Un reporte reciente de la cadena de televisión japonesa NHK
indicó que el Gobierno nipón había determinado renunciar al uso de
sus centrales nucleares para el 2030, y en cambio decidía fomentar
el empleo de las fuentes renovables (paneles solares, parques
eólicos y pequeñas plantas hidroeléctricas y geotérmicas), tras
revisar los planes de desarrollo del sector energético nacional y
presentar tres escenarios a la consideración de los expertos y la
ciudadanía.
El primer contexto presentado por Tokio suponía el cierre de
estas instalaciones hacia el 2030 de forma gradual, el segundo
reduciría la generación atómica al 15 %, y el tercero la mantendría
a un nivel del 20-25 %. Tras realizar audiencias públicas y aplicar
una encuesta, el Gobierno constató que la mayor parte de la
población japonesa deseaba un país libre de la energía nuclear.
"El desarrollo de tecnología energéticamente eficiente en Japón
apoyará el desarrollo económico y también reducirá nuestra
dependencia de la electricidad a favor del medioambiente", aseguró a
IPS el profesor Masaru Kaneko, destacado académico opuesto al uso de
la energía atómica.
Asimismo, Hisayo Takada, de la organización ambientalista
Greenpeace Japón, destacó que "quienes están a favor de las energías
renovables deben trabajar duramente para mostrarle al pueblo que
esas fuentes son muy estables, mucho más seguras y amables con el
ambiente".
No obstante, Sumio Saito, experto del grupo Wind Connect Japan,
una empresa que promueve el uso de fuentes renovables, añadió que
tras el accidente en Fukushima en Japón "no hay manera de volver a
la energía nuclear". Aunque reconoció que el país necesitará por un
tiempo aún indeterminado aumentar el uso de los combustibles fósiles
para satisfacer la demanda.
"Los combustibles fósiles son necesarios en este periodo de
transición, mientras Japón se aparta de la energía nuclear. Esto
puede verse como un ‘periodo de gracia’ en el corto plazo, pese al
aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero que tendrá
como resultado", advirtió.
Pero lo cierto es que el tránsito hacia una nación sin energía
nuclear no va a ser tarea fácil ni para el Gobierno ni para los
ciudadanos.
"Aunque las fuentes renovables son consideradas ahora una
solución, todavía están envueltas en un manto de incertidumbre, dado
que dependen mucho de los caprichos de la meteorología y del apoyo
público. Muchos deberán realizar cambios radicales en su modo de
vida", insistió Takao Kashiwage, representante del Nuevo Subcomité
de Energía, quien se muestra reticente al abandono total de la
energía que desde la década del 60 fue una pieza clave en el
desarrollo socioeconómico del país.
Los cambios en la matriz energética de Japón, con énfasis en la
eliminación de las centrales nucleares y el fomento de fuentes
renovables, requieren de inversiones cercanas a los 630 mil millones
de dólares hasta el 2030. El país deberá lograr entonces un
suministro eléctrico estable, para alcanzar el millón de millones de
megavatios por hora que hasta el pasado año proporcionaban las
instalaciones atómicas.
En tanto, el diario Nikkei reportó el interés de seis empresas
niponas (Toshiba, Hitachi Zosen, JFE Steel, Sumimoto Electric, Toa y
Toyo Construction) en desarrollar un proyecto de energía eólica
marina con inversiones cercanas a los 1 400 millones de dólares. A
inicios de julio el Gobierno adoptó una ley que favorece la
generación eléctrica a partir de fuentes renovables. Desde entonces,
el número de compañías dispuestas a invertir en este sentido ha ido
creciendo.