Es decir, que en vez de cerrar el campo de prisioneros como
prometió, el presidente Obama ha devuelto Guantánamo al hermético y
desesperado campo de internamiento que tanto vilipendió cuando era
candidato.
Desde que la prisión de Guantánamo abrió sus puertas en el 2002,
sus rasgos distintivos han sido el rechazo a la supervisión judicial
y la exclusión de los abogados. La administración de George W. Bush
eligió ese lugar para albergar a los "combatientes enemigos" porque
las autoridades pensaron que la base militar —y el trato dado a los
detenidos— quedaría lejos del escrutinio de los tribunales. Después
de que el Tribunal Supremo rechazara esa estrategia en su sentencia
del 2004 en el caso Rasul versus Bush, los abogados afluyeron en
gran número a la base. Pronto quedó muy claro no solo que la mayoría
de los detenidos había sufrido abusos y torturas, también que a la
mayoría de ellos no debería habérseles detenido jamás. Desde la
sentencia Rasul, han quedado libres más de 600 de los casi 800
hombres musulmanes que han pasado por Guantánamo.
En el 2008, la sentencia del tribunal en el caso Boumediene
versus Bush reafirmó que los detenidos tenían derecho a una revisión
judicial significativa de la base legal y factual de su detención.
El caso Boumediene reabrió los tribunales a los detenidos,
recuperándose el derecho de hábeas corpus tras años de
suspensión.
En los primeros tres años tras el fallo de Boumediene, la mayoría
de los detenidos ganó sus casos en tribunales inferiores, lo que
puso de relieve la debilidad de los argumentos utilizados por la
administración Bush para llevar a cabo las detenciones. Pero el
pasado año, la Corte de Apelaciones estadounidense para el Circuito
DC ha revertido todas esas decisiones e impuesto unos estándares
legales que hacen que sea prácticamente imposible ganar un caso de
hábeas corpus. Mientras tanto, la negativa del Tribunal Supremo
a revisar el desafío de los tribunales del Circuito D.C. respecto a
la promesa contenida en el caso Boumediene —a pesar de una petición
de súplica presentada este año en siete apelaciones diferentes— pone
punto final a la supervisión judicial significativa de Guantánamo.
Así pues, las nuevas normas del Departamento de Justicia están
devolviendo a Guantánamo al punto de partida. Este mes, en una
presentación ante un tribunal, la administración Obama mostró su
incorrecto razonamiento argumentando que, en ausencia de peticiones
activas de hábeas corpus, los abogados no necesitan tener
garantizado el acceso a sus clientes ni a la información clasificada
necesaria para poder presentar sus demandas.
Pero no hay justificación militar o legal plausible alguna para
castigar de esa forma a los detenidos. Guantánamo sigue estando a
miles de kilómetros de cualquier hostilidad activa. Más aún, entre
las miles de visitas de abogados a clientes que se han producido a
lo largo de los últimos ocho años, no ha habido ningún informe
creíble de que se haya divulgado una información reservada ni dañado
la seguridad nacional.
El retroceso de la administración Obama, a causa de la
evisceración de Boumediene por los tribunales del Circuito D.C. y la
fallida promesa del presidente de cerrar la prisión, está
devolviendo el status quo de Guantánamo a la era anterior a
Rasul, cuando era un lugar icónico de la negación de los derechos
jurídicos de seres humanos o del acceso al mundo exterior.
Esta evolución es tan poco sorprendente como peligrosa. En el
2004, el Tribunal Supremo se sintió motivado para asegurar una
supervisión judicial sobre las operaciones de detención en
Guantánamo a causa de las revelaciones sobre las torturas de Abu
Ghraib, así como por la preocupación ante una serie de detenciones
en las que no mediaban acusación ni juicio alguno. Actualmente, la
mayoría de la gente cree que Obama ha puesto fin a las torturas en
Guantánamo. Sin embargo, esto no significa que no sea ya necesario
el control judicial. Los abusos y las torturas podrían fácilmente
reaparecer si no existe la vigilancia adecuada. No obstante, el
problema fundamental ha sido siempre la detención indefinida sin
acusación ni juicio, que en sí misma es una forma de tortura.
La tortura fue el legado del presidente Bush. Confío en que el
legado del presidente Obama no sea la legitimación de la detención
indefinida sin acusación y juicio y hacer de Guantánamo el lugar
donde Estados Unidos envía a los detenidos musulmanes a envejecer y
morir.