Si
bien se halla distribuida a lo largo de la red de comercialización
de Artex, su presencia concentrada en la feria veraniega Arte en La
Rampa permite visualizar en su conjunto y de manera integral el
alcance de la colección Arte en casa.
La idea, promovida por la división comercial Lauros (Artex) de
habilitar una línea de producciones asociadas a valores artísticos,
si bien no es novedosa, constituye el más abarcador y sistemático
esfuerzo de las industrias culturales cubanas por conciliar imagen y
uso doméstico.
La historia del arte, sobre todo a partir de la Revolución
Industrial, recoge numerosos ejemplos de inserción de proyectos
artísticos en producciones seriadas destinadas al hogar.
Pero
también, a medida que ha pasado el tiempo, se ha originado una
diferenciación especializada entre las artes aplicadas y las (mal)
llamadas Bellas Artes; diseñadores de un lado y del otro pintores.
En Cuba, con las condiciones favorables al desarrollo cultural,
han fraguado varios proyectos, unos con más larga vida y permanencia
que otros. No es posible olvidar cómo en los sesenta hubo latas de
galletas y dulces que estamparon sobre las tapas fragmentos de
cuadros de Amelia, Víctor Manuel y Portocarrero. Hoy día los
ejemplares sobrevivientes de esos envases son objeto de culto.
Había que ver luego al filo de los ochenta el entusiasmo con que
creadores de primera línea acogieron las ediciones de Telarte, las
cuales tuvieron su antecedente en la visita que realizaron los
participantes extranjeros del Salón de Mayo en 1967 a la textilera
de Ariguanabo, documentada por Lliliam Llanes en su recién publicada
monografía sobre aquel evento .
Obviamente, es obligatorio referirse al desarrollo de la cerámica
artística desde la medianía del siglo pasado, en la que
contribuyeron, destacados artistas de la isla. No hablo solamente de
las producciones de mero carácter ornamental, sino de vajillas
realizadas por importantes firmas en los talleres de la época,
comenzando por el de Santiago de las Vegas y prolongados en otros
enclaves de La Habana, la Isla de la Juventud y Varadero.
Lo que sucede con Arte en casa viene a ser la culminación
de esa necesaria y fecunda integración entre lo útil y lo bello a
escala inusitada, puesto que no solo se trata de juegos de vajilla,
sino de una amplia gama de utensilios domésticos; tazas, jarrones,
toallas, potes, bandejas, especieros, cortinas de baño, lámparas,
fosforeras, abanicos, manteles y paraguas, bajo un criterio de
diseño que permite establecer una identidad visual.
La presencia del arte cubano se promueve desde dos vertientes: la
de imágenes pertenecientes a obras maestras atesoradas por el Museo
Nacional de Bellas Artes y la que aportan creadores contemporáneos
en plena actividad.
Entre las más recientes líneas se hallan los jarrones de cerámica
—cuatro modelos con tres diseños por cada uno—, y la presencia en
ellos de las obras de artistas de varias generaciones y poéticas:
Andy Rivero, Yasbel Pérez, Mario Carreño, Ever Fonseca, Salvador
Corratgé, Ernesto García Peña, Ileana Mulet, Kelvin López, Roberto
González, Ronald Espinosa, Flora Fong, Esteban Machado, Alberto
Sautúa y Zaida del Río.
Al citar nombres, corro el riesgo del olvido, pero no resisto la
tentación de llamar la atención sobre el hecho de que una cortina de
baño despliegue una de las criaturas de Fabelo; de que alguien pueda
arroparse con una toalla estampada con la fauna poética de Bonachea,
de servir el café en una bandeja con las frutas de Mariano, de
prender el fuego con un mechero impregnado de una transparencia de
Servando, o de resguardarnos de la lluvia con un paraguas que exhibe
la gitana tropical de Víctor Manuel.
Son estos privilegios de la vista que alegran el corazón de
quienes se proponen tener a mano algo útil para la vida cotidiana.