En esa línea, tal vez el boxeo necesite redoblar esfuerzos,
debido a los cambios inminentes de la disciplina, fruto de los
planes radicales de Wu Ching Kuo, presidente de la Asociación
Internacional de Boxeo Amateur (AIBA), cuyo deseo radica en
establecer cierta similitud entre el deporte aficionado y el
profesional.
Entre otras cosas, la alta cúpula de la AIBA está valorando
descartar el casco protector y ya se ha aprobado la sustitución de
la puntuación computarizada por el método tradicional utilizado en
el profesionalismo, con tres jueces y un sistema de tarjetas de diez
unidades, en las cuales se juzgarán todas las habilidades del
pugilista, no solo su capacidad para golpear.
"Sería lo mejor para los atletas. El estilo es lo esencial, todo
se tomaría en cuenta, de forma que el ganador sea el que muestre un
boxeo superior", sentenció Wu, quien también se ha preocupado por la
readaptación a que deben someterse los jueces y árbitros.
"Ellos (los magistrados), actualmente, juzgan siguiendo los
patrones de sus regiones. Un continente distinto implica una forma
distinta de ver las cosas. Queremos capacitarlos y uniformar
criterios", declaró el rector de la AIBA, consciente de la inflexión
que supondrían las transformaciones.
"Necesitamos hacer las cosas sobre la base de un buen concepto,
debemos evaluar correctamente y no precipitarnos, pues una vez
realizado un cambio es muy complicado volver", remarcó.
Aunque todavía no se ha dado fecha exacta para el anuncio de las
medidas, la idea de la "profesionalización" no es de ayer. Un par de
años atrás fue inaugurada la Serie Mundial de Boxeo, una especie de
liga en la que son protagonistas los peleadores amateurs, eso sí,
con las reglas del pugilismo rentado, solo que después tienen la
libertad de inscribirse en cualquier competencia de la AIBA, incluso
en las Olimpiadas.
En este sentido, los planes de Wu no se detienen y ya se proyecta
la aparición —en el otoño del 2013— de un nuevo organismo, la AIBA
Pro Boxing (APB), reforma que facilitará la participación en Juegos
Olímpicos de púgiles profesionales de todas las latitudes que tengan
menos de dos años en el mundo rentado, y no más de 15 peleas en
dicho campo.
Sesenta y seis de estos hombres tendrían la oportunidad de
inscribir su nombre bajo los cinco aros, divididos en 56
clasificados de la APB y el resto de las mencionadas Series
Mundiales implementadas dos años atrás, sin obviar a los amateurs
que ganen sus derechos en los tradicionales torneos preolímpicos.
De concretarse la espiral de cambios mencionados, implicaría la
modificación de las tácticas y los planes de entrenamiento de los
pugilistas aficionados de cara a Río 2016, donde se prevé la disputa
más férrea con los "invitados profesionales" y ya con las nuevas
reglamentaciones en vigor.
Precisamente, en la urbe brasileña, Cuba tiene cifradas grandes
esperanzas, teniendo en cuenta los resultados de Londres y la
proyección de una armada muy joven. "La perspectiva es que los ocho
lleguen a Rio, pero deben tener un comportamiento adecuado en el
ciclo. De Beijing solo repitió un hombre (Roniel Iglesias) ahora, y
dentro de cuatro años estarán quienes mantengan una adecuada
disciplina y calidad", en opinión de Alcides Sagarra, quien durante
años dirigiera la escuadra cubana.
Reducir los puntos vulnerables en combates que, previsiblemente,
tendrán otras características, debe ser la meta de los cubanos,
aunque el fin siempre será el mismo, justo como asegura el propio
Sagarra. "No nos gusta culpar al arbitraje ni a nada que influya en
una decisión adversa para nuestros hombres. Ellos tienen una
preparación maravillosa y siempre les pedimos que suban al
cuadrilátero y resuelvan cualquier problema o situación que se les
presente. Eso nunca cambiará".