El
jueves 30 de agosto concluyó la comprimida Convención Nacional del
Partido Republicano con el discurso de aceptación de la candidatura
presidencial por Mitt Romney y una bendición de clausura del
presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos,
el cardenal de New York, Timothy M. Dolan. El maleficio de los
vientos, personificado en el huracán de nombre bíblico Isaac,
amenazó con irrumpir en la sede y obligó al equipo de Romney a
eliminar las actividades del primer día. Continuó la tradición
"antirrepublicana" establecida por sus antecesores Katrina y Gustav.
El martes 29 por la tarde, Mitt Romney fue nominado como
candidato republicano a la presidencia del país, por el voto unánime
de los 50 estados, el Distrito de Columbia, los territorios
coloniales de Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guam, Samoa y los
estadounidenses residentes en el extranjero. Romney obtuvo 2 061
votos (de un total de 2 288 delegados) porque en las votaciones
internas de cada delegación, Ron Paul logró el respaldo de 201 y el
resto de los delegados se abstuvo o votó por div
ersos políticos. Abortaron las pretensiones de algunos de los
partidarios de Ron Paul de forzar un debate en la Convención a la
hora de nominar a Romney. También Paul Ryan fue nominado para la
vicepresidencia.
Se aprobó la nueva plataforma del partido, reflejando las
posiciones de los elementos más conservadores, incluyendo los del
Tea Party. Más de cincuenta discursos se pronunciaron en los tres
días de trabajo de la Convención y hubo especial cuidado en resaltar
los rasgos "humanitarios" y "familiares" de Romney.
Previo a la convención se produjo un fugaz incidente porque un
delegado que formaba parte del comité de plataforma sobre política
exterior comentó a Los Ángeles Times que en la plataforma no se
hacía referencia a Cuba. Publicada la noticia se armó el consabido
escándalo en la madriguera de Miami y el comité de campaña de Romney
aclaró que sí existía una posición anticubana, proveyendo el texto
de referencia que en idioma inglés consta de dos párrafos y
exactamente doscientas palabras.
La próxima semana, del 4 al 6 de septiembre en Charlotte, North
Carolina, los demócratas tendrán su evento para proclamar la fórmula
Obama-Biden a la reelección y aprobar también su plataforma del
2012, incluyendo el siempre presente párrafo sobre Cuba.
Las convenciones constituyen el primer y único evento del ciclo
electoral en que cada partido tendrá posibilidad de acceder a la
audiencia de todo el país a través de todos los medios de difusión,
al menos en horarios estelares. Estos eventos son cuidadosamente
diseñados y orquestados como una gran fiesta, con el máximo de
difusión posible y para dejar la impresión del gran poder político
con que cuenta el partido correspondiente. Igual que la republicana
será la demócrata.
Las convenciones marcan el fin de la etapa de elecciones internas
de los partidos (las llamadas "primarias") donde se definen los
candidatos y el comienzo de la fase de "elecciones generales" cuando
se enfrentan las fórmulas electorales de cada uno de los dos
partidos durante los algo más de dos meses hasta la votación. Cuando
el 10 de abril pasado Rick Santorum, el único otro aspirante
republicano aún activo, anunció que suspendía su campaña, Romney
aseguró la nominación y como ya era un hecho la de Obama por los
demócratas, comenzó en la práctica ese día la etapa de las
elecciones generales, con casi cinco meses de antelación a lo
previsto.
Desde abril, la actividad de los candidatos presidenciales, de
sus equipos de campaña, de los comités nacionales de los partidos,
de los fondos conjuntos formados por los dos anteriores y por los
llamados PACs y SuperPacs y organismos afines, ha estado orientada a
organizarse e influir en los estados en disputa (los estados del
"campo de batalla"), a recaudar dinero entre los grandes
contribuyentes y a lanzar ofensivas publicitarias contra el
candidato opositor. Según datos ofrecidos por la AP, hasta el
momento solo en anuncios de televisión estos organismos han
invertido la astronómica cifra de 540 millones de dólares.
La pugna electoral se ha circunscrito a un reducido número de
ocho estados. Por eso, después de sus respectivas convenciones, los
candidatos se disponen a realizar giras por dos estados claves:
Florida y Ohio.
Este es el tipo de actividad que tendrá lugar durante el mes de
septiembre. Como con cada día que pasa se hace más corto el tiempo
restante para la votación, cada acontecimiento que trasciende por su
potencial impacto electoral puede crear situaciones decisivas
irreversibles.
Un ejemplo de ello es lo sucedido con el aspirante al cargo de
senador por Missouri, el republicano Todd Akin, quien, respaldado
por el Tea Party, ganó la elección primaria frente a un contrincante
que contaba con el apoyo del liderazgo tradicional republicano.
El 19 de agosto, durante una entrevista en una televisión local,
le preguntaron a Akin si el aborto es justificable en caso de
violación y respondió que la violación, según entendía por las
explicaciones de los médicos, no provocaba preñez "porque si es una
violación legítima, el cuerpo femenino tiene maneras de cerrarlo
todo". Las protestas y críticas contra Akin fueron mayúsculas,
incluyendo al propio Romney; al candidato a vicepresidente Paul Ryan,
colega congresista de Akin que lo llamó para que se retirara de la
elección; y al senador por Texas, John Cornyn, quien preside el
comité nacional de campaña senatorial republicana, y también lo
instó a desistir de la aspiración.
El problema que se presenta a los republicanos es complejo.
Missouri, con diez votos electorales, es un estado que se considera
será ganado por Romney. El escaño senatorial al que aspira Akin es
uno de los que tiene mayor posibilidad de ser arrebatado a los
demócratas y con ello conquistar la mayoría en el Senado. Perder esa
elección senatorial o, más remotamente posible, la elección
presidencial en el estado, podría ser fatal para las aspiraciones
republicanas. De ahí la gran presión ejercida por el liderazgo del
partido para que Akin renunciara a su aspiración dentro del límite
de tiempo reglamentario que permitiría reemplazarlo por un
republicano tradicional.
Akin no dio su brazo a torcer. Trató de arreglar el desaguisado
diciendo que se había expresado mal, pero se mantuvo en sus trece de
no renunciar como candidato. La reacción ha sido desastrosa para las
aspiraciones de Akin. Un mes atrás, las encuestas le daban una
ventaja de 5 % sobre su rival, la senadora titular demócrata Claire
McCaskill. Ahora, una encuesta del 25 de agosto mostraba a Akin
debajo por 9 %. Su favoritismo entre los posibles votantes se
desplomó del 56 % al 17 %.
Octubre, último mes antes de las elecciones, tiene una
connotación propia. Marca el cierre de la campaña y en él tiene
lugar uno de los hechos más esperado y seguido de las elecciones
presidenciales: los tradicionales debates presidenciales con los dos
candidatos como únicos protagonistas para medir sus fuerzas, tanto
políticas, como intelectuales o de simpatía y presencia. Habrá tres
debates presidenciales: el 3, el 16 y el 22, con una audiencia de
decenas de millones de personas en horario estelar.
Para un candidato dejar en la opinión pública (y mediática) la
idea de que ha vencido en los debates a su contrario puede resultar
decisivo en una contienda tan cerrada como la que está en curso. Se
dice que el mejor desempeño en estos eventos de John Kennedy frente
a Richard Nixon en 1960 o de Ronald Reagan ante James Carter en 1980
resultó decisivo en la victoria electoral de uno y otro.