KABUL, 11 septiembre.— Los cuatro cohetes que impactaron hoy en
la base aérea de Bagram, dirigida por Estados Unidos, destruyeron un
helicóptero de la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN) y mataron a tres personas.
El ataque ocurrió esta madrugada después de entregar a las
autoridades afganas el control de la prisión de Bagram, a unos 60
kilómetros al norte de Kabul y sede de la mayor base militar
estadounidense en este ocupado país, y de sus tres mil prisioneros.
En ceremonia oficial, el general John Allen, jefe de la OTAN
aquí, traspasó el mando de la cárcel al ministro afgano de Defensa,
Inayatulá Nazari, y al jefe del ejército, Sher Mohammad Karimi.
Tanto la insurgencia afgana como organizaciones de derechos
humanos han denunciado que la instalación carcelaria es centro de
torturas y malos tratos a los detenidos, incluso sin proceso
judicial.
En febrero de este año, varios militares estadounidenses quemaron
ejemplares del Corán, lo cual generó masivas protestas en Kabul y en
el resto de la nación y una vasta represión policial.
El traspaso, solicitado por el presidente Hamid Karzai hace más
de seis meses, no se había efectuado porque no se concretaron
acuerdos con Estados Unidos al respecto, entre ellos la permanencia
sin plazo fijo de las fuerzas militares de Washington.
Según acusaciones públicamente conocidas, tanto Washington como
Kabul adoptaron acuerdos secretos en ese sentido, los cuales crearon
natural incertidumbre sobre la anunciada retirada de las fuerzas
extranjeras del país en el 2014.