Camagüey.—
Los días están signados aquí por el teatro en todas sus dimensiones.
La cartelera es muy amplia. El fin de semana dejó una agradable
estela sobre las tablas, y fue pródigo en el teatro para niños, y
muy particularmente, el de títeres.
Subyugó
a todos por el montaje, ágil y atractivo, por donde deambulan esos
hermosos y expresivos peleles de piso guiados por tres maravillosos
actores de Teatro la Proa (La Habana): Mowgli, el mordido por los
lobos. No por azar traen de la mano el premio de puesta en
escena (para Arneldy Cejas), y el de actuación masculina (Erduyn
Maza, autor del espectáculo), en los Caricato 2011. Inspirado en
El libro de la selva, de R. Kipling (Premio Nobel de Literatura,
1907), Maza se regodea en el capítulo ¡Al tigre, al tigre!,
matizado en una atmósfera muy singular de la selva hindú, y con
música de esa nación. A partir de esto, la historia cobra vida.
Atrapa al espectador, grande o pequeño, que olvida o casi no repara
en el actor que mueve a los personajes sobre la escena. No roba el
protagonismo al títere. Sobresalen el talento y profesionalismo del
colectivo en esta obra que resulta como un válido ejercicio para los
titiriteros y una clase de actuación-dirección que nos invita a
soñar.
Por estos caminos de los títeres apareció con mucho éxito Los
pícaros burlados, por los más jóvenes integrantes del grupo
Guiñol Los Zahoríes (Las Tunas): Armando Mora/Damaris Pacheco. La
nueva sala Virgilio Piñera, que se suma al Festival, fue
protagonista de la pieza que ha dado mucho que hablar en el
encuentro. El equipo, al que se adicionan de manera coherente los
diseños de Grechen González, y el trovador Andrés Ávila (aporta una
importante nota en el decir de Los pícaros... ), recrean
clásicos del inmenso Javier Villafañe: La calle de los fantasmas
y Chímpete, chámpata, obras que integran este espectáculo.
Hay, en primer lugar, un dominio del arte del juglar, pues con la
ágil y certera animación, Mora atrapa al público solamente con una
capa y los muñecos a la vista en Chímpete... , puesta de
Emelia González sobre el original. Y, por supuesto, con ese carisma
que divierte y transporta a todos en la sala.
Otras obras de colectivos prestigiosos como Teatro Papalote
(Matanzas) con Nubes azules, y Teatro Tuyo (Las Tunas) con
Narices, han desandado la escena del Festival. Pero el teatro
para niños, y en particular los títeres, pasearon por las palabras
ya en el Foro de la UNIMA, donde se discutieron temas medulares
acerca de esta manifestación. También en los Encuentros teóricos
llamados aquí Trueques entre la escena y la crítica, que en su
primera presentación ayer, volcaron su mirada hacia piezas como
Iniciación en blanco y negro para mujeres sin color, por Marilyn
Garbey (también conductora del panel); Tres estaciones de
Estorino, por Omar Valiño; Mowgli, el mordido por los lobos
(Blanca Felipe), y Los pícaros burlados, por Yudd Favier,
quienes de manera sintética, amena e inteligente abordaron aspectos
interesantes de las puestas, y se refirieron a los nuevos caminos
por donde anda el teatro cubano en estos tiempos. Actores,
directores, especialistas y periodistas hablaron de sus experiencias
en los pocos días del aún joven Festival que ya es catalogado de
especialmente bueno por la calidad de lo mostrado hasta ahora y la
organización, así como por el hecho de ser, por primera vez no
competitivo. Algo que, según muchos de los participantes refieren,
hace más interesantes y productivos a estos encuentros teóricos,
amén que elimina tensiones sobre la escena a los actores, y nos
acerca mucho más a todos los participantes.