Beijing
2008, a pesar de apenas contar 16 años, muchas miradas giraban en
torno a Omara Durand. Justo 12 meses antes había debutado en el
Campeonato Mundial para Ciegos y Débiles Visuales, disputado en Sao
Paulo con sendos títulos en 100 y 200 metros de la categoría T-13
(débil visual). Los Juegos Parapanamericanos de Río de Janeiro en el
propio 2007 le depararían otras tres coronas, incluido el récord
continental de 56 segundos en la vuelta al óvalo.
Estremeció entonces el estadio Joao Havelange, máxime por el
hecho de relegar a dos excelentes corredoras anfitrionas: Terezinha
Guilhermino, campeona en Mar del Plata 2003, e Indayara Martins,
plata y bronce por ese orden.
Sin embargo, una ruptura de miofibrilla en el muslo derecho la
privó de brillar en el gigante asiático. Incluso corriendo los 400
en el Nido de Pájaro sufrió una distensión muscular. Eso la trastocó
psicológicamente y la vetó de obtener presea alguna. Infortunio que
no duraría mucho tiempo.
Natural de Chicharrones, en Santiago de Cuba, se inició en el
Rekortán con siete abriles practicando gimnasia y atletismo, pero
confiesa que siempre fue amante de la velocidad. Su entrenador de
entonces era Reinaldo Cascaret, a quien recordó con precisión.
¿Cómo te repusiste del sinsabor de Beijing?
"Con entrega en los entrenamientos, el apoyo de mi familia, mi
entrenadora Miriam Ferrer y mis compañeros de equipo. Así di todo en
cada sesión como si fuera la última, hasta que llegó la oportunidad
en el Mundial de Christchurch, Nueva Zelanda 2011".
Allí cumplió con creces al dejar su estela en el parque Queen
Elizabeth II amparada en 54.87 segundos que constituyeron primacía
para citas del orbe en los 400 metros, a solo 41 centésimas del
registro cúspide, en poder de la estadounidense Marla Runyan desde
el 3 de enero de 1995. En la mitad del trayecto sí "voló bajito" con
plusmarca universal de 24.24.
Eso no sería todo, definitivamente el 2011 fue un año en extremo
exitoso para Durand, quien meses más tarde se convertiría en la
primera mujer con alguna discapacidad en bajar de los 12 segundos en
el hectómetro con un 11.99 que enmudeció el estadio TELMEX de
Guadalajara.
¿A qué atribuyes ese excelente crono?
La preparación durante el año fue óptima, con competencias de
nivel como el Mundial y tiempo de adaptación a la altura en
Guadalajara. Miriam me dijo que me veía en muy buena forma, en
condiciones de salir a correr por una buena marca y... salió.
Potencialidades, debilidades, presiones...
Todos los atletas se presionan, es normal. Mi evento fuerte son
los 200 metros, soy mejor en el remate, me voy adaptando a la
competencia en la medida en que avanza. Débil... mi arrancada, quizá
sea reflejo de mi personalidad, pues soy dormilona, aunque no me
cuesta despertarme temprano para entrenar. Eso sí, trato de
aprovechar al máximo las cuatro horas de entrenamiento y en
competencia todo ese ser pausado se transforma.
¿La vida más allá de las pistas?
Mis estudios de psicología, terminé de cursar el tercer año de la
licenciatura, leer, en especial Don Quijote de la Mancha,
escuchar baladas y atender a mi familia que tanto me apoya, mi madre
Adys Elías, mi hermano Osmany Durand y mi novio desde hace cinco
años, el martillista Noleisis Bicet. Buena parte de los resultados
obtenidos hasta ahora se los debo a ellos y a Miriam, que ha sido
entrenadora, madre, amiga, hermana.
Para Omara Durand la vida continúa, desde ya, con la misma
precisión del Big Ben de Londres, cuenta los segundos que la separan
de su nueva cruzada paralímpica, en la cual estarán inmersos 4 200
deportistas de 166 países a partir del próximo día 29.
Los 24 antillanos establecieron su cuartel general desde el
pasado día 7 en Glasgow, Escocia. Allí Omara, de 1.70 metros de
estatura y 58 kilogramos de peso, ultima su preparación.
Si todo sale bien esperemos un registro similar o mejor a sus
11.99 en el hectómetro. En su camino solo aparece como rival de
cuidado la sudafricana Ilse Hayes (12.38 en 100 y discreto 26.35 en
200). Pero eso no es todo, Omara quiere más... su desquite total
pudiera llegar con la coronación en 200 y la vuelta al óvalo.
Contemos los segundos a la par de ella, la hora cero se acerca.