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Industria azucarera
El Brasil vuelve a la zafra
MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ
Tras cuatro años de total paralización, el nonagenario Central
Brasil, antiguo Jaronú, atrae por estos días a un verdadero enjambre
de especialistas y obreros calificados prestos a devolverle el vigor
de antaño que le permita incorporarse nuevamente a la producción
azucarera.
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Detrás de esta fachada, un verdadero
enjambre obrero trabaja en el renacer productivo del Brasil.
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En el área de generación de vapor se
montará una caldera nueva de 60 toneladas y se reparará otra
de 40. |
Ubicado en el norteño municipio camagüeyano de Esmeralda, el
ingenio es objeto de una fuerte inversión, cuyo monto supera los 16
millones de pesos y está dirigida a revitalizar su infraestructura
industrial, en extremo deteriorada por los años de intensa
explotación y luego por las secuelas de la prolongada inactividad.
"Está previsto que arranque sus máquinas durante la próxima
zafra, es decir, sería el quinto central en operaciones para cumplir
el plan de producción de la provincia, que prevé un crecimiento del
26 % respecto a la contienda anterior", explica Erduin Luis Delgado,
director industrial de la Empresa Azucarera Camagüey.
Según lo planificado, para probar los trabajos y poder ajustar el
ingenio, está concebido que el Brasil haga una pequeña zafra y solo
elabore unas 20 mil toneladas de azúcar, a partir de una norma
potencial diaria limitada, cifra que deberá incrementarse
gradualmente en los años venideros.
"Se trata —afirma el ingeniero— de un gran reto para todos
nosotros. Es un programa inversionista muy ambicioso, con 15 objetos
de obra de envergadura, que lleva un nivel elevado de recursos,
fuerza de trabajo y, por supuesto, mucha organización. Lo estamos
siguiendo día a día".
MÁS COMPACTADO, MAYOR PRESTANCIA
Entre gigantescas estructuras metálicas, profundas excavaciones y
el continuo ajetreo de grúas y equipos, se mueve diariamente por
todo el central la ingeniera Alodia Campo Gómez para supervisar el
proceso inversionista, definir prioridades o destrabar entuertos que
puedan atrasar el ritmo de los trabajos.
"Cuando se decidió parar el ingenio, se venían haciendo zafras
muy malas y la producción se encontraba deprimida. Estábamos heridos
de muerte por el tándem. Nunca se lograron hacer reparaciones
completas: recuerdo que se les hizo a las calderas, pero al tándem
solo se le pasó la mano", comenta la igeniera.
Lo cierto es que, como asegura Alodia, al Brasil nunca se le
había llegado con una inversión y una reparación de la magnitud y el
alcance de esta: "Ya no será el mismo. Tendremos un ingenio más
compactado y con una mayor prestancia, para que se corresponda con
lo que es: una fábrica de alimentos".
Es por ello que se avanza también en un programa de reparaciones
y cambio de imagen que abarca, entre otras acciones, el
mantenimiento de las subestaciones eléctricas, la remodelación del
edificio socioadministrativo, la construcción de la cerca perimetral
y el cambio del sistema de tratamiento de los residuales.
"Junto a nuestro colectivo, participan de manera decisiva
trabajadores y personal subcontratado de la Sucursal Camagüey, de la
Empresa de Servicios Técnicos Industriales (ZETI)", informa la
especialista.
DE LA INVERSIÓN, SU RUTA CRÍTICA
Conocedora hasta el detalle de las virtudes y flaquezas del
Brasil, pues toda su vida laboral (31 años) ha transcurrido entre
las máquinas del ingenio, la ingeniera Alodia conduce a Granma
por los vericuetos de lo que ella ha dado en llamar la ruta crítica
de la inversión, de acuerdo con la magnitud de cada una de las
obras. De cada fase, hablan sus protagonistas.
"Aquí casi se empezó de cero: primero hubo que fundir una base
gigantesca donde se montará el tándem proveniente del central
Cándido González, en Santa Cruz del Sur, con capacidad para moler
diariamente, en un comienzo, unas 4 600 toneladas de caña", refiere
Omar González Cardoso, técnico de molino.
Le sigue en complejidad el área de purificación, ya que, al decir
del veterano azucarero Oliver Machado Sifontes, se trata de
cambiarla completa de lugar, acercarla al tándem y crear las
condiciones para ubicar todo el equipamiento. "En este lugar se
decide la eficiencia de la fábrica y la calidad del producto
terminado", señala.
No menos importantes son las acciones que se acometen en el área
de generación de vapor: su jefe, Pablo Pérez Rodríguez, considera
que allí la inversión es capital, "se montará una caldera nueva de
60 toneladas y se reparará otra de 40, además de construir las
plantas de tratamiento térmico y químico".
El recorrido concluye en el basculador, donde brigadas de
soldadores, encabezadas por el ingeniero Daniel Hidalgo Constante,
enfrentan la adaptación de los viradores de caña, tanto para
camiones como para casillas ferroviarias, con el propósito de
agilizar la recepción y entrada de la materia prima al central.
INVARIABLE, EL SENTIMIENTO AZUCARERO
Por muchos avatares y desasosiegos que trajera la paralización
del Brasil, incluido el éxodo de parte de su fuerza calificada y la
incertidumbre del qué hacer en lo adelante, para la mayoría el
sentimiento azucarero fue más fuerte que cualquier otra expectativa
en el orden laboral.
Así lo recuerda ahora Vicente Díaz Bell, jefe de brigada de
tachos con cuatro décadas en el ingenio: "Aquello fue un duro golpe
para todos aquí. Tuve que trabajar varios años en la agricultura y
ahora estoy de retorno. El que conoce de centrales sabe que la tarea
no es fácil, pero estoy seguro de que cumpliremos".
Pendiente de los trabajos en la planta eléctrica, Luis Sánchez
Castellanos también ofrece su opinión: "Que Brasil vuelva a ser
Brasil constituye un sueño largamente esperado. Nuestro batey es
Monumento Nacional, y con la reactivación de la industria lo que
hacemos es devolverle un poco de actividad económica al pueblo".
Esmeraldense de pura cepa, como Vicente y Luis, la ingeniera
Alodia coincide con el criterio de ambos obreros: "El central es la
razón de ser de este lugar: está en la mente, en el sentir de las
personas; si mueve sus máquinas, hay trabajo, se gana dinero y la
gente prospera".
Queda entonces, junto al costoso proceso inversionista en marcha,
trabajar fuerte en la conformación de un colectivo calificado y
capaz, para que las obras que se ejecuten en el Brasil rindan los
frutos esperados y se reviertan en producciones eficientes y
rentables desde el minuto mismo de su puesta en marcha. |