NUEVA YORK.— Activistas de todo el mundo se hicieron presentes
esta semana en la suroriental ciudad estadounidense de Tampa, para
protestar contra el desamparo y el hambre que sufren millones de
personas en el planeta.
Las protestas realizadas entre el 20 y el 26 de este mes en esa
ciudad del estado de la Florida fueron organizadas para llamar la
atención sobre la agresiva postura del opositor Partido Republicano,
que exige reducciones impositivas para los ricos y a la vez recortes
a la seguridad social para los más pobres y la clase trabajadora.
"He visto a gente que no ha comido durante cinco días. Esto está
ocurriendo en el país más rico del mundo", dijo a IPS el cofundador
de la organización Food Not Bombs y organizador de las
protestas de esta semana, Keith McHenry.
Más de 46 millones de estadounidenses (más de uno de cada siete)
dependen de un programa de alimentos financiado por el gobierno
federal. Los beneficios son en promedio de unos 143 dólares
mensuales, aun cuando los precios de los alimentos siguen
aumentando.
"Lo que ocurre con los pobres aquí y en el exterior es
manipulación económica", dijo McHenry. "El acceso a la comida es un
derecho, no un privilegio, pero nuestros líderes no lo reconocen. Es
por eso que hay tantas personas en prisión, porque son pobres".
Estados Unidos es el país con mayor cantidad de reclusos: más de
dos millones. El gobierno de Barack Obama intenta recortar en 2 %
los fondos para los planes de alimentación. Pero los republicanos
quieren una reducción aún mayor para el programa, que en el 2011
contó con 78 millones de dólares.
Pero, más allá de Estados Unidos, millones en todo el mundo
padecen hambre crónica. Según la ONU, casi 1 000 millones de
personas en el planeta sufren inseguridad alimentaria, la vasta
mayoría de ellas en el ámbito rural.
La carestía de los alimentos, el creciente desempleo y otros
factores contribuyen con este escenario, que se deteriora cada vez
más, alertó la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO).
La semana pasada, la FAO indicó que los precios de los alimentos
crecieron un 6 % en julio respecto al mes anterior. Los granos y el
azúcar fueron los productos que impulsaron este incremento.
"Esto no es ninguna clase de exhortación mensual. Es la misma
alarma global que ha sonado desde el 2008", dijo a IPS el activista
Colin Roche, de Oxfam International, al comentar el informe de la
FAO. Los gobiernos debían tomar medidas urgentes, particularmente
los de las economías más avanzadas en el Grupo de los 20 (G-20),
señaló.
Muchos economistas y expertos independientes en desarrollo
señalan que el hambre no se solucionará a menos que los políticos se
tomen en serio el problema de la desigualdad económica.
"El hambre es causada por la pobreza y la desigualdad, no por la
escasez" de alimentos, sostuvo el director ejecutivo del Instituto
para Políticas de Alimentación y Desarrollo, Eric Holt-Gimenez,
autor principal del libro "Food Rebellion: Crisis and the
Hunger for Justice" (Rebelión alimentaria: La crisis y
el hambre de justicia).
Holt-Gimenez señaló que las malas cosechas en Estados Unidos
significan un desastre para los pobres de todo el mundo. "No porque
los pobres coman nuestro maíz. Tampoco comen nuestro ganado
alimentado con maíz, ni se alimentan con combustibles con mezcla de
etanol". Sin embargo, "sufren el tercer desastre alimentario mundial
en cuatro años, porque el precio del maíz lleva al alza los de otros
alimentos básicos, como el trigo, la soja y el arroz. Esto provocará
un aumento de los precios en general", dijo.
"El salto en los precios de los alimentos básicos enviará una
señal al mercado para la inversión especulativa, lo que aumentará
aún más los precios de los granos. Los países con buenas cosechas, o
reservas, las usarán para evitar comprar granos en el mercado global
y adoptarán prohibiciones a la exportación. Pero los países con
regímenes frágiles, en su análisis tendrán el desafío de mantener
los precios de los alimentos debajo del umbral de las protestas
populares. Enviarán los alimentos principalmente a las ciudades, y
los precios más altos se verán en el campo, donde los pobres rurales
no podrán comprar comida", pronosticó.
En el 2008, el alza de los precios de los alimentos desató una
ola de violentas protestas en 40 países.
Roche, de Oxfam, definió el informe de la FAO como "un
electrocardiograma de un paciente muy enfermo", y sugirió que
Estados Unidos y la Unión Europea comiencen a desmantelar sus
"locos" programas que destinan el 40 % del maíz cosechado a la
producción de combustibles para autos y camiones.
"El G-20 tiene las herramientas para tratar las causas de los
volátiles precios de los alimentos y la inseguridad alimentaria hoy
y en el futuro", aseguró. El activista llamó a los países del Norte
a "revertir décadas de inversión insuficiente en la pequeña
agricultura".