Cuando se inició este movimiento solo quedaban con vida algunas
frutas tradicionales muy conocidas como el aguacate, el mango y la
guayaba, también en franco descenso, por no disponer del relevo a
tiempo mediante el cumplimiento, en cada etapa, de la siembra que
corresponde.
Tampoco el cuidado se atenía a las exigencias de plantas por lo
general nobles, pero igualmente necesitadas de una atención
oportuna.
La provincia se empeñó en transformar la situación mediante el
incremento de frutales devenidos exóticos como el melocotón y la
fresa, por solo mencionar algunos.
Las fincas amplían y comparten los suelos, lo cual ayuda a
mejorar la economía de los "finqueros" al alternar, en forma
intercalada, con cultivos de ciclos largos que demoran mucho más
tiempo para su cosecha, por ejemplo, el plátano, la yuca y la
malanga.
Ernesto Rodríguez Hernández, especialista del Grupo Empresarial
Agropecuario y Forestal de Mayabeque, explicó que a la par el
territorio se enfrasca este año en un programa de siembra de 150
hectáreas de la frutabomba tipo maradol, creación del Instituto
Nacional de Investigación de Viandas Tropicales (INIVIT). En
diciembre ya deben recogerse las primeras mil toneladas.
Las muchas bondades de esta fruta han sido probadas, y dadas sus
características especiales todas las fincas muestran interés en
promoverla.
Ello no debe ser parte de un proceso desorganizado, que luego dé
lugar a "picos" productivos, sin un esquema para enfrentarlos.
Si se toma como referencia el cierre de julio se observará que,
junto a una producción destacada (9 565 toneladas), también
sobresale la siembra con un real acumulado de 971 hectáreas de las
580 que marcaba el programa de ese periodo.
Granma recorrió terrenos de varios municipios y en todos
encontró la disposición de fortalecer cultivos que aun tradicionales
e históricos acusaban inestabilidad, entre ellos, la guayaba y la
piña.
Son muchas las cooperativas que sobresalen, pero todos coinciden
en que la CPA Antonio Maceo, de Bejucal, es la líder de este
programa, creadora de bancos de semilla cuando pocos se fijaban en
la importancia de estos. El campesino Lázaro Hernández se convirtió
en un fiel exponente de cuánto podía lograrse si se aprovechan al
máximo los recursos, la inteligencia y los métodos utilizados en su
CPA.
La Miguel Sonería, la Santa Rosa, la Guerrillero Heroico, la
Nelson Fernández y la Marverde, en Güines, Quivicán y Madruga, por
solo mencionar algunos colectivos, igualmente defienden la causa de
los frutales.