión
tan noble y humana como la del magisterio.
"Trabajar en la vocacional ha sido una realización personal muy
grande, porque el alumno de este tipo de escuela es muy entregado al
estudio, lo cual te obliga a prepararte muy bien, no obstante ves
como en ningún otro lugar los frutos de tu trabajo", reconoce
Bulgado.
A los proyectos de la UNESCO llegó a través de su interés por la
investigación, un bichito que siempre lo ha acompañado, confiesa. Es
así como en 1988 se convirtió en el iniciador de esa novedosa idea
en el IPVCE, a partir del programa Aprender para el futuro.
Inicialmente logró vincular solo a un grupo de alumnos
interesados en la indagación acerca de la ruta de los esclavos, la
protección de las arenas, la desertificación y los efectos del
cambio climático, entre otros temas.
Ante el éxito de la tarea, fueron cada vez más los estudiantes
que quisieron pertenecer a los proyectos dirigidos por Daniel, hasta
que la idea se convirtió en un fenómeno masivo, capaz de involucrar
a la totalidad de la matrícula del centro, explica el profesor,
quien por los resultados de su labor fue premiado por la (UNESCO),
atendiendo a sus Buenas Prácticas Pedagógicas.
A partir de esa disyuntiva nos vimos obligados a preparar a un
grupo de docentes, encargados de promover el trabajo investigativo
en los diferentes grados, decisión que comenzó a rendir frutos y
resultados nacionales e internacionales, entre los cuales destaca la
obtención de la Copa de la Fraternidad y el Premio Pilar de la Paz,
reconocimiento que solo poseen diez escuelas en la nación, señala.
Añade que esa noble tarea le ha traído muchas satisfacciones, a
pesar del cúmulo de trabajo que a veces lo agobia, porque la realiza
sin abandonar su labor como docente, profesor guía u otras misiones
encomendadas a los educadores del centro.
"Cuando veo a los estudiantes motivados en la búsqueda de
información científica, exponiendo un resultado o convenciendo a la
comunidad acerca de la necesidad de preservar el patrimonio y el
medio ambiente, siento una dicha y un placer muy grandes", asegura.
Agrega que aunque tiene dos hijas, una educadora como él y la
otra doctora, las cuales estudiaron en la vocacional Ernesto Che
Guevara, muchas veces experimenta la sensación de tener varios
retoños, e incluso sueña que está rodeado de muchachos de la escuela
que han venido a verlo para consultar un tema u otro asunto de
interés.
"Cuando encuentro a mis antiguos alumnos por la calle, en un
hospital, una industria, un centro científico, o en cualquier otro
lugar de la sociedad, siento el gran regocijo de haber contribuido a
su formación como hombres y mujeres de bien, y de poder colocar un
pequeño granito de arena en la concreción del pensamiento de Fidel
de que en el futuro Cuba sería un país de hombres de ciencia. Para
un educador, eso no tiene precio", expresa Bulgado.