Aprovechamiento de la biomasa cañera para la producción de bionergía

Caña: algo más que azúcar

SHEYLA DELGADO GUERRA

En un contexto marcado a escala mundial por el impacto de una crisis que abarca desde la esfera económica, la producción y distribución de alimentos, la energía y hasta el medio ambiente, el aprovechamiento de la caña de azúcar se ratifica como una alternativa sustentable para atenuar esa situación.

Hay que invertir esfuerzos y atención para que se eleven los kilowatts aportados por la biomasa cañera.

Con el objetivo de darle cumplimiento cuanto antes al Lineamiento 246, el cual establece elevar la generación de electricidad en la zafra y fuera de esta, a partir de la biomasa cañera y forestal, el Grupo Azucarero está acelerando uno de los programas de mayor impacto en este sentido: la construcción de bioeléctricas en centrales seleccionadas, debido a su crecimiento cañero y fiabilidad industrial.

Una bioeléctrica es una termoeléctrica cuyo combustible no fósil resulta amigable con el medio ambiente, en este caso, la biomasa cañera. Esas plantas, que operan con mayor presión de vapor y eficiencia que los actuales centrales azucareros, pueden aportar electricidad hasta 290 días en un año. Y en la proyección estratégica hasta el 2020, se estima que con estas tecnologías en la industria azucarera se mitiguen no menos de tres millones de toneladas de dióxido de carbono anuales. Tales proyectos, el Grupo Azucarero los desarrolla de conjunto con los ministerios de la Agricultura y de la Industria Básica.

CON LAS MANOS Y LA MENTE EN LA BIOMASA

Podría parecer exagerado —comenta el Doctor en Ciencias Federico Sulroca Domínguez, especialista superior en Producción de Caña del Grupo Azucarero—, pero las bondades de ese cultivo rebasan con creces los niveles de utilización que se le dan actualmente, incluso en nuestro país.

En sí mismo, este producto agrícola constituye un alimento, sin olvidar los derivados que de él se obtienen (azúcares, levaduras, alcoholes y otros subproductos). También se emplea en la dieta de los animales, sobre todo en periodos de sequía, alternando con king grass, morera, moringa y suplementos.

"Desde el punto de vista ambiental, disminuye los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, mediante la fijación biológica; proporciona nutrientes y materia orgánica, ineludibles en la conservación del suelo. Y a lo anterior se suman sus potencialidades en la producción de energía", abundó el especialista.

A partir de la caña se puede obtener biodiésel, que posee la ventaja de sustituir al petróleo en motores del tipo diésel, tanto de forma parcial como total, y sin efectuar modificaciones técnicas a esos dispositivos. Igualmente, disminuye en los vehículos las emisiones de monóxido de carbono e hidrocarburos volátiles, y en el caso de las de dióxido de carbono, las reduce entre el 25 y el 80 %.

Asimismo, la biomasa de la caña es capaz de producir bioetanol, el cual se obtiene por la fermentación natural del azúcar contenida y se emplea como combustible renovable y ecológico. Además, resulta de gran utilidad en la elaboración de bebidas y licores, y en otros procesos industriales. En sustitución de combustibles fósiles, tiene la propiedad de ser oxigenante, es decir, que reduce la emisión de gases contaminantes a la atmósfera.

Por otro lado, la biomasa cañera procesada para la fabricación de azúcar es reutilizable, al emplearse en la producción de biogás, explicó Sulroca. Para tener medida de su repercusión, resulta necesario conocer que un metro cúbico de biogás es capaz de sustituir, como combustible, medio kilogramo de fuel oil, similar cantidad de diésel, casi un litro de gasolina, un litro de alcohol, medio kilogramo de butano, 1,5 metros cúbicos de gas licuado de petróleo y 3,6 kilogramos de carbón vegetal.

El biogás puede usarse para cocinar, iluminar, operar maquinarias agrícolas, bombear agua y generar energía térmica y electricidad. Razón por la que seguir desarrollando la planta especializada del Grupo, instalada en Villa Clara y con capacidad para 13 mil 500 metros cúbicos, demanda algo más que buenas intenciones, teniendo en cuenta la posibilidad de este biocombustible de mitigar aproximadamente 47 mil toneladas de dióxido de carbono anuales.

Aparte de los mencionados usos y propiedades, este tipo de biomasa permite la cogeneración de energía eléctrica (proceso que a nivel internacional data de 1926), con lo que nuestros centrales pueden satisfacer su consumo de electricidad. Y de hecho, lo hacen en buena medida, amén de que algunos ingenios se queden por debajo de sus planes. La energía térmica se obtiene en los centrales generando vapor en calderas que emplean como combustible la biomasa cañera, o sea, el bagazo y las hojas de la planta.

DE LO IDEAL, A LO REAL: ¿QUÉ NOS DEJÓ LA PASADA ZAFRA?

Según informó a Granma Osiris Quintero López, especialista de Análisis del Grupo, en la molienda del 2011-2012 los 46 centrales que hicieron zafra lograron generar cerca de 540 mil megawatt/hora, y aportar al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) un excedente eléctrico suficiente para abastecer a más de 576 mil 500 viviendas en el lapso de un mes, en relación con el promedio nacional de consumo del sector residencial.

A un central balanceado energéticamente, comenta Bárbara Hernández Martínez, jefa de Generación Eléctrica del Grupo Azucarero, le alcanza el bagazo para generar toda la electricidad necesaria en la fabricación de azúcar y se produce un sobrante capaz de aportar energía en periodos de paradas y arrancadas, así como de entregar a la red pública, porque todos los ingenios están sincronizados con el SEN, y poseen una infraestructura agrícola e industrial distribuida en todo el archipiélago, afirmó.

Sin embargo, el potencial es superior a los resultados, catalogados aún de discretos, si tenemos en cuenta que la industria opera con baja presión de vapor, cuyo índice de generación más eficiente por cada tonelada de caña molida no rebasa los 40 kilowatt por hora. La tecnología para hacerlo también resulta ineficiente, fundamentalmente, en el aporte que se realiza durante la etapa fuera de zafra.

Aumentar el aprovechamiento de la biomasa cañera, requiere de acciones y medidas encaminadas a recuperar la disciplina en el campo y la industria. A ello se incorpora la necesidad de equipamiento en numerosos ingenios y en la fase agrícola. De lograrse mayores rendimientos por hectárea y los parámetros industriales exigidos, no solo el plan de azúcar resultaría beneficiado, también lo sería la generación de energía a partir de esta fuente.

Lo paradójico en este asunto radica en que los conocimientos y el capital humano existen, pero pese a ello no se han logrado aprovechar las bondades de la gramínea, en un país con vastísima cultura y tradición agroindustrial cañera.

Hoy dependemos de altas importaciones de petróleo como combustible para disímiles procesos productivos, y alrededor del 93 % de la generación de electricidad se realiza a partir de ese combustible fósil. La vulnerabilidad energética nunca antes estuvo tan "a la vuelta de la esquina".

Hay que "invertir" esfuerzos y atención para que se eleven los kilowatts aportados por la biomasa de caña —así como por otras fuentes que sustituyan el uso del "oro negro"—, si se le quiere dar energía a la sustentabilidad económica.

 

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