Giustino
Di Celmo, padre de un joven italiano asesinado en 1997, condenó hoy
aquí las acciones de grupos terroristas anticubanos que provocaron
la muerte de su hijo en atentados con bombas financiados por la CIA
contra hoteles de la isla.
Ningún dolor puede ser más grande que la muerte de un hijo y más
aún cuando es causada por un hecho violento y cruel, afirmó el
progenitor de Fabio Di Celmo, durante un acto a propósito de los 15
años del suceso, perpetrado por grupos extremistas de Miami.
Tales agrupaciones actuaban bajo la tutela del terrorista Luis
Posada Carriles, quien hoy anda libre por las calles de Estados
Unidos, protegido por el gobierno de ese país, pese a ser
responsable de acciones como la voladura en 1976 de un avión civil
cubano con 73 personas a bordo.
El 4 de septiembre de 1997, una bomba asesina apagó la vida de mi
hijo Fabio, un joven que apenas había vivido 32 años cuando fue
víctima inocente de una acción terrorista que sumió en la
desesperación y el dolor a toda mi familia, recordó Giustino, quien
llegó a Cuba como empresario en 1992.
Ese día, un artefacto explosivo mató a Fabio en el vestíbulo-bar
del Hotel Copacabana, cuando una esquirla de metal del cenicero
donde estaba puesta la bomba, se le incrustó en la parte izquierda
del cuello y le cercenó una vértebra cervical y la arteria carótida.
El artefacto explosivo fue colocado por el mercenario salvadoreño
Raúl Ernesto Cruz León, quien tras ser apresado por las autoridades
cubanas, confesó en el juicio en marzo de 1999 que Francisco Chávez
Abarca, alias "El Panzón", lo contrató cuando trabajaba en una
agencia de alquiler de autos en San Salvador.
"El Panzón" fue la mano derecha en aquella campaña de violencia
que orquestó Posada Carriles, convertido en héroe en Miami a costa
de su historial terrorista.
Ese italiano estaba en un lugar y en un momento equivocado, pero
yo duermo como un bebé, declaró Posada en julio de 1998 al ser
interrogado por el diario estadounidense The New York Times sobre el
asesinato de Fabio Di Celmo.
Esa frase de este criminal no podré olvidarla jamás, afirmó
conmocionado, Giustino.