La vida en el aire

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

Foto del autorKatia Barrios Vega es la primera mujer piloto de la provincia de Ciego de Ávila. No imaginó que algún día tuviera que relacionarse con aviones, pero le agradaba la vida militar y por ahí mismo llegó a amar el cielo y a estar más cerca de las estrellas.

"Cuando cursaba el onceno grado en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de mi natal Ciego de Ávila, surgió algo que ni yo misma esperaba: el inicio de la captación para la carrera de piloto, y como yo quería probarme, hacer algo diferente y fuera de lo común para mujeres, me motivé y pasé toda la etapa de selección, incluidos tres chequeos médicos muy rigurosos, hasta que inicié la carrera.

"Realmente es difícil. Antes duraba cinco años y ahora debía vencerla en solo dos. El primero en el Instituto Técnico Militar José Martí, en ciudad de La Habana, y el segundo en la Escuela de Aviación de Camagüey.

"En el primer año nos imparten mucha teoría, empiezas a conocer el avión, hasta que llega la hora de la verdad, que es cuando tienes que saltar en paracaídas y, por último, realizar el soleo o vuelo en solitario, pero entre las condiciones principales de la escuela está que si en el segundo año no logras despegar y aterrizar sola, causas baja.

"Del salto recuerdo que fue un 24 de diciembre y hacía mucho frío. Fue apasionante. En el momento previo uno repasa muchas cosas y una vez en el aire no tienes marcha atrás, pero te da una sensación única. Yo quisiera saltar y saltar, pero soy piloto, no paracaidista.

"Aunque nada como el soleo. Ese día, cuando me fui solita al aire, grité altísimo y los nervios hicieron que comenzara a cantar. Sin problemas hice los ejercicios de rutina, incluidos dos tráficos de ocho minutos cada uno, a 300 metros de altura y a 160 kilómetros por hora.

"Aquel día, cuando aterricé, tengo que reconocer que no lo hice bien como yo esperaba, porque para hacerlo excelente me había preparado. Hice un ‘bangán’, que en lenguaje de nosotros quiere decir que el avión tocó fuerte la pista. Lo aterricé sobre las dos ruedas delanteras y no sobre las tres, como debe ser en el caso de los AN-2, que son los empleados en la aviación agrícola.

"Ahora, lo que sí reafirmo es que las mujeres estamos preparadas para cualquier oficio. En mi caso particular no dejo de prepararme. Sé que mi oficio tiene altas dosis de pasión y misterio, pero también de exigencia y responsabilidad. Además, hay una máxima: las leyes de la aviación están escritas con sangre, y eso jamás puede olvidarse".

Y prosigue: "Desde que comencé he realizado distintas labores, desde el llamado bombardeo de la prensa en comunidades apartadas de las provincias de Ciego de Ávila, Santa Clara y Sancti Spíritus, hasta la siembra y fertilización del arroz en el Sur del Jíbaro.

Con 25 años, 1 200 horas de vuelo en su bitácora y eterna enamorada de la aviación, afirma que su sueño es pilotear uno de esos aparatos de gran porte. Así, mientras disfruta la vida desde el aire, esta mujer siente que puede alcanzar las estrellas.

 

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