Cuando Chance Keesling regresó de la guerra, su matrimonio había
fracasado. Físicamente sano, pero moralmente destruido, intentó
buscar ayuda psiquiátrica a través del Departamento de Asuntos de
los Veteranos. Rechazó la oferta del Ejército de recibir un pago
extra de 27 mil dólares para alistarse nuevamente. No obstante, fue
enviado a Iraq. Dos meses después, Chance llevó su revólver a una
letrina y se disparó. En el informe que emitió el Pentágono, su
muerte es calificada como "un incidente no vinculado al combate".
Esa historia, denunciada por el sitio web alternativo Democracy
Now, es solo una de muchas. La mano que más bajas provoca entre los
soldados estadounidenses no es la de sus enemigos, sino la propia.
Solamente en julio pasado, 38 militares de las Fuerzas Armadas de
ese país se quitaron la vida. Las nuevas víctimas se suman a los 120
suicidios confirmados por el Departamento de Defensa en lo que va de
año. Según el Pentágono, por cada soldado estadounidense fallecido
en Iraq o Afganistán unos 25 veteranos se quitan la vida.
Incluso el secretario de Defensa, Leon Panetta, ha calificado de
"epidemia" este tipo de fallecimientos. "Tenemos que aumentar las
medidas de prevención de suicidios", sostiene. La mejor forma de
prevenirlo sería no ir a la guerra. Pero esa conclusión tan obvia no
cabe en la cabeza de quienes manejan los hilos del poder.
Los soldados pueden abandonar el campo de batalla, pero el campo
de batalla nunca los abandona a ellos. Al estrés postraumático se
suma el trauma de la crisis económica. Muchos no encuentran un lugar
digno en la vida civil. Algunos ven en el suicidio su única salida.
Según un informe del Departamento de Trabajo, más de 850 mil
veteranos que participaron en la Guerra del Golfo están sin trabajo.
Para pedir ayudas o subvenciones estatales, los heridos deben
esperar entre seis meses y dos años, y a muchos se les niega.
Como promedio, un soldado estadounidense muere en acción cada día
y medio, mientras cada 80 minutos se suicida un veterano. La cifra
seguirá en ascenso, en la misma medida en que aumente la escalada
bélica de Estados Unidos.