En
la cerrada disputa electoral entre Obama y Romney, hay una constante
búsqueda e interpretaciones de factores que puedan brindar las
claves que apunten al posible vencedor de la contienda.
El financiamiento de la campaña es uno de esos factores,
particularmente lo que se recauda por parte de los comités de
campaña de los candidatos, de los comités nacionales de los
partidos, por los fondos conjuntos de unos y otros y por los
llamados comités de acción política, en este caso los SuperPACS.
Desde que el pasado mes de abril las recaudaciones totales del
equipo de campaña de Romney, el Comité Nacional Republicano y el
Fondo de la Victoria de Romney han sido siempre superiores a las de
Obama; en millones de dólares: mayo, 16,8; junio, 35 y julio 25,3
millones. Nada pone en duda que Romney superará a Obama en
recaudación total para la campaña y sería la primera ocasión en que
un presidente titular es superado en recaudación por su
contrincante, aunque hasta fines de julio, la recaudación total era
de 627 millones contra 495, a favor de Obama, según un estimado de
Reuters del pasado 8 de agosto.
De Romney lograr esa ventaja puede haber llegado muy tarde para
sacar provecho en la organización de la maquinaria electoral que
garantiza los votos en cada uno de los estados. La lucha en las
primarias contra sus opositores republicanos lo obligó a dedicar
tiempo y recursos en estados específicos y desatender durante muchos
decisivos meses los preparativos para la fase de las elecciones
generales, desventaja que ahora ninguna superioridad en recaudación
puede borrar. Sin embargo, Obama ya sacó su beneficio por dos
elementos a su favor: contó con dinero suficiente desde temprana
fecha y no tuvo opositor de consideración durante las elecciones
primarias.
En las recaudaciones de los SuperPACs, lo cual significa contar
con más recursos para la propaganda electoral, Romney está en mejor
posición. Por ejemplo, el Super PAC pro-Romney, Restore Our Future,
invirtió 10 millones de dólares en un anuncio anti-Obama sobre el
desempleo difundido del 14 al 21 de agosto en Colorado, Florida,
Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Ohio,
Pennsylvania, Virginia y Wisconsin.
Otro factor objeto de mucha atención es la tasa de desempleo.
Desde que explotó la crisis en el 2008, en Estados Unidos no ha
habido un ritmo de creación de empleos que conduzca a la
recuperación del mercado de trabajo. No se espera que la cifra de
desempleo esté por debajo del 8 % cuando a principios de octubre
próximo se den a conocer los últimos datos oficiales antes de las
elecciones.
Esta es una cifra de desempleo manejable para la campaña de Obama,
pero también da municiones a los ataques de Romney contra la gestión
gubernamental del actual presidente. Pero no se debe dar carácter
absoluto o generalizar su impacto en la votación. Por ejemplo, nadie
duda que Obama resultará vencedor en estados como California y New
York, que a fines de junio pasado ofrecían altos índices de
desempleo (10,7 % y 8,9 %, respectivamente), mientras que de los
ocho estados en que la contienda es más cerrada, Virginia, Iowa y
New Hampshire tenían índices de desempleo bien por debajo del
promedio nacional (5,7 %; 5,2 % y 5,1 %); Ohio (7,2 %) y Wisconsin
(7,0 %) también están por debajo. Colorado con 8,2 % está en la
media nacional y solamente Nevada (11,6 %) y Florida (8,6 %) están
por encima.
Desde que en abril Romney tuvo firme en sus manos la nominación
republicana como candidato presidencial se incrementaron las
especulaciones sobre a quién seleccionaría como vicepresidente para
su fórmula electoral.
El pasado sábado 11 de agosto, Romney develó el secreto en un
acto celebrado en Norfolk, Virginia, teniendo como telón de fondo al
acorazado Wisconsin anclado como pieza de museo en el Centro
Marítimo Nacional, muy apropiado para presentar a su elegido, el
representante republicano por Wisconsin y presidente del Comité de
Presupuesto de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. Se afirma que
Romney tomó la decisión el pasado 1ro. de agosto al regreso de su
escabroso viaje al exterior, donde cometió pifias en Londres e
Israel que aguaron su pretensión de "pulir" sus credenciales en
política internacional.
