Las elecciones del 2012 en Estados Unidos

Alistamiento para la batalla final

Ramón Sánchez-Parodi Montoto *

El jueves 30 de agosto concluyó la comprimida Convención Nacional del Partido Republicano con el discurso de aceptación de la candidatura presidencial por Mitt Romney y una bendición de clausura del presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, el cardenal de New York, Timothy M. Dolan. El maleficio de los vientos, personificado en el huracán de nombre bíblico Isaac, amenazó con irrumpir en la sede y obligó al equipo de Romney a eliminar las actividades del primer día. Continuó la tradición "antirrepublicana" establecida por sus antecesores Katrina y Gustav.

El martes 29 por la tarde, Mitt Romney fue nominado como candidato republicano a la presidencia del país, por el voto unánime de los 50 estados, el Distrito de Columbia, los territorios coloniales de Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guam, Samoa y los estadounidenses residentes en el extranjero. Romney obtuvo 2 061 votos (de un total de 2 288 delegados) porque en las votaciones internas de cada delegación, Ron Paul logró el respaldo de 201 y el resto de los delegados se abstuvo o votó por div

ersos políticos. Abortaron las pretensiones de algunos de los partidarios de Ron Paul de forzar un debate en la Convención a la hora de nominar a Romney. También Paul Ryan fue nominado para la vicepresidencia.

Se aprobó la nueva plataforma del partido, reflejando las posiciones de los elementos más conservadores, incluyendo los del Tea Party. Más de cincuenta discursos se pronunciaron en los tres días de trabajo de la Convención y hubo especial cuidado en resaltar los rasgos "humanitarios" y "familiares" de Romney.

Previo a la convención se produjo un fugaz incidente porque un delegado que formaba parte del comité de plataforma sobre política exterior comentó a Los Ángeles Times que en la plataforma no se hacía referencia a Cuba. Publicada la noticia se armó el consabido escándalo en la madriguera de Miami y el comité de campaña de Romney aclaró que sí existía una posición anticubana, proveyendo el texto de referencia que en idioma inglés consta de dos párrafos y exactamente doscientas palabras.

La próxima semana, del 4 al 6 de septiembre en Charlotte, North Carolina, los demócratas tendrán su evento para proclamar la fórmula Obama-Biden a la reelección y aprobar también su plataforma del 2012, incluyendo el siempre presente párrafo sobre Cuba.

Las convenciones constituyen el primer y único evento del ciclo electoral en que cada partido tendrá posibilidad de acceder a la audiencia de todo el país a través de todos los medios de difusión, al menos en horarios estelares. Estos eventos son cuidadosamente diseñados y orquestados como una gran fiesta, con el máximo de difusión posible y para dejar la impresión del gran poder político con que cuenta el partido correspondiente. Igual que la republicana será la demócrata.

Las convenciones marcan el fin de la etapa de elecciones internas de los partidos (las llamadas "primarias") donde se definen los candidatos y el comienzo de la fase de "elecciones generales" cuando se enfrentan las fórmulas electorales de cada uno de los dos partidos durante los algo más de dos meses hasta la votación. Cuando el 10 de abril pasado Rick Santorum, el único otro aspirante republicano aún activo, anunció que suspendía su campaña, Romney aseguró la nominación y como ya era un hecho la de Obama por los demócratas, comenzó en la práctica ese día la etapa de las elecciones generales, con casi cinco meses de antelación a lo previsto.

Desde abril, la actividad de los candidatos presidenciales, de sus equipos de campaña, de los comités nacionales de los partidos, de los fondos conjuntos formados por los dos anteriores y por los llamados PACs y SuperPacs y organismos afines, ha estado orientada a organizarse e influir en los estados en disputa (los estados del "campo de batalla"), a recaudar dinero entre los grandes contribuyentes y a lanzar ofensivas publicitarias contra el candidato opositor. Según datos ofrecidos por la AP, hasta el momento solo en anuncios de televisión estos organismos han invertido la astronómica cifra de 540 millones de dólares.

La pugna electoral se ha circunscrito a un reducido número de ocho estados. Por eso, después de sus respectivas convenciones, los candidatos se disponen a realizar giras por dos estados claves: Florida y Ohio.

Este es el tipo de actividad que tendrá lugar durante el mes de septiembre. Como con cada día que pasa se hace más corto el tiempo restante para la votación, cada acontecimiento que trasciende por su potencial impacto electoral puede crear situaciones decisivas irreversibles.

Un ejemplo de ello es lo sucedido con el aspirante al cargo de senador por Missouri, el republicano Todd Akin, quien, respaldado por el Tea Party, ganó la elección primaria frente a un contrincante que contaba con el apoyo del liderazgo tradicional republicano.

El 19 de agosto, durante una entrevista en una televisión local, le preguntaron a Akin si el aborto es justificable en caso de violación y respondió que la violación, según entendía por las explicaciones de los médicos, no provocaba preñez "porque si es una violación legítima, el cuerpo femenino tiene maneras de cerrarlo todo". Las protestas y críticas contra Akin fueron mayúsculas, incluyendo al propio Romney; al candidato a vicepresidente Paul Ryan, colega congresista de Akin que lo llamó para que se retirara de la elección; y al senador por Texas, John Cornyn, quien preside el comité nacional de campaña senatorial republicana, y también lo instó a desistir de la aspiración.

El problema que se presenta a los republicanos es complejo. Missouri, con diez votos electorales, es un estado que se considera será ganado por Romney. El escaño senatorial al que aspira Akin es uno de los que tiene mayor posibilidad de ser arrebatado a los demócratas y con ello conquistar la mayoría en el Senado. Perder esa elección senatorial o, más remotamente posible, la elección presidencial en el estado, podría ser fatal para las aspiraciones republicanas. De ahí la gran presión ejercida por el liderazgo del partido para que Akin renunciara a su aspiración dentro del límite de tiempo reglamentario que permitiría reemplazarlo por un republicano tradicional.

Akin no dio su brazo a torcer. Trató de arreglar el desaguisado diciendo que se había expresado mal, pero se mantuvo en sus trece de no renunciar como candidato. La reacción ha sido desastrosa para las aspiraciones de Akin. Un mes atrás, las encuestas le daban una ventaja de 5 % sobre su rival, la senadora titular demócrata Claire McCaskill. Ahora, una encuesta del 25 de agosto mostraba a Akin debajo por 9 %. Su favoritismo entre los posibles votantes se desplomó del 56 % al 17 %.

Octubre, último mes antes de las elecciones, tiene una connotación propia. Marca el cierre de la campaña y en él tiene lugar uno de los hechos más esperado y seguido de las elecciones presidenciales: los tradicionales debates presidenciales con los dos candidatos como únicos protagonistas para medir sus fuerzas, tanto políticas, como intelectuales o de simpatía y presencia. Habrá tres debates presidenciales: el 3, el 16 y el 22, con una audiencia de decenas de millones de personas en horario estelar.

Para un candidato dejar en la opinión pública (y mediática) la idea de que ha vencido en los debates a su contrario puede resultar decisivo en una contienda tan cerrada como la que está en curso. Se dice que el mejor desempeño en estos eventos de John Kennedy frente a Richard Nixon en 1960 o de Ronald Reagan ante James Carter en 1980 resultó decisivo en la victoria electoral de uno y otro.

(*) Fue Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington y Viceministro de Relaciones Exteriores.

 

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