LIMA, 28 agosto.—
Con un homenaje a las víctimas de la violencia, entre ellos más de
15 mil desaparecidos, fue conmemorado hoy el noveno aniversario del
informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) de
Perú.
Familiares de muertos y desaparecidos en las dos décadas
precedentes, de las 15 regiones peruanas más afectadas por aquel
conflicto interno, sembraron igual número de rosales en una céntrica
plaza limeña, en un acto organizado por la Municipalidad de Lima.
Los oradores incidieron en la demanda de esclarecimiento de la
suerte de los desaparecidos, exhumación de restos de enterramientos
clandestinos y pronto pago de reparaciones a las familias de las
víctimas por parte del Estado.
Los planteamientos fueron hechos por la Organización Nacional de
Afectados por la Violencia Política y la Asociación de Familiares de
las Víctimas de las Fuerzas Armadas y Policiales.
Preguntado sobre el tema y sobre la aplicación de las
recomendaciones de democratización y medidas legales planteadas por
el informe de la CVR, el ministro de Justicia, Juan Jiménez, dijo
que la prioridad del gobierno es impedir el resurgimiento de los
grupos armados.
Según cifras el citado informe y otras fuentes, siguen
desaparecidos 15 mil 700 peruanos, en su gran mayoría campesinos,
cuyos despojos estarían enterrados en seis mil 400 fosas.
En los últimos 10 años solo se han abierto 13 por ciento de los
enterramientos, de los que fueron rescatadas dos mil 64 osamentas y
un diario local comenta que, si se mantiene ese ritmo, las
exhumaciones terminarán recién centro de 80 años.
Los afectados y Franco Mora, coordinador del Equipo Peruano de
Antropología Forense, señalan que no hay voluntad política estatal
para la búsqueda de las fosas y las exhumaciones, ni presupuesto
para la identificación de la mayoría de los restos encontrados.
Entretanto, el Juzgado Supraprovincial de Lima inició con
evidente tardanza un juicio al general retirado Wilfredo Mori y
otros tres exoficiales como autores mediatos de la matanza de unos
120 pobladores de la aldea de Putis, en la región centroandina de
Ayacucho, perpetrada en diciembre de 1984.
Fuerzas militares reunieron a los pobladores ofreciéndoles
protección por un previo ataque que habían sufrido del grupo armado
Sendero Luminoso, pero cuando los tuvieron bajo control violaron a
las mujeres y dieron muerte a un centenar de campesinos, incluyendo
niños.
La modalidad respondería a un patrón aplicado por las tropas en
la época y el ejército se ha negado a identificar a los oficiales
que dirigieron la matanza de Putis.