El primer intento desarrollado en América para controlar la broca
del café mediante el mencionado parasitoide, se realizó en Brasil en
1929. Luego, naciones como Ecuador, Nicaragua y Colombia, entre
otras, también trataron de introducir las llamadas avispitas en sus
plantaciones. En esta última nación, según fuentes consultadas, se
reporta un nivel de efectividad de la Cephalonomia de casi un
50 %.
En nuestro país comenzaron los estudios destinados a introducir
el beneficioso insecto en el 2003, en especial en la zona oriental,
principal polo productivo del grano, idea que ahora pretende
extenderse hacia otras zonas, como el macizo montañoso Guamuhaya,
donde también abundan los cafetales.
Este método de controlar la broca del café por vías biológicas,
resulta mucho más beneficioso que cuando se emplean insecticidas
para eliminar la plaga, dado el alto costo de esos productos y los
niveles de toxicidad provocados, además de ser elementos
contaminantes del medio.
En las estribaciones del lomerío del Escambray, en el poblado de
Jibacoa, dos jóvenes científicos trabajan afanosamente, junto a
otros técnicos, en la propagación de la Cephalonomia
Stephanoderis.
Durkys Borroto Couto es el especialista principal del Centro de
Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE), lugar donde se
labora por hacer proliferar la famosa avispita. Allí lo acompaña la
ingeniera Yesly Brito Padrón, quien reconoce que ya han logrado
procrear unas 7 900 Cephalonomias, a partir de su cría
artificial, una parte de las cuales ya han sido liberadas en las
serranías del Escambray.
Al respecto, el ingeniero Borroto Couto asegura que, contrario a
la beauveria bassiana, uno de los métodos más extendidos para
combatir a la broca, el cual se basa en un hongo capaz de producir
la muerte del insecto cuando este entra en contacto con él, la
Cephalonomia va al encuentro de la broca, porque vive
precisamente de alimentarse de ella.
Señala que luego de su reproducción en condiciones de
laboratorio, la avispita es liberada en los campos infestados, y una
vez allí, penetra en el interior del grano perforado por la broca,
donde comienza a alimentarse de los huevos y las larvas de esta.
Yesly Brito resume: "De lo que se trata es de impedir que la
broca alcance su estado adulto, y las hembras no puedan llegar a
reproducirse dentro del grano de café, donde causa el verdadero
daño, cuando sus larvas se alimentan del contenido del fruto".