Una
moderna estación para el registro de la resonancia Schumann, un tipo
de ondas electromagnéticas que influye sobre los procesos biológicos
en general, se encuentra en fase de montaje y puesta a punto en la
sede del Instituto de Geofísica y Astronomía (IGA), en la capital.
El ingeniero Pablo Sierra Figueredo, especialista de esa entidad
perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente,
explicó a Granma que la instalación obtendrá datos de suma
utilidad a la hora de estudiar los efectos de determinados fenómenos
del Sol en la salud humana, así como contribuirá a la posible
predicción de grandes sismos y cambios climáticos globales, entre
otras aplicaciones.
Lo anterior forma parte de un convenio de colaboración con el
Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de
México, dirigido a investigar las enfermedades neurológicas que
podrían estar asociadas a la llegada a la Tierra del flujo de
partículas de alta energía emitidas por el Astro Rey durante sus
ciclos de mayor actividad, factor causante de las denominadas
tormentas geomagnéticas.
Según manifestó el ingeniero Sierra, en el transcurso de la
última década del pasado siglo, el IGA ejecutó un proyecto
científico en estrecha colaboración con el Ministerio de Salud
Pública, para evaluar la frecuencia de morbilidad por infarto agudo
del miocardio y su vínculo con tales eventos.
Los resultados mostraron que la proporción de casos con el
diagnóstico confirmado de infarto, resultó más alta el día después
de ocurrir el momento pico de la perturbación geomagnética en el
grupo de personas mayores de 65 años. La curva de morbilidad volvió
a estabilizarse luego de pasar 72 horas.
En opinión del especialista, todavía la ciencia no tiene un
argumento definitivo acerca de los mecanismos implicados en el
incremento de las enfermedades mencionadas, cuando hay episodios de
actividad solar significativa, de ahí la importancia de proseguir
con las investigaciones.
Finalmente aclaró que la publicitada aparición de una aparente
grieta en el Sol no representa motivo alguno para alarmarse, pues se
trata en realidad de formaciones gaseosas estructuradas a partir de
los intensos campos magnéticos existentes allí, fenómeno que debido
a la creciente aplicación de instrumentos cada vez más avanzados de
observación pudo apreciarse ahora por primera vez, pero debió
ocurrir también en el pasado.