De Villa Clara, asuntos literarios

MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

Tal como suelen ser las conversaciones plácidas, cuyo disfrute conduce a sus protagonistas hacia una espontaneidad gozosa, sucedió el encuentro que sostuvieron el pasado viernes un grupo de escritores y poetas villaclareños en el Centro Cultural Dulce María Loynaz para abordar viejos y actuales asuntos literarios de su territorio.

La convocatoria, llevada a cabo por esa institución cultural mediante el espacio Isla en el Centro, y que propone a las distintas provincias del país un acercamiento para escuchar de buena tinta y en la voz de sus autores, la temperatura literaria de sus respectivos entornos, tocó en esta ocasión a la tierra de Samuel Feijóo y Carlos Galindo, escritores emblemáticos de ese territorio pletórico de creadores, cuya "salud" actual es irrebatible.

La mesa sobre cuyo tapete quedaron bien extendidos, entre otros, temas como la poesía y la narrativa actual en esa geografía, el esencial papel de las editoriales Capiro y Sed de Belleza, y el estado del movimiento revistero tradicional en esa provincia, (defendido en esta ocasión por Edelmis Anoceto, editor de la revista Signos y Ernesto Peña, director de Umbral), fue moderada por Aida Bhar, vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro quien se hizo acompañar además por los autores Mariana Pérez, Isaily Pérez, René Coyra, y Lorenzo Lunar.

Lunar, elegido para apuntar sobre la narrativa, consideró la incidencia de los escritores Marcial Gala y Rogelio Riverón, como tónicos que "reverdecieron la literatura" de esa región, en un momento en que no había un fuerte movimiento narrativo.

La publicación de décimas era muy escasa por el 59, aseguró Mariana Pérez para referirse a sus investigaciones sobre la estrofa nacional y atribuyó a la editorial Capiro, fundada en 1990, y a Sed de Belleza, en el ‘94, la presencia de la espinela en letra impresa. La generación de poetas aparecida a partir del 70, como Leoncio Llanes, Rodrigo Rodríguez y Antonio Hernández Pérez, por solo citar a algunos, y la de los jóvenes de los 80, tienen publicaciones con ese sello y viven en esos predios una realidad diferente.

Coyra, fundador de Sed de Belleza —la más importante de las cinco editoriales de la Asociación Hermanos Saíz, (AHS)— e Isaily Pérez, presidenta de la AHS en Villa Clara y directora de Capiro, tocaron lo concerniente al movimiento escritural y editorial y destacaron la importancia crucial de las ediciones territoriales en la difusión de la literatura de la región.

Desde el 60 hasta el 90, explicó Pérez, un aproximado de tres escritores villaclareños por década habían podido acceder a editoriales nacionales, y básicamente, por la vía de premios. La demoledora cifra habla de cuán imprescindible fue el surgimiento de estas instituciones. La legitimación de las obras que rubrican estas editoriales a partir de un buen trabajo editorial y la competencia en el ruedo de la literatura nacional son felices garantías que van por la casa.

A esta suerte, comentó, se suma el papel que jugó y juega esa idea inteligente e inclusiva del Instituto Cubano del Libro, que se ha instrumentado por años y que fue la creación del Plan especial que compensa la escasez de las tiradas y ha puesto a dialogar a los autores de la isla.

La presentación del libro Aire, de Agustín de Rojas, a cargo de Lunar, y del número 7 de la revista de poesía Amnios, por el crítico Enrique Saínz cedió paso a una ronda de versos ofrecida por bardos del centro de la Isla y a la música del trovador Diego Gutiérrez.

 

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