Un
tribunal en Oslo declaró cuerdo al extremista de derecha noruego
Anders Breivik, acusado de matar a 77 personas en dos ataques el año
pasado, y lo sentenció a pasar al menos 21 años en prisión.
Breivik siempre admitió la matanza, pero no ha mostrado ningún
arrepentimiento. En los ataques más de 240 personas resultaron
heridas.
Los jueces debían determinar sobre su condición mental. Si lo
declaraban demente, sería enviado por tiempo indefinido a una unidad
psiquiátrica de alta seguridad para tratamiento, algo que él había
descrito como "peor que la muerte".
La fiscalía había pedido que Breivik no fuera declarado sano y
todavía podría apelar la sentencia.
En Noruega, la pena de prisión más severa es normalmente de 21
años, aunque puede ser extendida si la persona es vista como un
peligro para la sociedad.
Breivik se mostró sonriente durante la sentencia del veredicto y
realizó el típico saludo de la extrema derecha con el puño en alto.
Durante el juicio, dos equipos de psiquiatras designados por el
tribunal habían llegado a conclusiones diferentes. El primero dijo
que Breivik era un esquizofrénico paranoico y que estaba perturbado
mentalmente al cometer los crímenes, pero el segundo determinó que
estaba cuerdo.