La
caja de Pandora se ha desatado una vez más en los países árabes tras
el estreno hace unos días de una película estadounidense, en la cual
se muestra con tono satírico e insultante al profeta Mahoma, quien
es presentado como fruto de una relación ilegítima, y que defiende
la esclavitud infantil, las relaciones extramaritales, siempre en su
propio beneficio pero usando una religión como excusa.
El asunto ha tenido la condena de todos los gobiernos y líderes
de la región, quienes han tenido que redoblar la seguridad en
embajadas y consulados estadounidenses, al producirse ataques
violentos de los musulmanes, quienes han repudiado la salida del
filme.
Según un despacho de la agencia española EFE, centenares de
manifestantes lograron hoy irrumpir brevemente en la Embajada de
EE.UU. en Saná, capital de Yemen. El acto provocó la intervención de
la policía con saldo de un muerto y cinco heridos. Por su parte en
Afganistán, los talibanes llamaron este miércoles a la venganza
contra los estadounidenses por la difusión de la cinta, que también
fue condenada por el Gobierno de Hamid Karzai como "blasfema" y
"acto criminal" que había herido a millones de musulmanes.
El punto climático de los acontecimientos hasta ahora, lo marcó
la muerte el martes por la noche del embajador de EE.UU. en Libia,
Christopher Stevens, y tres miembros del cuerpo diplomático, al ser
atacado el consulado estadounidense ubicado en la ciudad de Benghasi.
Ante la creciente ola de protestas, el gobierno estadounidense se
ha visto en la "necesidad" de reforzar la seguridad de las
instalaciones diplomáticas de EE.UU. con el envío hoy de dos buques
de guerra y unos 50 marines, hacia Libia, informa la agencia EFE.
Por lo visto hasta el momento el "filmecito" le puede costar al
gobierno estadounidense unas cuantas vidas más, las que se sumarán a
la larga lista de muertos y heridos que pesan sobre sus manos, en
defensa de sus intereses nacionales, esos que llenan las arcas de
los más ricos y aumentan el sufrimiento de los más pobres.