Sencillez, razón, paciencia y entendimiento, son virtudes que
sobresalen en esta menuda mujer, reflejadas en múltiples anécdotas,
desde cómo conscibió su primer libro; la búsqueda en bibliotecas y
archivos... , hasta los trabajos de tecleado en la máquina de
escribir y la incursión en la computación, a sabiendas de que ha
llegado a un mundo desconocido, pero "nunca tarde para aprender".
Con entera fluidez habla de su entrañable amistad con Celia
Sánchez y Vilma Espín; de cuando, siendo muy joven, estudiaba en la
Escuela Normal de Maestros en Santiago de Cuba y luego en la Escuela
Nacional de periodismo Manuel Márquez Sterling y se interesó por la
investigación histórica. "Primero indagué en la vida del poeta
español Federico García Lorca. Luego, poco a poco, me fui adentrando
en el género biográfico".
Su dedicación al estudio de la obra y el pensamiento de José
Martí ha sido constante, y se aprecia en su producción intelectual y
convicciones personales, que la hacen sentirse una verdadera
martiana.
Colmada de pasión comenta su callada y muchas veces anónima labor
realizada a petición de Celia, para organizar el fondo de documentos
originales de José Martí, en la Oficina de Asuntos Históricos del
Consejo de Estado, labor que realizó hasta su jubilación.
La huella de su laboriosidad y proverbial sencillez ha quedado
plasmada en más de 20 obras, textos como: Ana Betancourt,
Historia de una familia mambisa. Mariana Grajales, Tras las
huellas de los héroes, Noticias confidenciales sobre Cuba,
Voces en su época, y hasta su más reciente título, Albores
históricos: Cuba-Venezuela; o en su obra inédita Martí más
allá de la ternura, que es una compilación sobre el origen de
María Mantilla.
Cada vivencia que narra como fundadora del Centro de Estudios
Martianos, de la Unión de Periodistas de Cuba, de la Unión Nacional
de Historiadores de Cuba; como miembro de la Unión Nacional de
Escritores y Artistas de Cuba y de honor de la Asociación de
Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, revelan su vida como
escritora, las cuales la han hecho merecedora de varias distinciones
y reconocimientos.
La avezada investigadora santiaguera se siente orgullosa porque
su obra "pretende acercar a los jóvenes a nuestras raíces
históricas". A ellos les dice que "sepan defender siempre la verdad,
que sean justos, equitativos, y que amen a la Patria".
Increíble resulta saber que, con 90 años, Nydia Sarabia continúa
escribiendo y se considera aprendiz. Es de quienes ofrece su
biblioteca a los discípulos, sin prejuicios. De eso da fe esta
reportera, quien recibe su ayuda no solo de los archivos personales,
sino también de sus conocimientos y lucidez, puestos al servicio del
quehacer intelectual cotidiano.