Ryan, con 42 años de edad, pertenece a la nueva generación de
líderes republicanos. Tiene la misma edad que el hijo mayor de
Romney. Desde muy joven comenzó su actividad política, primero en
1992 como asistente del senador Robert Kasten y en 1998 fue elegido
para el primero de sus consecutivos siete mandatos como miembro de
la Cámara de Representantes por el Primer Distrito Congresional de
Wisconsin.
Aunque Ryan antecede a la hornada de políticos republicanos
aupados por el Tea Party, está ligado a ese movimiento por afinidad
política, filosófica y generacional. Pero también goza de prestigio
y apoyo entre los tradicionales conservadores fiscales republicanos.
De hecho fue el promotor principal del más elaborado proyecto de
presupuesto federal y programa de eliminación del déficit federal
republicano en contra de las propuestas hechas por Obama.
Es reconocido como uno de los protagonistas del atolladero creado
durante las negociaciones entre Obama y los republicanos que un año
atrás colocó al gobierno federal al borde de declararse en mora. Es
un abierto defensor de la idea de privatizar los programas federales
de atención a la salud, de la educación pública y del sistema de
seguridad social.
Debido a sus posiciones conservadoras extremas (muy próximas a la
de los "libertarios" de Ron Paul) y a pesar de ser Ryan coherente en
sus expresiones, experimentado en política nacional y contar con
mayor reconocimiento en el país, su designación como compañero de
fórmula presidencial es un riesgo comparable al que tomó McCain en
el 2008 al seleccionar como candidata a la vicepresidencia a Sarah
Palin.
La diferencia estriba en que ha surgido el Tea Party como un
movimiento de las bases republicanas que en las elecciones
intermedias del 2010 ganó el control de la Cámara de Representantes
en lo que Obama reconoció como una "paliza". Ryan puede ser un
catalizador del voto del Tea Party a favor de Romney, quien hasta
ahora no ha tenido una buena acogida en ese sector.
Los ocho estados que la generalidad de los analistas considera
que se mantienen en disputa suman un total de 95 votos electorales,
de los cuales Obama requiere ganar 34 y Romney 64. Las veleidosas
encuestas muestran que Obama marcha a la cabeza en casi todos los
ocho estados. Pero esos datos no tienen "fijador", ya que varían
según los acontecimientos del día.
De ellos, Florida y Ohio, respectivamente con 29 y 18 votos
electorales suman 47 de los 95 votos en disputa. Tanto Obama como
Romney tienen que ganar al menos uno de ellos. Si Obama ganase los
dos, tendría asegurado el camino a la presidencia, pero si Romney
los ganase solo requeriría de otros 17 votos electorales para lograr
los 270 necesarios que le darían acceso a la Casa Blanca. En esta
semana Romney y Ryan han estado de campaña, juntos o separados, al
menos en Wisconsin, Florida, Iowa y Colorado, mientras Obama dedicó
el domingo a recaudar dinero en Chicago y el lunes y martes a hacer
campaña en Iowa.
Dentro de diez días comenzarán las convenciones nacionales de los
partidos. Primero será la de los republicanos en Tampa, Florida, del
27 al 30 de agosto. No habrá ningún hecho trascendental, salvo la
formalización de las candidaturas, muchos discursos de
personalidades y gran cobertura de los medios de difusión. Los bares
y casas de prostitución y pornografía de Tampa esperan hacer
literalmente su "agosto". Según Angelina Spencer, directora de la
Asociación de Clubes Ejecutivos que agrupa a esos comercios, una
encuesta informal realizada en Denver y Nueva York señala que los
congresionales republicanos gastan tres veces más que los demócratas
en esas instalaciones: 150 dólares promedio por cliente en cada día.
Seguidamente los demócratas se reunirán del 4 al 6 de septiembre
en Charlotte, Carolina del Norte. La programación será muy similar;
solo variarán los nombres de los oradores. El discurso central será
ofrecido por Obama en la noche del 6 de septiembre. Para no
interferir con la transmisión televisada de la intervención del
Presidente, la Liga Nacional de Fútbol Americano decidió adelantar
el juego inaugural de la temporada 2012, programado ahora para el 5
de septiembre entre el campeón de la anterior temporada New York
Giants y los Dallas Cowboys.