La pasión de dar vida

JULIO MARTÍNEZ MOLINA

CIENFUEGOS.—Armando Cabrera Borrell y Maritza Mencía Hourrutinier nacieron al triunfo de la Revolución. Con ella crecieron; de su espíritu solidario y altruista bebieron para trazar una hoja de ruta vital marcada por el desprendimiento, la consagración, la ofrenda y el servicio al prójimo.

FOTO DEL AUTOREntre todos los miembros de esta familia suman cerca de un centenar de donaciones de sangre.

Y si de entrega se trata, la pareja de 30 años de matrimonio durante cinco lustros ha donado su sangre, de forma voluntaria. Por ello ha recibido el reconocimiento sistemático tanto de la dirección de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) como de sus vecinos.

Ellos consideran que si Cienfuegos marcha a la cabeza en la labor de los CDR a nivel nacional durante varios años se debe también al aporte de los miles de donantes existentes en el territorio.

Liván Cabrera Mencía, el hijo de 30 años, afirma que sus padres le inculcaron desde bien joven el generoso proceder. De manera que lo hizo a partir de sus años de Servicio Militar. El militante de la Unión de Jóvenes Comunistas integra ahora el cuerpo de bomberos profesional de la Refinería de Petróleo Camilo Cienfuegos.

La pasión por donar en casa de los Cabrera —recuerda la madre—, surgió cuando ella se desempeñaba, cuarto de siglo atrás, como cuadro de base de los CDR en el consejo popular Buenavista-La Esperanza, donde actualmente habitan todavía padres e hijo.

"Yo era la encargada de convocar a la gente a donar. Fui a hospitales, bancos de sangre; vi a niños afectados por disímiles patologías, quienes requerían de transfusiones. Por eso me dije: tengo que predicar con el ejemplo", añade Maritza, quien labora como impresora tipográfica.

Así fue en lo adelante, hasta hoy. Su esposo y ella, en estos momentos, donan cada seis meses debido a su edad. Los dos tienen 50 años. Antes lo hacían como Liván, quien acude sin interrupción, cada tres meses al Banco de Sangre a poner su brazo a favor del otro.

"El verdadero carácter humano del acto radica en que tú ofreces lo más valioso de ti, tu sangre, a quien la necesite. Quizá podría ser para un miembro de tu misma familia, pero a lo mejor es para un pequeño en Maisí", dice Liván.

Gente como la familia de los Cabrera son espejo de un sistema social que siempre mira por los demás, el cual tiene en la vida humana su más valioso tesoro.

Cada día son más los cederistas cienfuegueros que ganan conciencia sobre la valiosa acción de donar su sangre, y son ya más de 8 000 quienes lo hacen de forma cotidiana.

 

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