Dos
soldados estadounidenses han sido asesinados este viernes por un
policía en el suroeste de Afganistán, en el 31º ataque de las
fuerzas afganas contra sus aliados occidentales este año.
"Un miembro de la policía local ha apuntado su arma contra
ellos", ha indicado la OTAN en un comunicado. El tirador, que ha
sido abatido, llevaba cinco días en la policía afgana —una red de
milicias regionales apoyadas por las fuerzas de la OTAN—, han
asegurado fuentes locales a la agencia Associated Press.
Este ataque es el segundo del viernes en Afganistán. Horas antes,
un afgano disparó contra tres miembros de la misión de la OTAN, que
resultaron heridos, en la provincia de Kandahar, al sur del país,
según ha declarado un oficial alemán a la cadenal CBS. El autor de
los hechos ya ha sido detenido.
Al menos 39 miembros de las fuerzas occidentales han muerto este
año en Afganistán, 23 de ellos estadounidenses. El pasado viernes,
dos ataques similares causaron la muerte de seis soldados
norteaméricanos.
Los tiroteos se han producido un día después de que el líder de
los talibanes afganos, el mulá Omar, afirmara en un comunicado que
varios militantes habían conseguido infiltrar las fuerzas de
seguridad afganas. "Gracias a que los muyahidines — combatientes
islámicos fundamentalistas — infiltraron las fuerzas de seguridad,
pueden entrar en las bases, despachos y centros de inteligencia del
enemigo", ha declarado.
El secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, aseguró
este martes estar "muy preocupado" por el aumento de los asesinatos
de soldados occidentales a manos de las fuerzas afganas, y anunció
que se han adoptado nuevas medidas de contrainteligencia para
evitarlos. Estos ataques minan la confianza de los militares que
forman a las tropas afganas, que se encargarán de la seguridad del
país tras la retirada de la OTAN, a finales de 2014.
Los responsables de la misión de la OTAN, que cuenta con unos
130.000 soldados en el país, reconocen que el número de atentados de
este tipo han aumentado en los últimos meses, pero niegan haber sido
infiltrados. Según ellos, los ataques se deben a riñas causadas por
divergencias culturales.