A frotarse las manos entonces, pudieran pensar los seguidores de
Poe, pero sucede que no calibrarán a Poe y su convulso mundo
interno, tan retador para cualquier artista que hoy día pretenda
desentrañarlo, sino un policiaco de asesino en serie que, aunque
ubicado en el Baltimore del siglo XIX, deslizará las truculencias y
resbalones hoy por hoy demasiado apreciables en el género, lo mismo
en el cine que en la televisión.
Cierto que está de moda el lavado de cara o modernización de
ciertos íconos de la cultura, pero Poe no es Sherlock Holmes y si
resultó algo extraño tragarse (para después disfrutarlo, justo es
reconocerlo) a este último en la piel de Robert Downey Jr, hay que
ser un desconocedor absoluto de la obra del autor de El cuervo
("Una vez, en una aterradora medianoche, mientras yo reflexionaba,
débil y cansado¼ ") para asimilarlo en la
piel de un héroe de acción envuelto en una trama carente de fuerza.
Y con La colombiana Luc Besson reitera la escasa agua que
le queda a su pozo creativo. Esta coproducción con Estados Unidos se
inspira en un clásico del francés de 1991, Nikita, que tuvo
un remake en los Estados Unidos. Pero Besson es ahora productor y le
da la batuta a uno de sus discípulos, Olivier Megaton, con las
instrucciones de convertir a la damita de turno en una vengadora
latinoamericana pulida en las mañas asesinas asentadas en el norte.
Promete el filme en sus inicios, pero ya cuando la niña salta por la
ventana y escapa de los asesinos de sus padres (todos mafiosos
vinculados con la droga) y corre por calles y azoteas convertida en
una ninja incapturable, se barrunta, paso a paso, por dónde correrá
la liebre fílmica.
Malos, muy malos sofritos a ratos en pinceladas de humor no
salvan a este thriller copiador de fórmulas y casi de
muñequitos, y la protagonista Zoë Saldana, tras el primer impacto
que ejerce su grácil compostura, termina cansando, no por ella, sino
por el guion.
Otra cosa es Animal Kingdom (Reino animal, 2010)
que se exhibe en el multicine Infanta. Un título simbólico que hace
referencia a la relación de una familia de delincuentes y
criminales, cuyos integrantes se relacionan en buena medida mediante
los instintos básicos de una selva. Ópera prima impactante y bien
realizada por el australiano David Michôd, la historia se desarrolla
en los tiempos actuales, pero se inspira en hechos reales que
tuvieron lugar en la ciudad de Melbourne durante la década de los
años ochenta, días en que, según parece, el enfrentamiento entre las
bandas criminales y los escuadrones de la policía adquirieron las
características de una guerra entre pandillas, incluidas las
ejecuciones sin demasiado miramiento entre ambos bandos.
En el primer minuto se sabrá que el joven protagonista acaba de
perder a su madre y sin saber qué hacer llama por teléfono a su
abuela distante, que no es precisamente una abuelita a lo Caperucita
roja. A partir de ese momento se asistirá a un despliegue de firmeza
narrativa y profundidad dramática y psicológica. Tensión que se
respira y manipulación de unos seres por otros que serán una
constante en la trama. Sin olvidar el miedo que habita en cada uno
de los personajes y, por ende, los demonios que llevan dentro,
listos a arrasar con cuanta inocencia y honestidad encuentren a su
paso sin dejar puerta abierta a la redención.
Excelente y dura película, sin animales aparentes.