Cinco mujeres cubanas y una colombiana exploran, ante el espejo
del arte, el erotismo femenino gracias a una versátil muestra de
pintura, dibujo, escultura, fotografía y video que acoge por estos
días la galería Villa Manuela de la capital cubana.
Rocío García, Débora Nofret, Katiuska Saavedra, Marlys Fuego y
Rachel Valdés, de Cuba, y la bogotana Adriana Marmorek, se burlan
del patriarcado ancestral y de las nociones falocéntricas que aún
atraviesan el universo - ¿autónomo?- del arte; y confirman que Ellas
sí hablan -título de esta exposición- de sexo.
Ante el público aparecen las fuentes del deseo y el placer,
reveladas desde la perspectiva femenina; algo que según advierte la
crítica y curadora Chrislie Pérez- constituye una disidencia con
respecto a la tradición plástica cubana, en la que el tema erótico
ha sido prácticamente coto exclusivo de -exploradores- hombres.
Estas creadoras no eluden los caminos del kitsch, el performance
o el videoarte para arrimar al espectador sus reflexiones
desprejuiciadas acerca del cuerpo femenino y masculino- como objeto
sexual y del sexo como mercancía, la moderna y omnipresente
dicotomía entre lo público y lo doméstico, el homoerotismo y la
multiplicidad de vías hacia el placer
Ellas sí hablan, y a menudo lo hacen en claves autorreferenciales,
pues estas seis artistas parecen persuadidas de que la historia de
una sola mujer es la historia de todas las mujeres y, aun más, de
toda la humanidad.
Denunciar el silencio, la mordaza secular impuesta por el
patriarcado se convierte aquí en un verdadero acto de catarsis, que,
sin embargo, no implica necesariamente un desborde expresivo y no
solo se cumple por caminos explícitos.
Sin dudas, hay en Villa Manuela lirismo, alusión, parábola: todo
un manifiesto en claves metafóricas y lúdicas gracias a que Ellas
por suerte- sí hablan.